El galán que ni caso me hizo

En los noventas, por ahí del 95, yo me moría por un muchacho que nunca me hizo el menor caso. No vamos a dar nombres. Digamos que su nombre empieza con O, así que le llamaremos “O”.

“O” era guapísimo. (Es, no se ha muerto) Si le preguntan a mis amigas, hay diferencias de opinión. Ellas no lo veían tan guapo. Están locas. En los años 90, era guapísimo. Cuando se acercó a sacarme a bailar aquella noche en Tequila Beach, quedé tan asombrada, que volteé la cabeza para ver atrás de mi, pensando que había alguien y que a ella invitaban al bailongo.

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Hice todo lo posible para que “O” me hiciera caso. Nunca me hizo el menor caso. Entre las estrategias todas inútiles que apliqué se mencionan:

  • Pasar veinte veces en coche por su casa
  • Usar faldas muy cortas (estaban de moda)
  • Rezar muchas novenas -ya no recuerdo cuantas- a un santo que me dijeron era muy milagroso: San Chárbel
  • Rezar cientos de Rosarios e incluso coronas
  • Peregrinaciones a Izamal

Yo le prometía a Dios NS: Diosito… si me concedes ésta… haré lo que quieras… por favor Dios mio… me portaré bien… seré buena… haré apostolado… daré limosna…

NADA, el estimable “O” jamás que nunca me hizo el más mínimo caso.

GRACIAS A DIOS que no lo hizo. El buen “O” resultó ser un malísimo marido. Se casó con una chica muy guapa y buena, le puso los cuernos veinte veces, después tuvo otra mujer “fija”, acabó divorciándose y dicen por ahí que es metodista. (“metodista” no tiene nada que ver con ninguna organización religiosa)

Si Lucía de 2017 pudiera haber ido con Lucía de 1995 le hubiera dicho: “Lucía… de nada te sirven las faldas tan cortas… no sabes lo que te estás ahorrando… años de infelicidad y llanto… Lucía… CONFíA EN LA VOLUNTAD DE DIOS!”

Si me detengo a pensar, todas las cosas buenas y lindas y lo más preciado que tengo, todo es regalo de Dios, gratuito. No tuve ni que trabajar ni que esforzarme ni que rezar novenas y rosarios para recibirlo. Todos esos regalos son y han sido la VOLUNTAD DE DIOS. Opino que la oración, en realidad, debe ser un “estoy aquí a tus órdenes” más que una solicitud de cosas.

Hoy por hoy cuando se me ocurre que quiero algo con toda mi alma y empieza  mi mente (“la loca de la casa” que decía Santa Teresa) a fabricar estrategias e inventar caminos para conseguirlo, lo que hago es decir: Hágase tu Voluntad, y no la mía.

Lo que hago es rezar la oración que sigue, y seguimos tan contentos con nuestra vida.

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