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Nuevas acciones en el mar

Hoy 4 de agosto hice algo nuevo. A mi edad, 50 años, no se hacen muchas cosas nuevas, y hoy tuve una idea y la puse en práctica y fue un completo fracaso, pero fue algo nuevo que no había hecho antes.

Me gusta meterme al mar. En Mérida le decimos “bañarnos en el mar”; ya adulta descubrí que en otras partes le dicen “meterse al mar” “voy a nadar” o de otra forma, pero eso de “bañarse” solamente por estos lares lo decimos.

OK decía yo que me gusta bañarme en el mar. Lo malo es que me aburro muchísimo cuando estoy dentro del mar. Cuando hay gente con la que puedo conversar, perfecto, no me aburro. Pero en estos días mis hijos y yo estamos en Telchac y ellos no son muy marinos y la única que se “baña” en el mar soy yo. Me encanta, además es muy saludable, pero me aburro mucho ahí metida yo sola.

Hoy se me ocurrió una esplendorosa idea. “Voy a meter mi libro al mar, y puedo leer mientras me baño”. Mi libro y mis lentes, sin los cuales no puedo leer nada. El mar está bastante bajo, de tal forma que avancé y avancé hacia adentro del mar, por lo menos unos 100 (o más) metros y aún me llegaba el agua a la cintura. De color verde esmeralda, bellísimo.

Me puse los lentes y me puse a leer mi libro, así parada, pisando la arena, adentro del mar. No good. Motivos del fracaso:

a) debido a que hay menos gente, hay más peces. Se pasean a buena velocidad junto a mi y a veces chocan conmigo. Por lo tanto, no se puede uno concentrar en su lectura si los peces están rozando.

b) las olas venían y cuando pasaban donde yo estaba, yo subía y bajaba un poco, junto con la ola. Me pegué así una tremenda mareada. Si no hubiera estado leyendo, no pasa nada, es el vaivén natural de las olas. Pero tratar de leer y entender lo que leo, al mismo tiempo que sube y baja con las olas del mar, imposible. Me dí una buena mareada.

c) el libro se estaba mojando.

Por lo tanto, me salí del mar, dejé el libro en la playa, junto con mis gafas, y me volví a meter otros 30 minutos. Me aburrí muchísimo, pero no importa, vale la pena, con tal de bañarse en el mar.

Las barras de acces – no de pan francés

Yo soy una persona convencida de que las cosas pasan por algo. Y que los tiempos de Dios son perfectos. Todo lo que sucede a uno durante el día, durante su vida, sucede en el momento exacto, que tiene que pasar. No antes ni después.

Tengo esta amiga muy querida que conozco desde la infancia. Ella se ha vuelto experta en el tema de “barras de access” que es un forma de terapia, novedosa, para “reacomodar la energía”. Esta definición es mía y la terapia va mucho más allá de eso, pero como no soy docta en el tema no quiero agregar mucho más. Solamente comentaré que está clarísimo que somos energía, todo es energía, y esta sube y baja como los elevadores, ayudando o perjudicando según hagamos uso de ella.

Desde hace cuantos AÑOS veía yo las publicaciones de mi amiga acerca de los cursos que ha tomado, de las terapias de “barras de acces”, de cómo se ha certificado para hacerlo de forma profesional, y siempre siempre yo, al ver sus publicaciones, pensaba “yo quiero ir a eso. me interesa ir a eso. Quiero tomar una sesión. Voy a sacar una cita” El pensamiento se quedaba en eso, pensamiento y nunca lo convertí en acción… hasta ayer.

Le llamé a principios de la semana por otra cosa completamente. Ella trabaja en un negocio de bombas de agua, hidroneumáticos, aires acondicionados e instalaciones eléctricas, eso es lo que entiendo que hace en su negocio. Le llamé para pedirle una cotización para una de esas cosas, para instalar en mi casa. Una cosa llevó a la otra y quedamos en que me daría una sesión de “Barras de Acces” el miércoles a las 6 pm.

Me dijo “vente aquí a mi oficina, aquí mismo por las tardes doy las sesiones”

Llegó el día y la hora y yo pensando que en medio de las bombas, los hidroneumáticos y los aires acondicionados habría por ahí una mesita donde yo me acostaría para la terapia. Fue una muy agradable sorpresa ver como tiene adaptado un amplio espacio perfectamente acondicionado para ello. Muy agradable, relajante, limpio y sanitizado.

LAS BARRAS DE ACCESS CONSCIOUSNESS, LO ÚLTIMO PARA REDUCIR EL ...

Me hizo la terapia y lo que puedo comentar al respecto son los siguientes puntos:

a) el momento perfecto para recibir la terapia fue este, en que me estoy divorciando y mis hijos están encerrados desde marzo, amén de que estamos viviendo en una situación única en la historia de la humanidad que se llama Corona. (desafortunadamente nada que ver con la cerveza o con lo que se pone la reina en la cabeza). El momento perfecto para recibir mi 1a terapia de barras de access fue precisamente este.

b) Durante la terapia, el tiempo se detuvo. Sucedió algo que según yo, se llama “estado de flow”. Cuando estás haciendo algo que te gusta mucho, que te apasiona, el tiempo como se detiene. Estando en la terapia, según yo habían pasado 5 minutos y ya había terminado la sesión de 45 minutos.

c) Al terminar, sentí un muy fuerte deseo de estar yo sola, con mis pensamientos y aprovechando al máximo la sensación de bienestar. Quizá un poco egoísta, pero creo que para alguien que está todo el santo día o en el trabajo o limpiando la casa o con sus hijos, precisamente lo que necesitaba era encerrarme un rato dentro de mi misma. Llegué a la casa de ustedes, les dije a los dos seres humanos del género másculino que viven aquí (a los cuales vagamente reconocí como mis hijos) que me iba encerrar en mi cuarto, y me dediqué el resto de la tarde a disfrutarme a mi misma

d) Sentí paz interior, calma, relajación, como de estar flotando en gravedad cero. Para hacer una comparación, que nunca será exacta pero de algo servirá; hay una película que se llama “Frist man” con Ryal Gosling, haciendo el papel de Neil Armstrong. La escena donde está solo en la Luna. Completamente solo en una inmensidad, curiosamente segura, sin miedo, sino con paz y tranquilidad maravillosa. Algo así me sentí.

Por supuesto que voy a regresar, mis hijos también los voy a mandar a que tomen sus terapias de “barras de access”. Estoy encantada con la experiencia, que llegó en el mejor momento.

La felicidad se escribe con “K”

Existe un aparato que se llama Karcher. Bueno, la marca es Karcher, el aparato en sí no tengo idea de cómo se llama. Ahora les pongo una foto.

Este aparatito lo que hace es que lo conectas a la toma de agua y tiene un motorcito y el agua sale con una fuerza increíble, a través del disparador que parece una pistola con el cañón muy muy largo.

Es un poco complicado de manejar porque se enredan las tres mangueras: la de agua, el cable que lo conecta a la electricidad y el cable de la pistola con el cañón larguísimo.

Entonces cuando vas moviendo el aparado de un lado a otro se van enredando los tres cables o mangueras y es un relajo. Fuera de ese detalle, el aparatito es una maravilla.

Si eres una neurótica/o de la limpieza, como yo… (bueno yo soy neurótica en muchos temas, pero sobre todo en esto de la limpieza) este es como un sueño hecho realidad. De verdad se los digo. Lo juro por esta.

La Karcher limpia a profundidad todo a donde dirijas el chorro de agua. Miriñaques, cortinas, no de tela sino las otras las enrollables, ventanas de vidrio, abajo de la estufa, abajo de la nevera o refrigerador, las esquinas de las paredes, le quita las manchas negras al piso de cemento, abajo de los muebles de la cocina, el lavabo para lavarse las manos, para lavar los platos, adentro del inodoro…. es una experiencia super divertida estar echando agua y viendo como desaparece hasta el último polvo más escondido y con el mismo chorro de agua lo vas empujando y empujando lejos, lejos, lejos.

