Si ya sé el “secreto”… para qué me hago “bolas”

En 1993 eran tiempos turbulentos en nuestro México… el 1 de enero, nos despertamos medio crudos o bien crudos con la noticia de que en Chiapas unos hombres con “calcetines en la cabeza” como después diría Jefe Diego, habíanse sublevado en contra del gobierno del Lic. Carlos Salinas de Gortari.

camacho_salinas_colosio.jpgSalinas había designado como candidato del PRI a la presidencia al Lic. Luis Colosio Murrieta. Lástima que Manuel Camacho Solís, Secretario de Relaciones Exteriores, no estaba de acuerdo y no había manifestado su apoyo a Colosio. Aunado a esto, Camacho Solís es enviado a Chiapas como “comisionado para la paz” sin goce de sueldo, movida que le generó un enorme capital político, al mismo tiempo que la campaña de Colosio parecía no levantarse nunca. Había confusión en el panorama de esos días… ¿quién es el bueno? ¿Colosio? ¿Camacho? ¿A quien debemos besar su mano y cantarle loas? (decían los que acostumbraban a besar manos y cantar alabanzas)

NO SE HAGAN BOLAS dijo Salinas… Colosio es “el bueno”.

No fue “bueno” mucho tiempo más, ya que en marzo moriría asesinado por un muchacho de apellido Aburto que, como sabemos, actúo completamente solo.

Traigo ese hecho pasado, al presente, a los primeros días de enero de 2018, porque observo que hay mucha gente a mi alrededor haciéndose “bolas” con su vida. En cambio es tan sencillo entender lo siguiente:

  1. Aquí estamos, en esta vida, para hacer la Voluntad de Dios
  2. Para seguir la Voluntad de Dios debemos crecer espiritualmente, ponernos en una situación / posición tal, que Dios nos permita que sigamos su Voluntad
  3. Para lograr ese estado de madurez espiritual, se debe hacer lo siguiente: dar amor, dar servicio, al prójimo, y combatir nuestro ego o defectos de carácter.

De cada uno de esos tres puntitos se han escrito toneladas de material, y yo misma podría extenderme horas de horas en este mi blog. Lo haré, ciertamente, en un futuro. Mientras tanto, ahora comentaré acerca de lo siguiente: la Voluntad de Dios se hará querramos o no.

Hay personas –muchas, yo también– que en un cierto punto de nuestras vidas queremos algo en particular: quiero casarme. quiero tener hijos. quiero tener mucho dinero. quiero viajar. quiero que fulanita o fulanito se vayan a chingar a su madre. quiero que ganen los pumas. quiero que gane el PRI o el PAN. quiero que esa chica guapa me haga caso. quiero que ella sea mi amiga. quiero ser el jefe. En fin. You get the idea.

En todas esos “quiero que…” en alguno de ellos, ¿nos paramos pensar, por un minuto, si esa es la Voluntad de Dios? Si eres como yo, seguramente que no, no piensas si Dios quiere eso que tú quieres. Si eres como yo, pensarás: “yo me he portado muy bien, he sido buena persona, cumplo con mis obligaciones, pago impuestos, ¡¡merezco obtener esto que quiero!!” O también podrías pensar algo como “no le hago daño a nadie con esto que quiero” o algo como: “todo el mundo tiene esto que quiero, ¿porqué yo iba a ser la excepción?” Again, you get the idea.

Por alguna razón que no nos toca entender (esto es muy importante: no nos toca entenderla) puede ser que eso que tanto queremos, por más bueno y puro que sea, por más que todo el mundo lo tenga, por más buena/o que yo haya sido, puede ser, simple y sencillamente, que no sea para nosotros. Dios no lo quiere para nosotros. ¿Porqué? Sepa la bola, simplemente así es, y punto.

Image result for egoEntonces viene nuestro EGO, nuestro lindo ego a decirnos: “no te dejes. tu MERECES esto que quieres. Tienes que luchar por recibirlo. Tienes que trabajar duro por eso. ¡No te dejes! Si te dejas, eres un “looser” un perdedor. Mira los demás, ¡¡qué felices son!! ellos tienen eso que tú quieres… no te dejes, insiste, lucha, pelea, ¡¡no te dejes!!

Y ahí vamos nosotros, hacerle caso a nuestro ego, a empezar una batalla que está perdida de inicio, la batalla para que se haga MI voluntad y NO la Voluntad de Dios. Supongamos que lo consigas, supón que efectivamente consigues eso que tango quieres. Por ejemplo casarte o tener hijos. Luchas mucho, pasas por una serie de momentos difíciles y muy dolorosos y lo logras, finalmente, lo logras. Viene entonces el sufrimiento. Viene el fracaso, el dolor, el resultado de haber hecho lo que no es la Voluntad de Dios, sino la propia inmadura e infantil voluntad de uno mismo que no somos nada en este Universo. ¿Qué somos? ¡NADA! solo venimos a hacer la Voluntad de Dios y si no lo hacemos no somos nada.

Sugiero ahorrarnos mucho sufrimiento mucho dolor y mucho trabajo, y desde el minuto que tengamos uso de razón y que ya no seamos unos adolescentes, nos dediquemos exclusiva y únicamente, a seguir la Voluntad de Dios. Tán Tán.

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