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La novia ilusionada

Erase una vez un señor que se llamaba Eduardo y todos le decíamos “Huayo”. De hecho yo le decía “tío Huayo” por esa costumbre tan yucateca de decirles “tíos” a todos los adultos que te encuentras en el camino mientras vas creciendo.

Cuenta la anécdota que un día el tío Huayo fue a una boda y que la novia, primorosa vestida de blanco con su ramo de flores y llena de ilusiones, se le acercó y dijo: “Don Huayo ¡qué felicidad! ¿Cómo ve usted? ¿Me va a ir bien?” y tío Huayo le dijo “claro que no, linda, a nadie nos va bien, ¿tú porqué vas a ser la excepción?”

Ahorita que estoy estudiando filosofía, me tocó exponer acerca de “las cuatro nobles verdades” del budismo. Estas dicen (extra simplificado) … 1. La vida es sufrimiento debido a que siempre estamos deseando o ambicionando o anhelando algo…  2. este estado de “desear” algo y por lo tanto de sufrir, parece ser constante … 3. hay una forma de finalizar este ciclo …  4. la forma de romper este ciclo de sufrimiento es siguiendo el “noble camino óctuple”

Según las enseñanzas del Buda, si estás sufriendo es porque hay algo que deseas. En esta vida moderna, cada vez con más frecuencia proviene del deseo de algo material, pero también puede ser salud, o lograr algún objetivo, perdonar alguna ofensa, descansar, algo está en nuestra lista de deseos y mientras lo obtenemos, sufrimos, y cuando lo obtenemos, comienza el deseo de otra cosa, así que el sufrimiento continúa.

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Tal vez no era el momento ni el lugar, pero el tío Huayo, tenía toda la razón del mundo.  La vida es difícil, problemática, todos nos toca nuestra cucharada de sufrimiento diaria o semanal, o de varias veces al día o de muchas semanas enteras.

Lo que el Buda decía, que el sufrimiento se acabará cuando renuncies a los apegos, cuando permites que todo pase, hasta la ciruela pasa. Es una sugerencia que puede servirnos, cuando nos encontramos sufriendo, mejor dejarlo pasar, mejor ponerlo en manos de Dios y dejarle a él la chamba de arreglarlo.

Luego entonces, para este 2019 que hoy comienza, mis deseos son … que fluya. No apegarse, no aferrarse.

Mis deseos son, qué todo pase. ¡Hasta la ciruela!

Facebook y la verdad

Facebook tiene una herramienta divertida, que te permite ver lo que publicaste este día desde que comenzaste a utilizar la red social.

Cómo ya he dicho antes, yo fui una de las primeras personas en usar Facebook por invitación de Mark Zuckenberg y Eduardo Saverin, buenos amigos míos con los que he perdido contacto porque ellos tienen mucho dinero y yo prefiero no llevarme con gente que tiene mucho más dinero que yo.

Los recuerdos que Facebook me presenta mediante esta herramienta, alcanzan al 2010. Son ocho años, casi nueve años, de recuerdos. No es poca cosa. Me asombra lo sincera abierta honesta y transparente que era en esos entonces. Cuando lo leo hoy, fines del 2018, me digo “way que sincera”. Sin embargo, en esos entonces, los que me seguían en Facebook eran contadas personas, que eran amigos de verdad, en la vida real. Como dicen “in the flesh”.

Hoy por hoy tengo muchísimos amigos de facebook que no tengo el gusto de conocer personalmente. En este año, cayeron las solicitudes de amistad por oleadas. A casi todas dije que sí, excepto a las que tenían un tinte comercial muy descarado. Es muy improbable que les compre nada, así que, para que perder su tiempo y el mío.

Por lo tanto ya no me siento muy en confianza de publicar más que chistes. O cosas que no tienen mucha profundidad personal.