Al chorro de agua que queda en el suelo, le echo para complementar una generosa porción de vinagrre para que haga de desinfectante y de verdad, se ven los resultados notablemente.

Claro que después viene la jalada de agua, pero bueno a esto he buscado algunas opciones para quien no quiere hacerlo: una, es decirle a la asistente del hogar que ella o él jalen el agua. Dos, no muy recomendable y nunca lo he hecho, es dejar el agua a que se evapore solita. Con cuidado de no darse un porrazo con el piso mojado sobre todo si es porcelanato que es super resbalosísimo. Y tres, pues agarrar el jalador y jalar toda esa agua, que es cierto está mezclada con bicho muertos y polvo y otras cosas nada lindas, sin embargo se siente alegría en el corazón ver como una va sacando todas esas basuras de su propia casa.

A mi me gusta jalar (el agua con el jalador, cabe la aclaración para todos los que se lavan el pelo con Easy Off) y me gusta ver como el piso se queda sequísimo cuando jalas con mucha fuerza.

Finalizo comentando que nadie me dio comisión, ni la empresa Karcher ni el lugar donde la compre, la ferretería Fernandez que está aquí cerca de Cholul.

Que no pase un día más y ¡disfruten su Karcher!

Más que el divorcio, el encierro

Mis hijos han reaccionado con bastante tranquilidad a esto del divorico, a Dios gracias. Todo el suceso fue algo completamente inesperado. Mi ex esposo (que raro llamarlo así) trabaja en el área administrativa de un Hospital muy grandote. Con esto del Corona, decidió rentar un airbnb para aislarse, durante el mes de abril agarró sus chivas y se fue. Cuando terminó el mes del aislamiento, volvió a la casa, nos dijo a todos que ya no quería vivir aquí, y se volvió a ir, ahora sí for good. Se fue el 15 de mayo y para mediados de julio firmamos el divorcio.

Si me preguntan acerca de razones o motivos más pronfundos, al día de hoy no tengo ni idea, pero si quieren pueden llamarle a él, por inbox o por whattsapp les doy su número. Y de paso me cuentan el chisme por favor porque yo misma no sé muy bien qué mosca le picó.

Dicen que muy pronto podrás divorciarte en el Oxxo. Así de sencillo es el trámite. También es verdad que mis hijos, uno es mayor de edad y el otro ya casi, así que no había mucho campo para discutir, temas como “qué días te toca a ti, que días a mi, vacaciones, navidades” todo eso ni vale la pena discutirlo porque a esa edad los hijos hacen pretty much lo que les da la gana.

Ellos hablan mucho con su papá, quién es un EXCELENTE papá, y lo visitan los domingos. Los he notado tranquilos y de acuerdo con la decisión de su papá. Lo que más bien creo que les está afectando, es el encierro.

Yo y todos los seres humanos que no viven en Corea del Norte, a esa edad 17, 18 años, estás en todos lados menos en tu casa. Por ejemplo yo, esa edad llegó a mi vida en 1987, 88. ¿Qué hacíamos? Nos achócabamos en casa de alguna amiga, y llamábamos por teléfono al niño que nos gustaba sin decirle quién éramos, por supuesto. Me acuerdo que mi amiga y yo le hablábamos al niño que me gustaba a mi y le decíamos que yo era “Marissa” y ella era “Andrea” como en el programa ese de “Ensalada de locos”. Era cuando en las casas había más de un aparato teléfonico y al levantar la bocina se escuchaba lo que decían por la otra línea. Qué anticuado suena todo esto.

Ya están un poco mayores que en la foto

Otra cosa que hacíamos era treparnos al coche y dar roles por las casas de los niños que nos gustaban, pasando frente a su casa con la lejana esperanza de verlo entrar o salir. También íbamos al cine, íbamos a Sanjuanistas los domingos, íbamos al Club Campestre (coladas, porque no éramos socias), íbamos al boliche que está cerca del Roger’s, veíamos películas. Es decir, nunca estábamos en nuestras casas.

Ambos fueron a terapia una sola vez, y no han querido regresar. Dicen que no quieren regresar con el terapista. Lo mejor que podría pasar, es que llegue la famosa vacuna y se acabe esta pesadilla. Para que toda la economía comience a recuperarse, para que la gente se deje de morir, y para que mis hijos puedan tener vida normal de adolescentes.

¡Me animo!

Comenzó el 2020 sin mayor novedad. Nos llegaban mensajes por todos lados aclarando que el año no se debe escribir solamente los dos últimos dígitos, como hacemos con los otros años de nuestra vida, sino que se debe escribir completo. “Está bien”, pensé. “No me cuesta nada escribir 2020 en lugar de solamente 20” Nada más me decía que este sería un año de locura.

Ya para fines del año pasado escuchábamos que en China había un virus muy contagioso y peligroso. “¿China?” nos decíamos a nosotros mismos “mientras no sea el pueblo que está entre Mérida y Campeche, no pasa nada”. Tan confiados nosotros, creyendo que nada nos iba a pasar. Esa forma de pensar es muy adolescente, by the way.

Llega marzo y todos a encerrarnos en nuestras casas, los niños ya no van a la escuela, uno ya no va a la oficina, se cerraron hoteles, restaurantes, tiendas de ropa, distribuidoras automotrices, se suspendió la industria de la construcción, se paró el mundo. TODO EL MUNDO. No la ciudad de Mérida, no el estado de Yucatán, no nuestro México lindo y querido. Todo el mundo estamos en las mismas, algunos peor, otros mal, pero ninguno, ninguno, bien.

Por ahí de abril llega a nuestra hermosa Península de Yucatán una tormenta tropical llamada Cristobal, así como Colón, que se quedó estacionada como seis días e inundó poblaciones y las casas de todos.

Y para acabarla de amolar, la semana pasada, a mediados de julió, firmé el divorcio después de casi 22 años de vida conjunta. 21 de casados. Por iniciativa de él, así que peor tantito.

¿Cuál ha sido mi respuesta cuando las cosas no salen? Escribir. Escribo desde que soy niña, aprendí a leer sola y me puse a escribir cuentos e historias. Me gusta escribir cosas amenas y entretenidas, ya que no soy ninguna intelectual. Me sirve de catársis y me sirve para compartir lo que pasa por mi cabeza. Pasan tantas cosas por mi cabeza que no he logrado ser específica y hacer de este blog unitemático. A pesar de que todos los sitios de “tips” para escribir blogs lo recomiendan. No más, no puedo. Pasan demasiadas cosas por mi cabeza.

He decidido meterle más carne al asador, monetizar el blog y lograr una mayor audiencia con el favor de Dios. Escribir regularmente, con disciplina y tal vez en una de esas pueda ayudar a los lectores a distraerse un ratito. ¿Qué es lo que busco? Distraerlos y brindar un momento agradable. No busco pontificar ni enseñar nada, si ni con mi vida puedo, menos me voy a poner a dar lecciones. No, qué horror.

Pero si logro que pasen unos minutos agradables, misión cumplida. Y la cereza en el pastel es que evitaré no volverme completamente loca entre el encierro, la pandemia, el divorcio y la economía que se está haciendo pedazos.

La foto, obviamente, no es actual. Es de 1990 más o menos.

Gracias por leerme, de verdad, de todo corazón, muchas gracias por leerme.

La lista

“Mamá” me dice mi hijo Pablo. “¡Tengo una fiesta de quince años!”

-Way hijo -le dije- ¿cuándo te vaya a buscar ya vas a tener 30? Te vamos a extrañar…

Una vez hechas las debidas aclaraciones, acerca de que la fiesta era el cumpleaños número 15 de su amiga, me dijo que necesitaba traje, es decir saco y corbata. “A ver la invitación” le dije. “No hay” me dijo. “Bueno,  a ver el intransmisible” (palabra 100% yucateca que nadie más entiende en todo México) “No tengo” me dice.

-A la niña de  la fiesta se le acabaron los intransmisibles y me dijo que estoy en “la lista” que con decir mi nombre puedo pasar.

