¡Qué bueno que no soy rica!

Hoy al medio día, por ahí de las tres de la tarde, llevé a mis hijos a una tienda que se encuentra en la colonia México, contra-esquina del restaurante “la Carreta”. En este lugar, venden aviones para armar, de todo tipo y de todos precios, entre otras curiosidades.

Entraron ellos a la tienda y me quedé afuera esperando. Se acerca a la ventana de mi vehículo un viejito que venía cargando dos cubetas, y una especie de morral hecho de algo parecido a la rafia. En las cubetas traía panes, buñuelos, otros dulces, no me fijé mucho en cuales. Me dice, “traigo de Muna estos panes para vender, señito, no me compra uno?

“Claro que sí”, le dije, “me da un pan de elote por favor. ¿Cuánto es?” “$22.00 pesos” Se los pagué, me dio mi pan y se alejó, cargando sus cubetas y su saco de rafia.

El mismo pan, muerto de risa, hubiera costado, qué sera… ¿$80? ¿$100? en cualquier panadería. Me dio mucha tristeza ver que el pobre viejito mal vende su trabajo. Los 22 pesos que pagué por el pan, no le van a alcanzar ni para su pasaje a Muna. A veces, parece que estos artesanos no saben sacar sus cuentas, piensan que si le ponen un precio justo, que cubra los gastos y contemple una ganancia, nadie se los va a comprar.

Simultáneamente a la tristeza que me provocó, todo el asunto, sentí gran alivio porque yo no estoy tan desfasada del viejito panadero que viene de Muna. Yo también trabajo mucho, vivimos tranquilos, sin excesos, cuidamos el dinero, tratamos de ahorrar para los días difíciles, y no nos interesan tanto las cosas materiales. (ojo: dije “tanto”).

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Tengo amigos y algunos parientes que tienen, ellos sí, mucho dinero. Cada quien sabe lo que hace con su dinero, y yo, viéndolo desde afuera, puedo apreciar que algunos son muy generosos con lo que tienen; algunos otros de plano están dedicados al servicio de los más pobres y enfermos; pero algunos otros, solamente piensan en sí mismos y lo que aportan para los que están en desventaja es muy poquito comparado con lo que invierten en sí mismos.

Claro que, esta es una apreciación desde fuera, y muy posiblemente estoy muy equivocada y ellos son los que más aportan a los necesitados; y además con el “plus” del secreto, la discrección, que lo hace más valioso aún.

Estoy segura de que así es.

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