Algo que me han comentado mucho, mucho en mi vida, es que soy muy honesta. Me felicitan por mi honestidad. El comentario no ha sido reprobatorio, ha sido, al contrario, admirativo. “Qué honesta eres!” me dicen. A lo que yo respondo: “¿gracias? ¡gracias!”

Lo agradezco de corazón, cualquier cosa buena, comentario agradable que me digan lo agradezco de corazón. Pero honestamente, ejem ejem, no tengo nada que agradecer. Es como que me feliciten por tener la nariz larga o por tener intestino grueso y delgado. Es algo con lo que yo no tuve nada que ver, sino que me cayó del Cielo, lo tengo de nacimiento.

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Me llama la atención, que les llame la atención, mi honestidad. Y me ha traído ciertas consecuencias. No siempre positivas. Pero, visto “a toro pasado”, evaluando toda mi vida de honestidad, (que tampoco es cierto que siempre he sido honesta); me ha traído más bondades que perjuicios ser honesta. Hay gente que utiliza la honestidad para ser cruel. Alguna vez me tocó trabajar con una persona así. Con el pretexto de ser “frontal” te decía todas las cosas que lo estaban matando a él, acerca de sí mismo, pero como si fueran tuyas. Era devastador. Fueron tres años muy difíciles para todos los que trabajamos con él, bueno, por lo menos para mi. Hasta que lo corrieron.

Digamos que ser honesta es una buena política pero hay que tener cuidado en que no se convierta en arma de ataque.

Ahora que estoy tomando clases de filosofía, nos enseñan que Kant decía que la mentira nunca está justificada. Le dije a la maestra que estoy de acuerdo con Kant. Nunca es buen momento para mentir. Me puso el ejemplo, que si yo viviera en la casa donde estaban Anna Frank y su familia escondidos. Y llegan los nazis, la SS o la Gestapo, y me preguntan: ¿hay alguien escondido en esta casa?. Si contesto afirmativamente, nos lleva el tren a todos, a mi por esconderlos, y a ellos por judíos. Así que lo mejor sería mentir. Eso me dijo mi maestra. Claro tiene razón, pero sucede que yo vivo en Mérida, Yucatán, en el 2018, en mi casa no estoy escondiendo a nadie, y realmente no tengo pretextos para mentir… El tema es muy muy complejo. Extenso y complejo.

Pero bueno, la verdad es que con Facebook, ya no puedo ser tan honesta. Pues tengo muchos amigos que no conozco y no sé como se tomarían mis honestos comentarios. Tampoco quiere decir que voy a mentir. Sino que, publicaré chistes, fotos de animales bonitos, tal vez comentarios acerca de algunas noticias.

Cosas de la vida moderna.

Se murió alguien que me caía mal

Es la primera vez que me pasa. Las personas que “se me murieron” antes, eran o parientes, personas mayores que yo, por ejemplo, papás, abuelos, tíos; o personas de mi edad más o menos mi generación, pero que me caían bien o no tenía el gusto de conocerlos.

Hasta que, esta semana, se murió una persona que me caía mal.

Yo también le caía mal. Se notaba clarito que él no me soportaba.  Y yo no sé si pude disimular mi desagrado, que sentí hacia él;  pero creo que no. Hay una idea en psicología que dice: “el otro sentirá hacia ti lo mismo que tu sientes hacia él”. Como sea, estoy segura de que yo le caía muy mal. Cuando hablaba, yo, él inmediatamente veia su teléfono con mucha atención como si estuviera viendo la Piedra Rosetta o el final de la serie de Luis Miguel. Incluso algunas veces, de plano, se salió cuando yo entré. Varias veces, lo caché subiendo los ojos al cielo cuando yo hice algún comentario.

Cuando me lo dijeron, “se murió Fulano” lo primero que pensé fue “chispas que mal me caía” pero, en cambio, dije: “¡pobre!”

Y sí, sinceramente me da pena, porque él no quería morirse, igual que nadie o la enorme mayoría no queremos morirnos.