Mi mente voló a los años 80 y 90. La primera vez que fui a una “disco” (no se les llamaba “antros” se les llamaba “disco” “discoteque” o decíamos que íbamos “a bailar”) era una que se llamaba Zac Nah que estaba por el cine Colón. A esa solamente fui una sola vez. A las que sí fui bastante más veces fue a “Tequila Rock” “Bimbombao” y “Kalia” en la puerta de las cuales había un ser humano de apellido Ferraez y una cadena.

pablo de traje

La gente se paraba afuera para esperar que los dejaran pasar. No había en Mérida esa costumbre de otros lugares como México o Cancún que decían el número de personas. “Somos dos” o “Somos cuatro” eso aquí no pasaba.

Me imaginé a mi hijo Pablo, de 15 años de edad, con su traje, su saco y su corbata, esperando en la puerta de la fiesta, que alguien abriera la cadena y lo dejara pasar. Esperando… 10 minutos, 15 minutos… viendo como los demás, con sus intransmisibles, entraban nomás llegaban.

-Noooooooo -le dije a Pablo– nada de “la lista” si no tienes intransmisible no puedes ir.

Al día siguiente Pablo me pidió que le hable a la mamá de la niña cumpleañera. La señora muy amable me garantizó que Pablo entraría sin problemas y que cualquier cosa pida que la llamen. Que se le habían acabado los instransmisibles pero que no habría ningún problema.

El doctor Solís, su pediatra, hace varios años me ofreció una medicina para que no crecieran más. Para que se quedaran así, chiquitos, nenés. Lo hubiera aceptado.

Audífonos

Mi hijo Pablo para la Navidad del año ante pasado (la del 2017) pidió una pequeña tornamesa para hacer mezclas de canciones. No costaba cinco pesos, tampoco era lo  más caro del mundo. Lo pensamos, sacamos cuentas. Total que se la compramos.

500 pesos

Un año después… Pablo la vendió y le ganó un poco de dinero, unos 500 pesos más. Hasta aquí todo bien. De repente, en otro día, veo a Pablo con unos audífonos muy sofisticados que sacaba de una cajita. ¿Y eso? – le pregunté. Me dice que son inalámbricos, que se los prestó su amiga del salón de clases. ¡Wow qué modernos! le dije.

Pablo me contestó: “Con el dinero de vender la tornamesa, quiero comprarme unos como éstos” “¿Ah sí?” le dije. “¿Y cuánto cuestan los audífonos inalámbricos?”

500 pesos

Me dijo una cantidad… que casi me da una embolia ahí mismo en el salón de belleza para hombres donde estábamos esperando pacientemente que le hagan su corte de pelo.

No voy a decir la cantidad que cuestan los audífonos, más sin embargo, es importante para darnos una idea y entender lo de mi embolia. Así que pondré la cantidad escondida en esta publicación. ¡Suerte para encontrarla!

500 pesos

Medio injertada en pantera, y tratando de dismular un poco para que no me vayan a correr del lugar… le dije… a mi hijo Pablo… que está como loco… si cree… que puede gastar esa cantidad de dinero… en unos… ¡¡¡AUDÍFONOS INALAMBRICOS!!!!

500 pesos

Aquí en mi blog, seré honesta, y abiertamente lo diré, aunque sé que le voy a caer mal a varios. Se me hace una ridiculez darle a niños de 14 ó 15 años, cosas como lentes Ray Ban, bolsas de marca Coach, celulares Iphone X, etc. Aunque tengas el dinero. Digo, si además de todo, te estás endeudando o estás dejando de pagar colegiaturas hacer esas extravagancias, ya estamos hablando de otro nivel. Asumo que las personas que hacen este tipo de gastos tienen el dinero suficiente para hacerlos. Pues con todo y eso, se me hace una barbaridad.

500 pesos

Por supuesto que podemos decir que estoy como esos animalitos que comen nueces, de cola frondosa y que andan por los árboles coníferas, porque yo no tengo el dinero para comprar ni las bolsas ni los lentes ni el Iphone. Y por supuesto que algo hay de eso. Por supuesto que tengo envidia. A mi me gustan las cosas finas y caras, pues a quien no. No soy el Dalai Lama.

500 pesos

Sin embargo, creo, repito, CREO, que si tuviera el dinero, tampoco lo haría. ¿Qué van a querer estos niños, cuando tengan 25 años, 30 años, 35 étc, si a los 15 ya andan con estos lujos? ¿Qué necesidad hay de que los demás vean que tengo el dinero para pagar esos artículos? En México hay tanta pobreza tanta carencia que decirle a tu hijo de 15 años te doy unos lentes de cinco mil pesos cuando hay niños que no tienen ni que comer, no creo que sea el  mensaje adecuado. Porque una cosa es que yo trabaje y me gané el dinero y me compré mi coche o mi casa o mis lujos; y otra es que me lluevan del cielo sin qué ni para qué.

500 pesos

El tema es controversial, como tantos otros. Finalmente somos libres de hacer lo que queramos mientras no perjudiquemos a terceros. ¿no es así?

Qué rápido pasa el tiempo

Si algún comentario he escuchado este 2018, más allá de las capacidades de nuestro nuevo presidente o las palabras “caravana” o “casa de las flores” o “salte de mi vida”, es el comentario: “¡Qué rápido pasa el tiempo!”

Parece que fue ayer que cambiamos de año y henos aquí, cambiando de año otra vez. Hay algunas explicaciones para esto:

a) Porcentajes. Cuando teníamos 5 años, un año representaba el 20% de nuestra vida. Cuando tienes 50 año, un año es apenas el 2%.

b) Recuerdos almacenados. Cuando eres niño, todo es nuevo, y todo es emocionante. Los recuerdos más cargados de emociones son los que mejor se almacenan. Lo que podría describir como “importante” en mis primeros 10 años de vida son muchas cosas novedosas, entre amigos, escuela, aprender habilidades, conocer lugares. Y lo que puedo describir como “importante” de que cumplí 40 a los 50 años, son, ¿qué? ¿ocho o diez eventos?

c) Otra razón de porqué sentimos que el tiempo pasa más rápido es el tiempo de ocio. Cuando estamos en las redes sociales o viendo tele o jugando juegos digitales, el tiempo como que fluye más rápido… en la vida moderna invertimos más tiempo a éstas acciones. Entramos a Facebook o a Instagram muchas veces durante el día y cada vez son varios minutos y estos minutos pasan muy rápido.

Según un estudio, que se puede consultar aquí, la sensación del tiempo que pasa muy rápido alcanza su máximo alrededor de los 50 años y a partir de esta edad en adelante, vuelve a tomar un ritmo más nivelado. También tiene que ver que en estas edades, antes de los 50, uno está en la etapa productiva, de trabajo, tal vez estudios, hijos chicos, haciendo muchas cosas al mismo tiempo y mientras más actividades tenga uno, menos tiempo para hacer cada actividad por separado.

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Este 2018, pasó rapidísimo. Parece que fue ayer que se llevaron a cabo los juegos olímpicos de invierno de Pyeonghang; que nos enteramos de la desgracia en Parkland, Florida, en la que murieron 17 jóvenes; parece que fue ayer que le dieron calidad de vitalicio al Presidente de China, abriendo la posibilidad para que otros países, “democracias”, caigan en lo mismo; no hace ni cinco minutos que Cuba tiene un presidente que no se apellida Castro: Miguel Díaz; se siente como de la semana pasada, que Donald Trump abandonó el acuerdo nuclear de Iran, y que se casaron Harry y Meghan.

Que los dos presidentes de Corea del Norte y del Sur se encontraron en la frontera y que el de EUA visitara al de Corea del Norte porque creyó que por eso le darían el Nobel de la Paz y así poder decir que ya le “ganó” a Barack Obama…

Nos parece tan reciente cuando Francia ganó el mundial, y cuando sucedió el único momento del año en que como mexicanos nos unimos en una sola voz, y eso fue no para las elecciones presidenciales, sino cuando el Chucky Lozano metió el glorioso gol vs Alemania.

