Experiencias en el Confesionario

El título es rigurosamente apegado a lo que voy a escribir. Voy a contar de una vez que me confesé y lo que pasó después.

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Hace algunos años yo (Lucía), pertenecía al Movimiento apostólico de los Legionarios que se llama Regnum Christi. En dicho movimiento te impulsaban mucho a confesarte con frecuencia ya que trae muchas cosas buenas para el alma y para uno como persona.

Ellos mismos te apoyan con guías para confesarse o mediante pláticas con tu director espiritual, que también al ser parte del Movimiento te daban ese recurso. Pero en esta ocasión en particular de la que estoy comentando, me basé en un examen de conciencia que encontré en internet.

El internet tiene suficiente basura y mucha porquería, sin embargo también se pueden encontrar muchísimas cosas valiosas y esta fue una de ellas.

El examen de conciencia que encontré era de varias páginas, y con pluma en mano revisé pregunta por pregunta, y fui contestando.

El resultado fue que escribí un documento de varias páginas con todas mis faltas, errores y pecados a la fecha, siempre en base al cuestionario de aquella página de internet.

Con mis hojas me fui a la Iglesia de Itzimná y después de la misa, el sacerdote quien era el excelente P. Joaquín, se metió al confesionario.

Hice mi cola y con mis hojas me hinqué en el reclinatorio del confesionario.

“Ave María Purísima” dijo el P. Joaquín. “Sin pecado concebida” le contesté. Y zaz que me lanzo a leer todas las páginas que traía. Eran como seis u ocho páginas llenas de confesiones.

Confesiones chicas, grandes, medianas. De todo. Blancas, negras y todos los tonos de grises en medio. 

Después de leer todo eso, que me llevó un buen rato, le dije “eso es todo”.

Y me callé esperando a ver qué me decía el Padre, qué penitencia.me pondría.

El Padre lo que hizo fue salirse del confesionario y encararme. Se paró frente a mi y me dijo “quería verte la cara”

El Padre explicó el porqué de su conducta: “Hace mucho tiempo, que no escuchaba una verdadera confesión como la que acabas de hacer. Quería verte la cara, verte como eres”

Se volvió a meter en la casita (el confesionario) y me dictó la penitencia.

Y ya, Eso fue todo. Nunca olvidaré esa confesión.

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