Luego me dijeron: “¿vas a la misa”? y yo pensé: claro que no, si me caía re mal.  Sin embargo, realmente uno puede rezar por el alma de cualquiera aunque no me cayera bien. Incluso se entiende  que el valor espiritual es mayor si estás rezando por alguien que no es tu persona favorita en el mundo.

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Otra idea que he leído es que cuando alguien no nos cae bien, en realidad son defectos o problemas de UNO MISMO que le estás adjudicando al otro. Es decir, quien no me caigo bien es, yo misma, y le cobro la factura al otro que ni culpa se tiene. En efecto, él era muy parecido a mi, en muchos aspectos.

Una persona me dijo que cuando el que conoces es el que murió no tiene mucho caso ir ni al velorio  ni a la misa. Luego vas y no conoces a nadie y al único que conocías no está precisamente en la posición de saludarte ni platicar contigo. Esa persona me dijo “así que, si al único que conocía era el muertito, ¡pues no voy!”

Siguiendo esta lógica no fui, pues no conozco a sus deudos, a sus parientes, y al pobre, yo le caía bien gorda. Capaz se levantaba para decir que “saquen a Lucía de mi velorio, ¡cómo se atreve! ¡la desfachatez!”

Hubiera sido algo digno de contarse.

Lucía niña y Lucía adolescente

Una persona que respeto mucho, (mujer como yo), ella muy profesional, inteligente, muy capaz. Me sorprendió grandemente hace algunas semanas cuando me dijo que había escrito la siguiente frase y colocado en su escritorio donde la podía ver y leer con frecuencia: “los demás no me quieren hacer daño”

Me sorprendió porque nunca hubiera pensado que ella, con su profesionalismo, capacidad, experiencia, siente lo mismo que siento yo. Y no es la primera vez que sé, de personas que tienen esa leve sospecha, de que los “demás” quieren lastimarnos.

Este convencimiento, de que la gente quiere molestarnos, lastimarnos, jorobarnos, viene de la imagen que tengo yo, de mi misma, que de-sa-for-tu-na-da-men-te puede ser muy pobre. Sucede que yo no puedo meterme en la cabeza de las otras personas ni ver son sus ojos. Cuando alguien me conoce o me trata, yo pienso que me evalúan igual que yo me evalúo a mi misma; me califican igual que yo me califico a mi misma, con muy bajos números.

Por eso cuando pienso “Fulano no confía en mi” es porque yo no confío en mi; si pienso “Fulano me quiere hacer daño” es porque yo pienso que merezco que me hagan daño; si pienso “Fulano me quiere lastimar” es porque yo soy muy capaz, también, de lastimarme a mi misma.

Esa imagen que de repente puedo uno tener de sí mismo, como muy baja, no tiene nada que ver con logros ni éxitos, tiene que ver con otras situaciones, muy largas de contar. Sin embargo, es una realidad. Que perjudica mucho en la vida en general, tanto para sí mismo como para los demás.

De repente encontré en mi casa un libro muy bueno que tiene algunos años ya de haberse publicado y que no había leído anteriormente. Se llama “Los seis pilares de la autoestima” del Dr. Nathaniel Branden. El libro es algo denso, no es de muy fácil lectura. No es “Condorito” pero tampoco es Schopenhauer. Me lo eché todo y al final viene una sección de frases para completar. (ejemplos aquí)

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Esas frases se completan rápidamente con lo primero que viene a la cabeza de uno y sirven mucho, al menos a mi me sirvieron para cambiar ciertas creencias o actitudes. Son más de treinta semanas de frases, y aún después hay una segunda etapa con otras treinta y tantas semanas más. Más o menos a la mitad de la primera tanda, vienen frases como estas:

  • If the child in me could speak, he/she would say… Si la niña en mi pudiera hablar, ella diría…
  • If the teenager I once was still exists inside of me… Si la adolescente que alguna vez fui, todavía existe en mi interior…
  • If my teenage self could speak, he/she would say… Si mi adolescente interior pudiera hablar, ella diría…
  • At the thought of reaching back to help my child self… Cuando pienso en ayudar a mi niña interior….
  • Etc.