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Parece que fue hace cinco minutos que celebramos el rescate de los niños en Tailandia y su entrenador; y que por fin ganó López Obrador unas elecciones presidenciales; y que en Gran Bretaña salieron a las calles para pedir un segundo referendum relativo al Brexit, mientras que AMLO mandó hacer uno para tener según él, “respaldo social”, y cancelar la construcción del aeropuerto de Texcoco.

Parece que fue ayer, que nos enteremos de las muertes de Aretha, Stan Lee, Billy Graham, John McCain y el periodista Jamal Khashoggi.

El 2019 tal vez pase igual de rápido, lleno de momentos, interesantes, positivos, retadores, bonitos, inteligentes, enriquecedores y de mucho buen humor.

FELIZ AÑO NUEVO PARA TODOS.

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Facebook y la verdad

Facebook tiene una herramienta divertida, que te permite ver lo que publicaste este día desde que comenzaste a utilizar la red social.

Cómo ya he dicho antes, yo fui una de las primeras personas en usar Facebook por invitación de Mark Zuckenberg y Eduardo Saverin, buenos amigos míos con los que he perdido contacto porque ellos tienen mucho dinero y yo prefiero no llevarme con gente que tiene mucho más dinero que yo.

Los recuerdos que Facebook me presenta mediante esta herramienta, alcanzan al 2010. Son ocho años, casi nueve años, de recuerdos. No es poca cosa. Me asombra lo sincera abierta honesta y transparente que era en esos entonces. Cuando lo leo hoy, fines del 2018, me digo “way que sincera”. Sin embargo, en esos entonces, los que me seguían en Facebook eran contadas personas, que eran amigos de verdad, en la vida real. Como dicen “in the flesh”.

Hoy por hoy tengo muchísimos amigos de facebook que no tengo el gusto de conocer personalmente. En este año, cayeron las solicitudes de amistad por oleadas. A casi todas dije que sí, excepto a las que tenían un tinte comercial muy descarado. Es muy improbable que les compre nada, así que, para que perder su tiempo y el mío.

Por lo tanto ya no me siento muy en confianza de publicar más que chistes. O cosas que no tienen mucha profundidad personal.

Algo que me han comentado mucho, mucho en mi vida, es que soy muy honesta. Me felicitan por mi honestidad. El comentario no ha sido reprobatorio, ha sido, al contrario, admirativo. “Qué honesta eres!” me dicen. A lo que yo respondo: “¿gracias? ¡gracias!”

Lo agradezco de corazón, cualquier cosa buena, comentario agradable que me digan lo agradezco de corazón. Pero honestamente, ejem ejem, no tengo nada que agradecer. Es como que me feliciten por tener la nariz larga o por tener intestino grueso y delgado. Es algo con lo que yo no tuve nada que ver, sino que me cayó del Cielo, lo tengo de nacimiento.

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Me llama la atención, que les llame la atención, mi honestidad. Y me ha traído ciertas consecuencias. No siempre positivas. Pero, visto “a toro pasado”, evaluando toda mi vida de honestidad, (que tampoco es cierto que siempre he sido honesta); me ha traído más bondades que perjuicios ser honesta. Hay gente que utiliza la honestidad para ser cruel. Alguna vez me tocó trabajar con una persona así. Con el pretexto de ser “frontal” te decía todas las cosas que lo estaban matando a él, acerca de sí mismo, pero como si fueran tuyas. Era devastador. Fueron tres años muy difíciles para todos los que trabajamos con él, bueno, por lo menos para mi. Hasta que lo corrieron.

Digamos que ser honesta es una buena política pero hay que tener cuidado en que no se convierta en arma de ataque.

Ahora que estoy tomando clases de filosofía, nos enseñan que Kant decía que la mentira nunca está justificada. Le dije a la maestra que estoy de acuerdo con Kant. Nunca es buen momento para mentir. Me puso el ejemplo, que si yo viviera en la casa donde estaban Anna Frank y su familia escondidos. Y llegan los nazis, la SS o la Gestapo, y me preguntan: ¿hay alguien escondido en esta casa?. Si contesto afirmativamente, nos lleva el tren a todos, a mi por esconderlos, y a ellos por judíos. Así que lo mejor sería mentir. Eso me dijo mi maestra. Claro tiene razón, pero sucede que yo vivo en Mérida, Yucatán, en el 2018, en mi casa no estoy escondiendo a nadie, y realmente no tengo pretextos para mentir… El tema es muy muy complejo. Extenso y complejo.

Pero bueno, la verdad es que con Facebook, ya no puedo ser tan honesta. Pues tengo muchos amigos que no conozco y no sé como se tomarían mis honestos comentarios. Tampoco quiere decir que voy a mentir. Sino que, publicaré chistes, fotos de animales bonitos, tal vez comentarios acerca de algunas noticias.

Cosas de la vida moderna.

La tribuna

En los programas de 12 pasos, como el que yo practico, existe una herramienta que se llama la “tribuna”. Es un mueble “podium” detrás del cual te paras y tienes 15 minutos para hacer catársis. Es una maravilla poder echar para afuera todo eso que te está comiendo por dentro. Las personas que te escuchan, no pueden o no deben decirte nada. No deben darte consejos ni ofrecerte ayuda. Si necesitas ayuda, más personal, para eso existe la figura del “padrino” a quien uno se acerca en privado y le pide que lo ayude.

Con frecuencia yo hablo de mis hijos en la tribuna. Y toda vez que es un instrumento de catársis, pues ni modo, he de admitir que hablo de mis hijos en tanto cuanto me generan dolores de cabeza. Ese es el chiste, compartir de viva voz las preocupaciones – los corajes –  los dolores – las penas – los nervios y la ansiedad.

Así lo hice hace algunos días y al bajarme de la tribuna, acto seguido hizo uso de ella una compañera joven, guapa y muy inteligente, para decir que ella no quería tener hijos nunca en su vida never ever in her life. Y la verdad me sentí muy mal. Me imaginé que ella, por escucharme, había decidido librarse o privarse de una de las más maravillosas bendiciones de Dios, y para mi, la más maravillosa de las bendiciones, que es, tener hijos.

Me hago la nota mental de compartir en la próxima tribuna…

  • La emoción que me dio el martes por la noche de ver a Pablo tocando su guitarra en el coro de la escuela
  • La tranquilidad que sentí cuando Andrés me hizo una descripción detallada de las fechas importantes de su escuela: día de ingreso, día de pago, pendientes, etc.
  • Lo fantástico que es cuando ambos se acercan y nada más porque sí, me dan un besito y un abracito
  • La felicidad que siento cuando se ríen de mis chistes, que me esfuerzo mucho en que sean muy chistosos, solamente para ver que se ríen de mis chistes
  • Lo orgullosa que me siento cada vez que los veo entrar por la puerta, o yo entro por la puerta y los veo. En 17 años, qué serían, ¿unas 50 mil veces?
  • Lo emocionante que es cuando les compro algo, que sé que les va a gustar, y sé que voy a disfrutar, yo más que ellos, ver la expectativa y el agradecimiento en sus caras
  • Lo agradecida que estoy con Dios de su salud, su personalidad, sus pensamientos, sus inclinaciones, sus parecidos, sus pequeñas ambiciones.

No tiene nada de facil. Solamente tiene todo de espectacular. Tener hijos es lo mejor del mundo.

El detalle de “Roma”

“Roma” es la película de Alfonso Cuarón producida por Netflix. Cinépolis y Cinemex se negaron a distribuirla pues solicitaron y no obtuvieron un período de exclusividad más largo. Algunos cines no comerciales la están “pasando”; ojalá la mayor cantidad posible de gente la pueda ver en cine. Yo la vi en la sala auditorio del Museo del Mundo Maya.

“Roma” está maravillosa. Bueno, ganó el “León de Oro” del festival de cine de Venecia, ganó 3er lugar en el festival de cine de Toronto, fue designada la mejor película del año por Time Magazine, y una lista enorme de premios y distinciones, que se puede ver aquí.

