La Loca de la Casa

La loca de la casa es un término que utilizaba Santa Teresa para referirse a su imaginación, que se empañaba en interrumpirla cuando ella estaba en profunda oración.

La frase es la mejor descripción que he leído acerca de mis pensamientos. Me han molestado mucho toda mi vida y no me han servido para nada. Ya bien cumplidos los cuarenta años me vino a caer el veinte de que los pensamientos solamente causan ansiedad e inquietud y no nos traen nada bueno.

Me refiero a lo siguiente: digamos por ejemplo que estoy en mi vehículo y estoy manejando del punto A al punto B. En mi mente se producen una serie de pensamientos: “…mis hijos …mi trabajo…  mi familia (las tres: de origen, nuclear y política)… los precios… mis actividades… mi salud… la salud de los otros…” y muchísimos temas más, muchísimos pensamientos más, todos inútiles.

Gracias a Dios, descubrí que esos pensamientos no sirven para nada. Yo antes pensaba que me ayudaban a resolver algún problema o situación que me estuviera preocupando. Luego también caí en la cuenta que la misma acción de preocuparse no sirve para puta madre. (perdón por la palabrota)

Ahora lo que hago es intentar mantener en silencio mi mente el mayor tiempo posible. Es sumamente difícil. Lograr que la mente se mantenga en silencio es … pues eso, muy díficil de lograr.

Cuando busco la solución a algún problema de los que siempre hay, mejor mantengo mi mente callada. Así, de repente, como de la nada, aparecen las soluciones. (las manda Dios) Para que podamos escuchar a Dios, tenemos que tener una mente silenciosa. Los pensamientos son generados por el ego, que como siempre, solamente busca hacernos sufrir.

Es cuando mi mente ha estado callada que me he sentido mejor, no solamente en términos de tranquilidad y paz interior, sino también de salud, aprovechamiento del tiempo, solución de problemas, respuesta a dudas y a la acción que debo tomar o dejar de tomar con respecto a lo que me está tocando vivir en ese momento. Al contrario, el desfile incesante de pensamientos discurriendo por mi cabeza, no solamente no sirve de nada sino que además, me quita muchísima energía. Genera toda la ansiedad del mundo. Generan incluso, otros problemas, inventados y que solamente existen en mi mente, no en la realidad.

He podido identificar, más o menos, los momentos en los que mi mente comienza con sus cosas. Son: cuando voy en mi coche manejando, sobre todo en carretera; y cuando salgo a caminar, los primeros kilómetros, la “loca de la casa” me ataca sin piedad. Para los episodios en coche, gracias a Dios, caí en la cuenta que si me pongo a pedir por las demás personas, la loca se calla. Entonces si pasas junto a mi mientras estoy manejando, seguramente estoy hablando “sola”, no es que esté hablando sola, estoy pidiendo a Dios por los problemas de las personas que conozco y las que no conozco.

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Escuchar música con atención, fijarme con mucho detenimiento en lo que me rodea, escribir, también me ayudan a mantener a la loca en silencio. La mujer está decidida a molestarme a que yo le haga caso a que me sienta con miedo y preocupaciones. Con el favor de Dios yo no debo de permitir que se sienta viva (la loca de la casa) pues cada vez que ella se siente así, yo me siento dolida, o preocupada, o temerosa, o cansada, y nada de eso es Voluntad de Dios.

Santa Teresa decía de su imaginación “El postrer remedio que he hallado, a cabo de haberme fatigado hartos años…, es que no se haga caso de ella más que de un loco, sino dejarla con su tema”

Santa Teresa tenía toda la razón.

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