Eduardo viii o el arte del discomfort

Ayer me levanté temprano y me fui a lavar la ropa al wash coin laundry. Cosa que cada vez detesto más y trato de posponer lo más que puedo. Ya no quedaba materialmente una prenda limpia en esta casa, así que no me quedo de otra más que ir. Lo curioso del caso es que una vez ahí, ya no me parece tan desagradable. La cosa es teletransportarse, como dice Verónica.
En lo que se completaba el ciclo de lavado y comenzaba el de secado, tomé un Vanidades del 2003 y comencé a leer.
Era un artículo breve sobre las cartas de amor del que después sería Eduardo VIII. Comentaba el artículo que el entonces príncipe estaba lost in love with some woman -I don’t remember her name- and when traveling around the world and receiving highest honors in far and beautifull countries and places, all he did was think of her.
Later in his life he would marry another woman.

Lo que me llamó la atención es que siendo Príncipe, con lana, con honores, con viajes maravillosos donde le trataban con los más altos honores, Eduardo escribía a su amada con quejas, quejas y más quejas. Sólo quería estar con ella y ya no soportaba tanto protocolo.
Es decir, “the grass of the house next door is always greener”
Happend to Edward, happens to me.

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