No voy a contar la trama pues este viernes 14 sale en Netflix. Es maravillosa, pero en varios niveles. A continuación me explico:

Ese día en la sala auditorio del museo del mundo maya estábamos mi marido, mi jefe y yo. Mi marido creció en la ciudad de México, mi jefe y yo aquí en Mérida. Mi jefe es unos diez años mayor que yo. Todos somos setenteros, vivimos nuestra infancia en los años setenta.

Mi marido estaba extasiado con lo que veía en la pantalla, pues le trajo al presente cualquier cantidad de recuerdos de su infancia. Mi jefe también, le trajo muchos recuerdos, porque muchas modas y costumbres que había en la ciudad de México o DF en los años setentas, también las habían aquí en Mérida. Lo mismo me pasó a mi, pero siendo mi jefe mayor que yo, sus recuerdos eran más vívidos; y siendo mi esposo del DF sus recuerdos eran más en cantidad.

La disfruté muchísimo, salí feliz del cine. Obviamente, así la disfrutaron también las personas de Venecia, Toronto, del Time Magazine, que no son de México ni vivieron aquí  en los setentas y con todo, no cesan de alabarla.

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“Roma” tiene un poco para todos. La trama es sencilla y hermosa. La fotografía está de “sin aliento” “breathtaking” como dicen en EUA. El detalle que logra Alfonso Cuarón no tiene comparación, es increíble lo mucho y perfecto que logra reproducir la vida en México en los setentas. La película te invita a eso, a fijarte en el detalle. Cuando la vean fíjense en lo que ocurre en el primer plano, en el segundo plano, en las esquinas de la pantalla, en todas partes. Por eso “Roma” es para todos, aunque cuenta una historia muy mexicana, porque estás en medio de la historia y descubres los detalles, y te llena de emoción como un detective que descubre la clave del misterio.

Está nominada al Globo de Oro como mejor película extranjera. Pienso ver la ceremonia con unos cuantos tomates listos para lanzarlos a la pantalla de la tele si no le dan el Globo de Oro a Alfonso Cuarón. Desafortunadamente no estaré en Los Angeles para tirárselos personalmente a los miembros de la Asociación de Periodistas Extranjeros de Hollywood, pero con las ganas no me voy a quedar, no señor.

No se pierdan Roma, por favor.

Lucía Filosofía

¡No puedo creer que he estado estudiando filosofía desde agosto y no lo había compartido en ninguna red social ni tampoco en facebook! Parece imperdonable.

Desde que salí de la carrera en el 95, he querido estudiar un posgrado. De hecho comencé a estudiar Administración Pública. Éramos en el aula, un grupo de abogados y yo. ¡No entendía nada! ¿Han escuchado hablar a un grupo de abogados entre ellos? Hablan castellano y sin embargo, no se les entiende nada.

Cuando comenzamos a ver derecho fiscal financiero, entendí que de plano esto no era para mi. Esto fue en 1996. Estudié dos trimestres de la maestría y la dejé, y me pasé los siguientes años explicando a mucha gente, porqué no había terminado lo que empecé.

Después me casé, tuve hijos, entré a trabajar… por una u otra razón, que puede ser falta de tiempo, falta de dinero, falta de que la maestría que yo quería estudiar (mercadotecnia) no se abría por falta de quorum… así van pasando las razones y con ellas los días y los meses.

Hasta que en esta primavera del 2018 me voy enterando que la Universidad Marista abre la convocatoria para estudiar una maestría en filosofía y ética. (Se llama: maestría en pensamiento filosófico y ético). Pensé: “esta es la mía”. Conseguí, gracias al rector Miguel Baquedano, una beca, y me inscribí feliz de la vida.

La primera sesión me moría de miedo. Mi conocimiento en filosofía se había reducido a lo que había aprendido en prepa, hace muchos años. Pensé que me iba a pasar igual que con aquella otra maestría para abogados, pensé que no iba a entender nada.

Mis temores fueron totalmente infundados. Está maravillosa. Estudiamos las diversas corrientes filosóficas cuyo objetivo es “el buen vivir” del ser humano; pensamiento de los seres humanos más brillantes de muchas centurias. Realmente fascinante poder ver como las mismas problemáticas de hoy, se aplicaban y existían desde el siglo VI antes de Cristo.

filosofía

Aprendemos a pensar de manera rigurosa, es una parte importante de la maestría. Esta habilidad ya la estoy poniendo en práctica tanto así que mi jefe me ha dicho un par de veces: ¡no puedo rebatir tus argumentos! — y yo pensando: ¡Claro que no! ¡porque son sólidos y están bien elaborados!

Hemos leído muchísimos textos. Nunca creí ni pensé que sería capaz de leer y entender a Sócrates, Leibniz, Hegel, Kant, Derrridá, Deleuze o Dussel. Ahora que he empezado, no puedo parar. Me parece interensantísimo lo que plantean y me ha abierto los horizontes en mi cerebro, en mi cabezota, de forma amplia y profunda.

Gracias a Dios que me aventé al ruedo, a la aventura de estudiar filosofía. Lo recomiendo muchísimo, muchísimo. Muchísisisiisisisimo.

Pablo Saturday Night

Mi hijo Pablo tiene 15 años. Me dice ayer sábado. “Mamá ¿puedo ir a la fiesta del amigo de un amigo?” Se me electrizó la piel. No puedo dar razones claras y profundas, solamente que eso que vaya a casa del amigo del amigo, no me hizo mucha gracia. “OK” le dije “puedes ir, pero, si tomas una gota de alcohol o fumas, te quedas encerrado en tu casa los próximos seis meses. Y prohibido comer halls, mentas, certz ni nada similar”

Me pasó la ubicación de la casa del amigo del amigo y estaba en una colonia, que no voy a decir cuál, pero que no es precisamente muy segura, desde mi punto de vista. “Pablo, ¿ya viste donde vive este muchacho?” “¡¡Ay mamá a ti solo te interesa que sean personas de dinero!!” “Hijo, muchas gracias por considerarme una wannabe, pero no es eso, sino que hay colonias más seguras que otras y esta no es muy segura que digamos”

Total que llevé al niño a su fiesta. Lo dejé y me fui a una fiesta sorpresa en casa de una amiga, esta sí, en una colonia fifí. Apenas acababa de saludar a las señoras que estaban en la reunión, también fifís, me llama mi hijo Pablo.

  • -¿Qué paso? -le dije
  • -Mamá, acaban de traer alcohol y cigarros, me quiero ir, vente a buscarme.
  • -Voy para allá.

En ese instante comencé a despedirme de las señoras, quienes me dijeron varios insultotes, (nada fífís) por irme tan pronto; en eso me habla de nuevo mi hijo. “Mamá, vino el papá de Patricio a buscarlo y nos dice que si nos deja en City Center un rato”. La verdad no me gusta que vaya al City Center, del que me han contado muchas historias del terror, pero ciertamente estaba buenísimo el chisme y también me daba pena que su sábado se haya arruinado, además que me había dado una buena prueba de madurez, así que lo dejé ir.

Un par de horas después lo fui a buscar a City Center… estaban él y su amigo sentados en una banca; me pareció un bebé, tan lindo, tan inocente, ay no sé, me dio mucha ternura.

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Al subirse al coche me contó. Cuando los papás del niño salieron a comprar las pizzas, unos muchachos “grandes” llevaron unas botellas de alcohol, las cuales solamente dejaron y se fueron. El amigo del amigo escondió las botellas. Otro de los muchachitos fue a comprar cigarros. Cuando vio que pasaba eso, fue que me habló mi hijo, para que lo vaya a buscar.

Lo felicité por su madurez. Me dijo Pablo;  “¡mamá, tú y papá son demasiado sobreprotectores!”. No sé porqué, pero lo tomé como un halago, un cumplido que me gustó mucho.

El salón de belleza

Por alguna razón yo soy muy canosa desde muy joven.

Para mi primer embarazo tuve dos doctores. El primer doctor que me atendió durante los primeros meses era un doctor español, muy tradicional, muy a la antigua. Me dijo que durante los nueve meses no podría pintarme el pelo. Eso fue hace más de 17 años y fue la última vez que vi mi pelo como es realmente, sin tinte. Está completamente blanco, sobre todo las capas exteriores que son las que importan porque las interiores nadie puede verlas.

