El terror al que te corta el pelo

hair-cutLe tengo terror a la persona que me corta el pelo, quien es propietario del salón donde me ponen el tinte. Es una lástima, porque trabaja bien, sin embargo, es tanto mi miedo, que como dijo Pedro Infante: no volveré.

Hace muchísimos pero muchísimos años que me pinto el pelo para cubrirme las canas. Comencé a tener canas muy joven, antes de los veinte años. Necesito cubrírmelas una vez cada tres semanas cuanto más tarde, ya que el cabello me crece rapidísimo.

Había encontrado un salón que me agrada mucho. Su propietario se llama F y el salón está en Circuito Colonias. Cumple con mis condiciones, las cuales son: puedo llegar sin cita y me atienden. No es muy caro. Eso es todo lo que pido. No soy exigente.

He asistido al salón de F por lo menos dos o tres años. Tiene un detalle, que solamente acepta efectivo. Por falta de liquidez, hace cosa de un mes me vi “obligada” a ir a otro salón, que acepta tarjeta, y está en la colonia México. Es un salón mucho más caro, en el cual nunca hay nadie, y en cambio hay muchísimas personas esperando a que llegue alguien para atenderlo.

cortecorteLa señorita que me atendió me trató como reina y aprovechó para hablar pestes del salón de F. Que si usan tintes baratos, que si mi pelo está de veinte colores distintos -todos dentro de la familia del café cucaracha- que si no saben aplicar el tinte, que si el manicure está mal hecho, en fin. Le habrán zumbado los oídos al pobre de F y sus empleadas.

Amén de eso, en este salón me sentí muy contenta y volví una segunda vez. Es más caro, definitivamente, por eso es un salón más grande con más personas y mejor servicio.

Pero… llegó el momento en el que extrañé a F, y ese día fue hoy. Quería ir al salón a un asuntito rápido, y no quería pagar las cantidades del salón más caro. Pero. Moría de miedo de ir con F. Saben, una nunca debe traicionar al que le corta el pelo. Suelen ser vengativos y rencorosos. Una traición, no la olvidan tan fácil.

tijerasPensé en mentir. El se iba a dar cuenta de que alguien más me había pintado el pelo. Toda una puñalada por la espalda. Pensé “voy a mentir, voy a decir que en Cancún me pintaron el pelo” Pero no pude. No me gusta mentir y soy malísima, de tal forma que se nota muchísimo.

No me arriesgué. Me fui a otro, tercer salón, al cual acostumbraba ir pero dejé de hacerlo porque siempre estaban ocupadas y si llegaba sin avisar, no me atendían. Las mandé a la goma y encontré a F. Y ahora, no podía volver con F. Le tengo miedo. Lo traicioné y eso se paga caro…

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