Durante varias semanas, las frases tienen que ver con la niña que una vez fui y la adolescente que alguna vez fui. Medio intrigada por la naturaleza de las frases busqué en internet algo de literatura al respecto y encontré que efectivamente es muy importante lograr una buena relación conmigo misma, del presente, y conmigo misma, de antaño. Ni idea tenía que mi yo de niña/adolescente necesita que yo adulta esté pendiente de ella.

Aquí considero pertinente aclarar que yo no soy psicóloga ni coach de vida ni nada, solamente me gusta el tema y por eso escribo acerca de éste.

Total que me puse a escribir las frases y es muy importante que el mensaje que yo le entregue a mi yo adolescente y a mi yo infantil sea positivo porque aquí se trata de mejorar no de empeorar. Después de semanas de escribir las frases, pude observar que como por arte de magia, mejoró muy baste enorme mucho mi apreciación de mi misma, y por lo tanto la apreciación o la imagen de mi que yo pienso que tienen los demás. Por lo tanto, luego entonces, ya no ando pensando que todo el mundo me quiere joder y ya no ando viendo moros con trinchetes en cada esquina.

Y por lo tanto, mi nivel de ansiedad ha bajado muchísimo. La vida, que ya era muy disfrutable y agradable, ahora es más disfrutable y más agradable.

Como dijo Robert Kennedy: “Es a partir de innumerables actos diversos de coraje y valor que la historia de la humanidad se forma cada vez que un hombre defiende un ideal o actúa para mejorar la suerte de los demás o se opone a la injusticia. Envía una pequeña onda de esperanza, y cruzándose entre sí desde un millón de centros diferentes de energía y audacia, esas ondas crean una corriente que puede barrer la pared más poderosa de la opresión y la resistencia

 

El mundo sin problemas

No existe el mundo sin problemas. Con esta frase puedo terminar mi escrito y seguir lo que estaba haciendo (leyendo un entretenido libro sobre los Kennedy que se llama “Gracia y Poder”), más sin embargo me siento en la necesidad de elaborar mi punto.

Me gustaría saber si hay más personas, que como yo, consideran un ideal y hasta una obligación vivir una vida sin problemas. Esto puede deberse, en mi caso, a que yo pasé muchos años desde que nací hasta más o menos los 15 años, sin problemas. La escuela no me costaba trabajo, y al llegar a mi casa había comida y ropa y techo, había doctores cuando me enfermaba así como medicinas. Los niños no necesitan ni exigen más cosas para estar tranquilos para ser felices. Somos nosotros los adultos quienes les metemos esas ideas en la cabeza. Pero ese, es otro tema.

Después de muchos años sin prácticamente ningún inconveniente, más o menos a los 15 años se me presenta un pequeño problema, este es, que me gustaba un niño y que este niño no me hacía el menor caso. Esta situación se repitió durante muchas ocasiones más con otros muchachos, y siempre era la misma historia, el muchacho “X” me gustaba y él no hacía otra cosa que ignorarme. Esto me hacía sufrir porque no había nada que pudiera yo hacer para remediarlo (o lo que hacía no servía de nada) y este fue mi único problema durante muchos otros años más, digamos hasta que me casé, a los 29 años, con el único que sí me hizo caso y gracias al cual pude formar una familia.