Nada envejece más que el pelo blanco, dijo Kate Winslet alguna vez, antes de que se hunda el barco. Yo le doy la razón, para seguir la moda del pelo platinado o blanco más te vale que tengas 25 años o de lo contrario te estás echando encima unos cuantos kilos de vejez. (o litros, si quieres que la vejez sea líquida en vez de sólida)

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Desde muy joven me pinto el pelo para cubrir las canas, digamos desde que tengo 24, 25 años. Una vez saqué la cuenta de todo el tiempo que he estado en el salón de belleza, si cada sesión es de dos a tres horas, durante más de 30 años continuos (excepto los nueve meses de mi primer embarazo) más o menos he estado metida en algún salón de belleza durante todo un año. Así que este 21 de octubre del 2018 podemos decir que cumplí un año menos de  mi edad cronológica; ya que 12 meses enteros no los viví, solamente estuve en el salón belleza sentada frente a un espejo con una persona aplicándome color en la cabeza.

Se recomienda tener el pelo lo más sucio posible, porque de lo contrario arde muchísimo la aplicación en el cuero cabelludo. Con una brochita te ponen el tinte número 4.3 en la raíz del cabello; se deja reposar unos 45 minutos; se extiende al resto del pelo; se lava; y finalmente, se seca con secadora.

Estando allá, aprovecha uno para hacerse manicure, pedicure, tal vez un corte, depilarse las cejas y el bigote, en fin. El negocio del salón de belleza puede ser un negociazo porque nadie aguanta la tentación de “aprovechar que estoy aquí”. Luego el mismo que te aplica el tinte te ofrece productos para evitar la caída del cabello, para que no se decolore o para que quede hermoso, brilloso y sedoso.

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Mi cana es sumamente plateada y muy dura; no es fácil que se cubra. Además, el pelo me crece rapidísimo. Resultado: ya estaba visitando el salón cada 14 días, 17 días. A punto de empobrecer por culpa de mis canas, el caballero que se encarga de mi pelo, me dijo: “vamos hacer una extracción de color y después aplicamos un siete”. Dicho y hecho me decoloró el pelo, de tal forma que quedé como un pollito de esos de granja; después aplicó un siete. Mi pelo se ve como castaño claro rubio cenizo dorado yaba-daba-do.

Estuve seis horas en el salón, y qué bueno que valió la pena porque pasaron 23 días para que yo regresara a que me aplicaran tinte en las canas.

Son gajes del oficio, de tener más de 25 años.

Lucía niña y Lucía adolescente

Una persona que respeto mucho, (mujer como yo), ella muy profesional, inteligente, muy capaz. Me sorprendió grandemente hace algunas semanas cuando me dijo que había escrito la siguiente frase y colocado en su escritorio donde la podía ver y leer con frecuencia: “los demás no me quieren hacer daño”

Me sorprendió porque nunca hubiera pensado que ella, con su profesionalismo, capacidad, experiencia, siente lo mismo que siento yo. Y no es la primera vez que sé, de personas que tienen esa leve sospecha, de que los “demás” quieren lastimarnos.

Este convencimiento, de que la gente quiere molestarnos, lastimarnos, jorobarnos, viene de la imagen que tengo yo, de mi misma, que de-sa-for-tu-na-da-men-te puede ser muy pobre. Sucede que yo no puedo meterme en la cabeza de las otras personas ni ver son sus ojos. Cuando alguien me conoce o me trata, yo pienso que me evalúan igual que yo me evalúo a mi misma; me califican igual que yo me califico a mi misma, con muy bajos números.

Por eso cuando pienso “Fulano no confía en mi” es porque yo no confío en mi; si pienso “Fulano me quiere hacer daño” es porque yo pienso que merezco que me hagan daño; si pienso “Fulano me quiere lastimar” es porque yo soy muy capaz, también, de lastimarme a mi misma.

Esa imagen que de repente puedo uno tener de sí mismo, como muy baja, no tiene nada que ver con logros ni éxitos, tiene que ver con otras situaciones, muy largas de contar. Sin embargo, es una realidad. Que perjudica mucho en la vida en general, tanto para sí mismo como para los demás.

De repente encontré en mi casa un libro muy bueno que tiene algunos años ya de haberse publicado y que no había leído anteriormente. Se llama “Los seis pilares de la autoestima” del Dr. Nathaniel Branden. El libro es algo denso, no es de muy fácil lectura. No es “Condorito” pero tampoco es Schopenhauer. Me lo eché todo y al final viene una sección de frases para completar. (ejemplos aquí)

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Esas frases se completan rápidamente con lo primero que viene a la cabeza de uno y sirven mucho, al menos a mi me sirvieron para cambiar ciertas creencias o actitudes. Son más de treinta semanas de frases, y aún después hay una segunda etapa con otras treinta y tantas semanas más. Más o menos a la mitad de la primera tanda, vienen frases como estas:

  • If the child in me could speak, he/she would say… Si la niña en mi pudiera hablar, ella diría…
  • If the teenager I once was still exists inside of me… Si la adolescente que alguna vez fui, todavía existe en mi interior…
  • If my teenage self could speak, he/she would say… Si mi adolescente interior pudiera hablar, ella diría…
  • At the thought of reaching back to help my child self… Cuando pienso en ayudar a mi niña interior….
  • Etc.

Durante varias semanas, las frases tienen que ver con la niña que una vez fui y la adolescente que alguna vez fui. Medio intrigada por la naturaleza de las frases busqué en internet algo de literatura al respecto y encontré que efectivamente es muy importante lograr una buena relación conmigo misma, del presente, y conmigo misma, de antaño. Ni idea tenía que mi yo de niña/adolescente necesita que yo adulta esté pendiente de ella.

Aquí considero pertinente aclarar que yo no soy psicóloga ni coach de vida ni nada, solamente me gusta el tema y por eso escribo acerca de éste.

Total que me puse a escribir las frases y es muy importante que el mensaje que yo le entregue a mi yo adolescente y a mi yo infantil sea positivo porque aquí se trata de mejorar no de empeorar. Después de semanas de escribir las frases, pude observar que como por arte de magia, mejoró muy baste enorme mucho mi apreciación de mi misma, y por lo tanto la apreciación o la imagen de mi que yo pienso que tienen los demás. Por lo tanto, luego entonces, ya no ando pensando que todo el mundo me quiere joder y ya no ando viendo moros con trinchetes en cada esquina.

Y por lo tanto, mi nivel de ansiedad ha bajado muchísimo. La vida, que ya era muy disfrutable y agradable, ahora es más disfrutable y más agradable.

Como dijo Robert Kennedy: “Es a partir de innumerables actos diversos de coraje y valor que la historia de la humanidad se forma cada vez que un hombre defiende un ideal o actúa para mejorar la suerte de los demás o se opone a la injusticia. Envía una pequeña onda de esperanza, y cruzándose entre sí desde un millón de centros diferentes de energía y audacia, esas ondas crean una corriente que puede barrer la pared más poderosa de la opresión y la resistencia

 

El mundo sin problemas

No existe el mundo sin problemas. Con esta frase puedo terminar mi escrito y seguir lo que estaba haciendo (leyendo un entretenido libro sobre los Kennedy que se llama “Gracia y Poder”), más sin embargo me siento en la necesidad de elaborar mi punto.

Me gustaría saber si hay más personas, que como yo, consideran un ideal y hasta una obligación vivir una vida sin problemas. Esto puede deberse, en mi caso, a que yo pasé muchos años desde que nací hasta más o menos los 15 años, sin problemas. La escuela no me costaba trabajo, y al llegar a mi casa había comida y ropa y techo, había doctores cuando me enfermaba así como medicinas. Los niños no necesitan ni exigen más cosas para estar tranquilos para ser felices. Somos nosotros los adultos quienes les metemos esas ideas en la cabeza. Pero ese, es otro tema.

