Cuando le caes mal a quien te cae bien

Hay una gran verdad que dice que “no somos monedita de oro, para caerle bien a todos”. Ni todos nos caen bien, ni nosotros le caemos bien a todos. Puede ser por algún resentimiento, algún problema no resuelto, algo que cargo del pasado, o puede ser simple y sencillamente porque no “enchufamos”. Las personas que hablan del campo cuántico nos explican que uno está en una frecuencia y el otro está en otra frecuencia y que por eso nomás no jalan ni se ponen de acuerdo.

coinHay personas a las cuales no les caigo bien y no me molesta. Ellos con su rollo y yo con el mio. Cada quien su vida y Dios en la de todos. Hay personas que sí les caigo bien, estas son las más inteligentes y seguramente son triunfadores y millonarios.

Y hay un par de personas en esta vida, que yo aprecio mucho, incluso les tengo cariño, y ellos a mi, no me tragan. Una de estas personas la “veo” cada cierto tiempo en el Facebook.

Eramos muy amigas en un período de nuestras vidas. Y luego nos separamos, de manera “natural” ya que ella vive en una ciudad distinta a donde yo vivo. De tiempo en tiempo he sabido que ella tiene un matrimonio estable, una cantidad de hijos lindos, un buen empleo, etc. Me he enterado a través de otras personas. Directamente, ella y yo, ni una palabra.

Me da tristeza cuando veo sus publicaciones en facebook. También me da mucho gusto que se ve joven y guapa, y me da tristeza lo inevitable. Esta relación nunca podrá recuperarse, ya que ella no me traga. Y que conste que no me estoy tirando al tapete para que me levanten, para nada. Estoy pisando mi realidad y admitiendo que “no soy monedita de oro para caerle bien a todos”

En el pasado cuando platicábamos ella se “enganchaba” conmigo. Ella se enojaba con mis decisiones. Ella pensaba que eran erróneas y se molestaba mucho. Yo no le hacía ningún caso y seguía haciendo lo mío. Muchas veces no eran propiamente “decisiones” mías sino acciones que yo hacía sin pensar ni dos segundos. Las consecuencias de mis actos eran malas o buenas, eso no importa, la cosa es que ella se sentía afectada por mi impulsividad.

Eso acabó alejándola. Ella solita se alejó porque no podía con la ansiedad que le causaban mis acciones. Se sintió mejor lejos de mi, y ¿saben qué? yo hubiera hecho exactamente lo mismo. Lo he hecho. Cuando no puedo con las acciones de otra persona, que me parece que se está lastimando a sí mismo, y que yo encuentro doloroso su comportamiento, mejor me alejo.

engancheLa conclusión es que sería mucho mejor no “comprar” los problemas de la otra persona. Dejarlo que fluya. No nos corresponde y nada podemos hacer cuando la otra persona insiste en tomar ciertas decisiones. Es un “allá ella con su vida” dicho con la mejor buena onda y el mayor de los cariños.

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