Pablo Rapa-Nui

Cuando yo estaba chava, adolescente, una razón suficiente para no salir con mis amigas era “mi papá no quiere”.

Le preguntaba a mi papá #pájaro: “Papá, puedo salir con mis amigas” y muchas veces, muchas veces, la respuesta de #pájaro era “no, no quiero que salgas. Quiero que te quedes aquí (en la casa)”

Yo, me encogía de hombros y ni modo, otro día será. Nunca sentí que era motivo para cortarse las venas porque siempre me ha gustado estar sola y siempre me he entretenido escuchando música, leyendo o escribiendo mis tonterías.

Fluida y Eléctrica mis hermanas, se casaron y se fueron de la casa muy jóvenes, Fluida tenía 19 y Eléctrica 21. Mi hermano Rafael también se fue muy joven a EUA. Yo tenía 12 años y en la casa de cuatro hermanos, solamente quedaba yo. Tal vez  por eso, #pájaro no estaba proclive a dejarme salir. Tal vez pensaba “se van demasiado pronto, mejor aprovecho ahora que puedo”

El sábado pasado mi hijo Pablo viene y me dice “¡mamá! ¿puedo ir al cine con Fulanito? vamos a ver Cars a la Plaza Altabrisa” La respuesta fue NO, y boba de mi, comencé a darle razones:

“No hijo, no tengo dinero hijo tuve que hacer unos pagos” “¡Yo tengo!” me dice Pablo y procede a darme una explicación de cómo vendió una de esas cositas que se conforman de tres círculos y que usan para girar entre los dedos y por lo tanto, cuenta con 300 pesos.

“No, hijo, de todas formas, aunque tengas dinero, hoy ya dí muchas vueltas en coche y estoy cansada, además hay una ropa que tengo que lavar, no puedo llevarte” rápidamente, Pablo tenía la respuesta a la mano “¡Me voy en UBER!”

Esto me hizo reír. “Tú no te vas en UBER a ningún lado” “¿porqué?” “Porque estás muy chico y puede ser peligroso” “Fulanito de tal, ¡¡su mamá lo deja ir en UBER!!” “Me vale gorro, Fulanito no es mi problema, ¡¡mi problema en este minuto eres tú!!”

En ese momento, la discusión se ponía más acalorada. Me encontré a mi misma dándole explicaciones a mi hijo de 14 años acerca de mis desiciones! Y me acordé, como un rayo de luz, del #pájaro diciéndome: “no puedes ir, no quiero que vayas, quiero que te quedes en tu casa”

Así que le dije: “Pablo, no puedes, no quiero que vayas, quiero que te quedes en la casa”

Pablo estaba lleno de asombro. No podía entender que no necesito razones. “No quiero” es una razón más que suficiente, y lo seguirá siendo, mientras dependa de mi y de su papá, financiera, emocional y físicamente. Así está organizado este mundo y yo no voy a cambiarlo.

Lo único que pudo hacer Pablo, toda la tarde, es poner una cara de tres metros de largo por dos de ancho, que las cabezas gigantes de la isla de Rapa Nui, se quedan imbéciles a su lado.

Asimismo, nos hizo partícipes de su aburrimiento y en marcado contraste, lo divertido que estaban los otros niños, varias veces durante la tarde, a lo  cual nosotros, el papá y yo, lo ignoramos olímpicamente.

Así es la vida…

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