Después de muchos años sin prácticamente ningún inconveniente, más o menos a los 15 años se me presenta un pequeño problema, este es, que me gustaba un niño y que este niño no me hacía el menor caso. Esta situación se repitió durante muchas ocasiones más con otros muchachos, y siempre era la misma historia, el muchacho “X” me gustaba y él no hacía otra cosa que ignorarme. Esto me hacía sufrir porque no había nada que pudiera yo hacer para remediarlo (o lo que hacía no servía de nada) y este fue mi único problema durante muchos otros años más, digamos hasta que me casé, a los 29 años, con el único que sí me hizo caso y gracias al cual pude formar una familia.

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Comencé a ver de qué lado masca la iguana o a entender lo que es amar a Dios en tierra de indios o cualquier frase hecha similar, cuando nacieron mis hijos, primero Andrés y después Pablo. A partir de ahí (32 años exactamente) y a la fecha, que voy a cumplir 49 en cualquier momento, la vida, mi vida ha sido una serie de problemáticas para solucionar, a veces se incrementan a veces disminuyen pero nunca desaparecen. Tienen que ver con todo lo imaginable desde la generación de dinero hasta gastos que se tienen que hacer, hasta la tristeza de mis hijos por … sus problemas…  pasando por vestimenta, enfermedades (GRACIAS A DIOS NADA GRAVE, lo de “gracias a Dios” subrayado en negritas un millón de veces), saber cuándo dar permisos y cuando negarlos, cosas que se echan a perder en la casa, situaciones que tengo que resolver en el trabajo, fiestas que organiza mi vecino hasta las 3 de la mañana, lluvia que cae encima de la ropa tendida en el patio, personas que ganan la presidencia de la república y se rodean de ratas inmundas y corruptas para combatir la misma corrupción, presidentes de países vecinos que casualmente es el más poderoso del mundo y hacen cambios al tratado comercial más importante del país, aumentos en los precios de la gasolina y de casi todo lo que compra uno, viajes del marido, refrigeradores que se echan a perder, documentos que tiene uno que tramitar, cabello que debe de teñirse para que no se vean las canas, buscar tiempo debajo de las piedras para hacer algo de ejercicio por mandato del ginecólogo y por simple sentido común, y un largo, larguísimo etc.

En resumen lo que quiero decir con estos párrafos es que, desde mi punto de vista, es un error añorar y mirar con deseo a esos años (que fueron bastantes) en los cuales estuve casi sin problemas… me sucedió, cuando llegué a mi casa el viernes para descubrir que los cajones de las verduras del refrigerador se habían roto y que debido a eso la puerta no cierra bien; sentí un fastidio, un cansancio que aunado al de toda la semana, me hizo suspirar para que volvieran esos años en los que mi único problema era que Javier no me hacía caso.

Gracias a Dios puedo entender que eso es una tontería, ni Javier me va hacer ningún caso (lo cual celebro porque entiendo que está bastante neuras el pobre y además porque aprecio mucho a mi propio esposo), ni tampoco se va acabar el mundo por el refrigerador que se echa a perder. Hay tanta gente con problemas de verdad serios y pesados, hay gente que no tiene ni siquiera un poco de seguridad porque vive en países con guerra o porque vive en ciudades conflictivas; personas que no tienen salud aunque tienen dinero; en fin, quien soy yo para añorar un mundo sin problemas.

Bienvenidos los problemas ya que con el favor de Dios todo tiene solución. Por algo los manda el mismo Dios, ¿no es así?

Feliz Cumpleaños Armando

Hoy hubiera cumplido años Armando. Tenía uno o dos años menos que yo así que estaríamos celebrando sus 46 ó 47 años.

Armando murió hace algunos años, muy joven. Una muerte completamente innecesaria. Cuando estás en tus cuarentas no se supone que vas a morir. Se supone que estás a la mitad del camino y que ya tienes algo de experiencia en algunas cosas y absolutamente ni idea de qué hacer en otras muchas; en tus conversaciones ya puedes utilizar la frase “…hace veinte años…” y todavía te parece increíble que hace veinte años ya tenías credencial de elector y responsabilidades de adulto.

Tendremos cuarenta, tendremos cincuenta años, tendremos hijos y obligaciones, tendremos empleos y objetivos que cumplir, y sin embargo seguimos sintiendo también, lo mismo que a los 18, 20 ó 22 años. Mucha inseguridad, muchas dudas, muchas preguntas acerca de que si estoy haciendo lo correcto; deseos de mandarlo todo a volar y quedarme viendo la tele o durmiendo; ganas de reír y echar relajo sin tener una preocupación en esta vida. Nuestra mente vuela añorando esos años (hace más de veinte años que pasaron) de despreocupación y diversión; estamos volando mentalmente, cuando la voz de uno de nuestros hijos o de nuestro esposo/a o de nuestros colaboradores del trabajo nos despierta para hacernos pisar la realidad.

En fechas como hoy, facebook viene y te dice “Es cumpleaños de Armando, ¡ayúdalo a celebrar!” porque una de las novedades de la vida moderna es que tienes a facebook para mantenerte vivo el recuerdo de la persona que debería estar celebrando su cumple pero ya no está con nosotros. Armando, Alejandro, José Luis, son tres amigos que se fueron demasiado pronto y que nunca me imaginé que me costaría tanto trabajo reponerme de su ausencia, y sin embargo aquí estamos, con nuestros trabajos nuestros compromisos nuestros hijos nuestros pendientes, los pagos que tenemos que hacer, el inicio de curso escolar, el dentista de Pablo, el piano de Andrés, las cosas que te mantienen atado a esta vida, algunas muy disfrutables, otras no tanto, mientras piensas: hoy hubiera sido cumpleaños de Armando.

Feliz cumpleaños Armando, donde quiera que estés.

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Ni la más inteligente ni la más tonta

Yo no me considero ni la más inteligente ni la más tonta. La más tonta, tal vez podría ser aquella del chiste que estaban tres mujeres en el desierto y llevan muchos días perdidas, están cansadas y con hambre, sed, adoloridas, en fin la situación no es buena. De pronto como siempre pasa en estos chistes encuentran una lámpara mágica, la frotan y aparece, claro que sí, un genio, que les dice que cada una tiene un deseo.

  • La primera pide irse a su casa con su familia y zaz concedido
  • La segunda pide irse a su casa con su familia y zaz concedido
  • La tercera dice “me siento sola, me gustaría ver a mis amigas…” y zaz concedido también.

Tal vez no soy tan tonta como la del chiste también creo que no soy tan inteligente como Madame Curie, Golda Meir, Indira Gandhi o como Luisa May Alcott o Jane Austen, Kate Middleton o Letizia Ortiz. O tan abusada como la Gaviota que al parecer es más lista que todas las antes mencionadas juntas.

Dicho esto, quiero aceptar, admitir, que no entiendo el problema del aborto.

Para mi está más que claro que el aborto es matar a otro individuo y que la diferencia entre matarlo antes de nacer o después de nacer es únicamente de tiempo o de edad. No entiendo porque la mujer que practica el aborto es “víctima” si ha tenido a su alcance cualquier cantidad de métodos anticonceptivos siendo uno de los más bonitos y baratos el que se conoce como cerrar las piernas.

Mi hijo mayor Andrés nació un 20 de octubre; el 7 de septiembre siguiente yo estaba en casa de una de mis mejores amigas porque era su cumple. Por eso no se me olvida la fecha. Era el cumple de mi amiga. Nos sentamos a echar el chisme y me dice ella “¿una cervecita?”; sabiendo que mi respuesta era invariablemente afirmativa, ya estaba destapando la bien helada cuando para su sorpresa le dije “no caray, no puedo. Creo que estoy embarazada”

Mi hijo Pablo estaba ya bien colocado en su lugar de gestación; nació el 8 de mayo, a las 38 semanas de gestación por lo tanto, cuando rechacé esa deliciosa cervecita, Pablo tenía 3 semanas de VIDA y más o menos este tamaño:

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De una de estas semillas, en tamaño real, aprox 0.4 cms. NO cuatro centímetros, sino el 40% de UN centímetro. Y de ese pequeño tamaño, Pablo estaba firmemente colocado y VIVO en su lugar. A mi no me lo cuentan. Se siente clarito cuando estás embarazada, se siente que una PERSONA está ahí, bien instalado/a.