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Comencé a ver de qué lado masca la iguana o a entender lo que es amar a Dios en tierra de indios o cualquier frase hecha similar, cuando nacieron mis hijos, primero Andrés y después Pablo. A partir de ahí (32 años exactamente) y a la fecha, que voy a cumplir 49 en cualquier momento, la vida, mi vida ha sido una serie de problemáticas para solucionar, a veces se incrementan a veces disminuyen pero nunca desaparecen. Tienen que ver con todo lo imaginable desde la generación de dinero hasta gastos que se tienen que hacer, hasta la tristeza de mis hijos por … sus problemas…  pasando por vestimenta, enfermedades (GRACIAS A DIOS NADA GRAVE, lo de “gracias a Dios” subrayado en negritas un millón de veces), saber cuándo dar permisos y cuando negarlos, cosas que se echan a perder en la casa, situaciones que tengo que resolver en el trabajo, fiestas que organiza mi vecino hasta las 3 de la mañana, lluvia que cae encima de la ropa tendida en el patio, personas que ganan la presidencia de la república y se rodean de ratas inmundas y corruptas para combatir la misma corrupción, presidentes de países vecinos que casualmente es el más poderoso del mundo y hacen cambios al tratado comercial más importante del país, aumentos en los precios de la gasolina y de casi todo lo que compra uno, viajes del marido, refrigeradores que se echan a perder, documentos que tiene uno que tramitar, cabello que debe de teñirse para que no se vean las canas, buscar tiempo debajo de las piedras para hacer algo de ejercicio por mandato del ginecólogo y por simple sentido común, y un largo, larguísimo etc.

En resumen lo que quiero decir con estos párrafos es que, desde mi punto de vista, es un error añorar y mirar con deseo a esos años (que fueron bastantes) en los cuales estuve casi sin problemas… me sucedió, cuando llegué a mi casa el viernes para descubrir que los cajones de las verduras del refrigerador se habían roto y que debido a eso la puerta no cierra bien; sentí un fastidio, un cansancio que aunado al de toda la semana, me hizo suspirar para que volvieran esos años en los que mi único problema era que Javier no me hacía caso.

Gracias a Dios puedo entender que eso es una tontería, ni Javier me va hacer ningún caso (lo cual celebro porque entiendo que está bastante neuras el pobre y además porque aprecio mucho a mi propio esposo), ni tampoco se va acabar el mundo por el refrigerador que se echa a perder. Hay tanta gente con problemas de verdad serios y pesados, hay gente que no tiene ni siquiera un poco de seguridad porque vive en países con guerra o porque vive en ciudades conflictivas; personas que no tienen salud aunque tienen dinero; en fin, quien soy yo para añorar un mundo sin problemas.

Bienvenidos los problemas ya que con el favor de Dios todo tiene solución. Por algo los manda el mismo Dios, ¿no es así?

Feliz Cumpleaños Armando

Hoy hubiera cumplido años Armando. Tenía uno o dos años menos que yo así que estaríamos celebrando sus 46 ó 47 años.

Armando murió hace algunos años, muy joven. Una muerte completamente innecesaria. Cuando estás en tus cuarentas no se supone que vas a morir. Se supone que estás a la mitad del camino y que ya tienes algo de experiencia en algunas cosas y absolutamente ni idea de qué hacer en otras muchas; en tus conversaciones ya puedes utilizar la frase “…hace veinte años…” y todavía te parece increíble que hace veinte años ya tenías credencial de elector y responsabilidades de adulto.

Tendremos cuarenta, tendremos cincuenta años, tendremos hijos y obligaciones, tendremos empleos y objetivos que cumplir, y sin embargo seguimos sintiendo también, lo mismo que a los 18, 20 ó 22 años. Mucha inseguridad, muchas dudas, muchas preguntas acerca de que si estoy haciendo lo correcto; deseos de mandarlo todo a volar y quedarme viendo la tele o durmiendo; ganas de reír y echar relajo sin tener una preocupación en esta vida. Nuestra mente vuela añorando esos años (hace más de veinte años que pasaron) de despreocupación y diversión; estamos volando mentalmente, cuando la voz de uno de nuestros hijos o de nuestro esposo/a o de nuestros colaboradores del trabajo nos despierta para hacernos pisar la realidad.

