Cosas que me costaron un huevo (de Fabergé)

Uno de mis antepasados se llamaba Ramón Arias y era muy buen amigo del último Zar de Rusia, Nicolás Romanov o Nicolás II de Rusia.

El Zar le regaló a mi antepasado un huevo de Fabergé. En una ocasión vino a Mérida a visitarlo, y mientras se tomaban unos helados en la sorbetería “Colón”, ya que el pobre Zar se moría de calor, le dijo a mi bisabuelo: “друг Ramón, я представляю один из моих самых заветных яйца, так что вы меня помните. Позаботьтесь о нем много. Мои яйца являются бесценными, и это не является исключением”

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Quiso el destino que yo heredara el huevo. Aquí está:

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Tristemente, el huevo, lo perdí. Sucede que en mi vida he tenido que aprender algunas enseñanzas que la misma vida se ha empeñado en darme, y cada uno de estos aprendizajes me ha costado  mi precioso huevo (de Fabergé) Si yo hubiera sido más dócil, menos necia, estas cosas las hubiera aprendido sin sufrir la pérdida de mi valioso huevo.

Cosas que me costaron un huevo (de Fabergé) aprender:

  1. Todas las veces que he sentido miedo, he sido una tontolina. Muchas veces he sentido miedo al futuro, al qué dirán, a las consecuencias o represalias, a lo que las otras personas me harán o hablarán de mi. He sentido miedo a la pobreza, miedo al fracaso y al rechazo. Todas esas veces he sido una tontita, ya que el miedo es falta de fe. Lo único que necesito es tener fe. Y Dios, que me ama, no permitirá que esos miedos se lleguen a cristalizar. Esta es una verdad como el sol que nace por la mañana. Quien tiene fe, no tiene miedo. Me costó mi huevo de Fabergé aprenderlo, pero, lo he aprendido, e intentado poner en práctica, un día a la vez.
  2. Cuando hay una persona que te cae mal es porque tú tienes eso que te cae mal de la otra persona. Por ejemplo yo tuve la desfortuna de convivir tres años con un personaje originario de un país que no es el nuestro. Este hombre era metódico (como yo) perfeccionista (como yo) y tenía un fuerte sentimiento de victimización (como yo en aquel entonces) Resultado: no lo soportaba y tampoco él a mi. Gracias a Dios ya no lo veo, y Gracias a Dios me di cuenta de esto que les estoy diciendo. Eso  me sirvió para aprender una valiosa lección, de que ser metódica, perfeccionista y pensar que todo el mundo me quiere chingar son equivocaciones y debo de pedirle a Dios que me remueva esos defectos de carácter-
  3. Me toca a mi remover mis defectos/pecados. Negativo. Esto no me toca a mi. Le toca a Dios retirármelos. A mi lo que me toca es pedirle a Dios que  me los quite, desear con toda mi alma ya no tener esa ira esos celos esa conmiseración ese coraje ese resentimiento ese miedo, pedirle a Dios que me remueva esos defectos de carácter y me toca a mi ser vigilante si alguno de ellos quiere asomarse, estar lista para pedir a Dios que me aleje de la tentación o que me aleje de la persona que me está haciendo perder la serenidad.

Gracias a Dios ya he aprendido estas lecciones y no crean hay veces que todavía practico estas actitudes algo necias y completamente innecesarias. Haberlas aprendido valió la pena aunque ya no tengo el huevo conmigo. Definitivamente ha valido la pena.

Como dijo el Zar a mi bisabuelo: “Имеют ли волю Божью стоит потерять все свои яйца в мире (даже Faberge)”

2 comentarios sobre “Cosas que me costaron un huevo (de Fabergé)

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