Esta persona (pequeñita) no se tiene la culpa ni es su responsabilidad la forma en la que llegó a instalarse ahí, al vientre de la señora que lo está cargando. Si la señora no tenía planes de tener hijos, si es producto de una violación, si su pareja es un borracho pegador y mujeriego, si la señora utilizó métodos anticonceptivos que fallaron, la PERSONA ahi instalada adentro de ella no se tiene la culpa ni le vale un cacahuate, así como tampoco le importa al que trabaja en el Oxxo o al presidente de la república o al tío pancho de la misma señora.

El nuevo bebé, el presidente de la república, el empleado del Oxxo y el tío pancho, todos tienen en común que son personas independientes, ajenas a la señora, y que matarlos es un delito, está mal en el 100% de los casos.

Por eso me cuestiono mi inteligencia, porque por más que le doy vueltas al asunto, no entiendo, como puede estar bien matar a la semillita de sandía, (o dicho de otra forma: como puede ser un “derecho” el aborto), y en cambio no está bien matar al presidente, al del oxxo ni al tío pancho. Nunca lo entenderé.

Agradecemos al Sol su participación en esta historia

Con el “Sol” no me refiero al cantante de todos conocido, amado por unos, detestado por la Chule, odiado por otros más. Me refiero al astro que está al centro del sistema solar, fuente de energía desde hace billones de años y que seguirá proveyendo luz, calor y más energia durante algunos millones más.

Nosotros nos mudamos aquí donde vivimos hace varios años. Cuál no fue nuestra sorpresa cuando caímos en la cuenta de la forma más dolorosa posible de que en la periferia de la ciudad, se paga más por el kilowatt de electricidad. No sé porque yo tenía la idea de que sería más barato. Nanay de Paraguay.

RECIBO JULIO

Perdimos el subsidio al primer o segundo bimestre de vivir aquí. Llegaban unos cuentones tremendos de electricidad. En la casa de ustedes utilizábamos lo menos posible, iluminándonos prácticamente con velitas, siempre cuidando el consumo (“¡¡¡APAGA EL AIRE ANDRÉS!!!! ¡¡¡APAGA EL AIRE, PABLO!!!)… sintiendo que se salía el corazón cuando llegaba el recibo y haciendo literalmente sacrificios para pagar cada bimestre. No les voy a decir cuánto era, creánme, era una buena lana.

Siempre soñamos mi esposo y yo con tener páneles solares y le comentamos este sueño a nuestro excelente y querido amigo Raúl Monforte. Raúl  nos hizo algunos presupuestos y la idea era ahorrar el dinero pero en esta vida moderna siempre hay gastos y pagos; el tiempo iba pasando y no llegábamos al ahorro estipulado.

Hasta que un buen día, un maravilloso día, un magnífico día. Me habla Raúl Monforte. RIIINNGGG ¿sí bueno? … Me dice Raúl “pásame tu CURP y tu número del Servicio Social”. Inmediatamente le dí los datos requeridos.

Resulta que tenía yo un dinero en mi subcuenta del Infonavit. Yo trabajo desde los años 90s y nunca había utilizado el dinero de mi subcuenta. Un joven de nombre Juan Carlos de una empresa llamada ONIS VIDA hizo todos los trámites. LITERALMENTE hablando yo no tuve que mover ni un dedo. ONIS VIDA hizo todos los trámites con el Infonavit y con la empresa de Raúl, que se llama Ingeniería y Desarrollo de Yucatán.

Con un profesionalismo que ya lo quisiera el “Sol” (ahora sí me refiero a Luis Miguel), Ingeniería y Desarrollo de Yucatán llegaban a las 8 punto cero cero a mi casa, trabajaban todo el día y más pronto que tarde la instalación quedó lista. Luego tuvimos que esperar unas semanas a que la CFE hiciera el cambio de medidor. Y desde entonces, hasta ahora, nuestro recibo de luz eléctrica ha sido de CERO.

En este bimestre con el calor que nos ha enviado el Sol, (el de verdad), confieso que yo tenía un poco de miedo porque los aires han estado trabajando a todo lo que da. Pero cual no ha sido mi felicidad y algarabía cuando veo que mi recibo nos llegó, otra vez, en CERO PESOS.

No estoy de acuerdo con quienes dicen que no ponen paneles porque cuánto tiempo se van a tardar en amortizar la inversión. Es como que digas “mi casa me costó tanto dinero, si yo viviera en una casa rentada, ¿cuánto tiempo me tardaría en amortizar?” la casa de uno es su patrimonio, lo que dejará a sus hijos; también pienso yo que los paneles solares son una inversión, no un gasto.

Aún así, puedo decirles que con los tres bimestres que me llegaron en ceros yo ya amorticé la quinta parte de los paneles solares. En algunos pocos años ya desquité toda la inversión.

Esta será la última vez que hablo o publico de mis paneles solares porque ya estuvo bueno de estar faroleando. Lo comento porque pienso que es una excelente idea y pienso que mi experiencia puede ayudar a otra gente a tomar la decisión. Ojalá se animen, de verdad vale la pena.

Mamá que trabaja

En mi lugar de trabajo, Fundación Bepensa, la estructura es como sigue: hasta arriba el Presidente del Consejo, luego el Consejo, luego el Gerente y luego dos jefes de proyectos, uno de los cuales soy yo. Hace algunos días, regresando de Tizimín, el Gerente le dijo al Presidente: “Fernando, ¿cuándo quieres que nos reunamos para revisar pendientes?” Fernando le contesta, medio serio medio en broma, “¡Cuándo Lucía quiera! ¡qué decida Lucía!”

Todavía medio sin entender, le dije “Fernando, a tus órdenes” Su respuesta fue: “las últimas dos juntas te saliste a la mitad. Así que tú eres la más ocupada. Así que ¡tu pon la fecha!”

Roja como un tomate, o como el logo de Coca Cola, tuve que reconocer la absoluta verdad del comentario. La junta anterior tuve que salir antes de tiempo porque era la obra de Teatro de mi hijo Andrés. Y la junta anterior a ésta, igual me tuve que retirar antes de que termine por que era el festival de fin de curso, también de mi hijo Andrés.

Roja como el logo de Coca Cola, y muy muy apenada, le dije bajito:  “…es que junio es un mes muy complicado…”

Cuando se es una mamá de trabaja, yo no puedo hablar por las demás mamás, pero puedo hablar por mi. Yo como mamá que trabaja me queda muy claro que mi prioridad es ser mamá. Mis jefes lo saben y también mis patrones y creo que se lo he dicho a toda la empresa. Primero mis hijos. Fin de la discusión.

Eso no quiere decir que yo soy la mejor mamá del mundo, lejos de eso, ni que me vayan a dar un premio por mis extraordinarias dotes como madre y esposa, para nada. Solamente quiere decir que en la vida hay prioridades y para mi me queda claro cuales son las mías. Tampoco quiere decir que yo dejo tirado el trabajo, que no cumplo mis objetivos, que no repongo el tiempo de trabajo que me conceden para ver cosas de mis hijos;  y que lo hecho todo, de la mejor manera posible, haciendo mi mejor esfuerzo.

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Soy una mamá que trabaja feliz porque me encanta lo que hago, y en Bepensa nunca de los nuncas me han negado un permiso para atender situaciones que tienen que ver con mis hijos. Mi esposo también está muy pendiente y ahí la vamos llevando. Y mis hijos han tenido que aprender que hay cosas que no se pueden hacer porque su mamá trabaja.

Quedamos en que la próxima vez que nos veríamos sería el tres de julio y … no voy a poder ir por un trámite de mi hijo Andrés que a fuerza tienen que ir ambos papás. Parece chiste. Muerta de la verguenza le pedí muchas disculpas a Fernando, y él, de lo más amable y comprensivo, supo entender.

Así es esto, en la vida hay prioridades.