El mundo sin problemas

No existe el mundo sin problemas. Con esta frase puedo terminar mi escrito y seguir lo que estaba haciendo (leyendo un entretenido libro sobre los Kennedy que se llama “Gracia y Poder”), más sin embargo me siento en la necesidad de elaborar mi punto.

Me gustaría saber si hay más personas, que como yo, consideran un ideal y hasta una obligación vivir una vida sin problemas. Esto puede deberse, en mi caso, a que yo pasé muchos años desde que nací hasta más o menos los 15 años, sin problemas. La escuela no me costaba trabajo, y al llegar a mi casa había comida y ropa y techo, había doctores cuando me enfermaba así como medicinas. Los niños no necesitan ni exigen más cosas para estar tranquilos para ser felices. Somos nosotros los adultos quienes les metemos esas ideas en la cabeza. Pero ese, es otro tema.

Después de muchos años sin prácticamente ningún inconveniente, más o menos a los 15 años se me presenta un pequeño problema, este es, que me gustaba un niño y que este niño no me hacía el menor caso. Esta situación se repitió durante muchas ocasiones más con otros muchachos, y siempre era la misma historia, el muchacho “X” me gustaba y él no hacía otra cosa que ignorarme. Esto me hacía sufrir porque no había nada que pudiera yo hacer para remediarlo (o lo que hacía no servía de nada) y este fue mi único problema durante muchos otros años más, digamos hasta que me casé, a los 29 años, con el único que sí me hizo caso y gracias al cual pude formar una familia.

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Comencé a ver de qué lado masca la iguana o a entender lo que es amar a Dios en tierra de indios o cualquier frase hecha similar, cuando nacieron mis hijos, primero Andrés y después Pablo. A partir de ahí (32 años exactamente) y a la fecha, que voy a cumplir 49 en cualquier momento, la vida, mi vida ha sido una serie de problemáticas para solucionar, a veces se incrementan a veces disminuyen pero nunca desaparecen. Tienen que ver con todo lo imaginable desde la generación de dinero hasta gastos que se tienen que hacer, hasta la tristeza de mis hijos por … sus problemas…  pasando por vestimenta, enfermedades (GRACIAS A DIOS NADA GRAVE, lo de “gracias a Dios” subrayado en negritas un millón de veces), saber cuándo dar permisos y cuando negarlos, cosas que se echan a perder en la casa, situaciones que tengo que resolver en el trabajo, fiestas que organiza mi vecino hasta las 3 de la mañana, lluvia que cae encima de la ropa tendida en el patio, personas que ganan la presidencia de la república y se rodean de ratas inmundas y corruptas para combatir la misma corrupción, presidentes de países vecinos que casualmente es el más poderoso del mundo y hacen cambios al tratado comercial más importante del país, aumentos en los precios de la gasolina y de casi todo lo que compra uno, viajes del marido, refrigeradores que se echan a perder, documentos que tiene uno que tramitar, cabello que debe de teñirse para que no se vean las canas, buscar tiempo debajo de las piedras para hacer algo de ejercicio por mandato del ginecólogo y por simple sentido común, y un largo, larguísimo etc.

En resumen lo que quiero decir con estos párrafos es que, desde mi punto de vista, es un error añorar y mirar con deseo a esos años (que fueron bastantes) en los cuales estuve casi sin problemas… me sucedió, cuando llegué a mi casa el viernes para descubrir que los cajones de las verduras del refrigerador se habían roto y que debido a eso la puerta no cierra bien; sentí un fastidio, un cansancio que aunado al de toda la semana, me hizo suspirar para que volvieran esos años en los que mi único problema era que Javier no me hacía caso.

Gracias a Dios puedo entender que eso es una tontería, ni Javier me va hacer ningún caso (lo cual celebro porque entiendo que está bastante neuras el pobre y además porque aprecio mucho a mi propio esposo), ni tampoco se va acabar el mundo por el refrigerador que se echa a perder. Hay tanta gente con problemas de verdad serios y pesados, hay gente que no tiene ni siquiera un poco de seguridad porque vive en países con guerra o porque vive en ciudades conflictivas; personas que no tienen salud aunque tienen dinero; en fin, quien soy yo para añorar un mundo sin problemas.

Bienvenidos los problemas ya que con el favor de Dios todo tiene solución. Por algo los manda el mismo Dios, ¿no es así?

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