En fechas como hoy, facebook viene y te dice “Es cumpleaños de Armando, ¡ayúdalo a celebrar!” porque una de las novedades de la vida moderna es que tienes a facebook para mantenerte vivo el recuerdo de la persona que debería estar celebrando su cumple pero ya no está con nosotros. Armando, Alejandro, José Luis, son tres amigos que se fueron demasiado pronto y que nunca me imaginé que me costaría tanto trabajo reponerme de su ausencia, y sin embargo aquí estamos, con nuestros trabajos nuestros compromisos nuestros hijos nuestros pendientes, los pagos que tenemos que hacer, el inicio de curso escolar, el dentista de Pablo, el piano de Andrés, las cosas que te mantienen atado a esta vida, algunas muy disfrutables, otras no tanto, mientras piensas: hoy hubiera sido cumpleaños de Armando.

Feliz cumpleaños Armando, donde quiera que estés.

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Bloquée y fui bloqueada

Hago una comparación con el inmortal poema de Amado Nervo que se titula “En paz” cuyas últimas estrofas dicen más o menos así:

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz. 
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

Ahora yo digo: “bloquée y fui bloqueada. ¡Whattsapp nada me debes. Whattsapp estamos en paz!”

Últimamente he escuchado y leído una discusión que se alarga desde los comienzos de la historia. ¿Qué es mejor: intentar solucionar las cosas o cortar por lo sano? Me refiero a cuando hay conflicto entre dos seres humanos.

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El conflicto es inevitable. No creo que haya una sola persona que haya vivido enteramente sin conflictos. Incluso seres espirituales de gran estatura como Juan Pablo II o la Madre Teresa, tenían detractores y enemigos. Qué más podemos esperar de nosotros los “normales”.

Lo maduro es intentar resolver el conflicto. Intentar el diálogo o la negociación, gestionar de una manera adulta mediante la palabra, sin hostilidades sin insultos sin agresiones; llegar a comprender qué es lo que pasa y como se puede resolver de la mejor manera.

Sin embargo, aunque esto es perfectamente lograble en muchos muchísimos casos, es imposible en algunos otros. En algunos casos, lo más sano es la “fuga geográfica” así le llaman a esa acción de “cortar por lo sano”.

En estos tiempos modernos, la “fuga geográfica” se traduce (en parte) a “bloquear” a esa persona por whattsapp, por facebook y otras redes sociales. Es una estrategia a mi gusto, perfectamente válida y razonable. Me hace pensar en la cantina para el alcohólico. La cantina no tiene nada de malo. Es un negocio donde venden bebidas alcohólicas a donde van personas a conocer gente, platicar, divertirse, etc. Muchísima gente visita la cantina y pasa un rato ameno y agradable sin mayores consecuencias.

Sin embargo hay algunas personas para quienes visitar la cantina es un problemón. No pueden controlar el alcohol que toman; el alcohol es su peor enemigo ya que los orilla a endeudarse, a pelearse y ser agresivos; o a deprimirse y llorar; y aún después de haber salido de la cantina, sigue la cruda económica moral y física. Todo un desmadre por haber ido a la cantina una horas.

La cantina es lo mismo en el caso de algunas personas para otras personas. La persona A es la cantina y la persona B es el alcohólico. La persona A es perfectamente amable y encantadora para la mayoría de la gente. Pero no para la persona B, quien no debe ni acercarse a la persona A porque sufrirá las consecuencias. Algo así me imagino.

Yo soy la cantina para quienes me han bloqueado y yo tengo mis propias cantinas a las que a mi vez, he bloqueado también. No tiene remedio, así es. La solución del alcohólico de NUNCA VOLVER A PISAR UNA CANTINA parece drástica pero es la mejor. La determinación que tomaron quienes me bloquearon puede parecer exagerada, pero no lo es. No lo es. Es la mejor decisión, como se puede corroborar con la paz que se siente al no tener que lidiar al enfrentarse con la cantina “Lucía”.

Como dicen en Missisipi: A-mén to that.