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La tribuna

En los programas de 12 pasos, como el que yo practico, existe una herramienta que se llama la “tribuna”. Es un mueble “podium” detrás del cual te paras y tienes 15 minutos para hacer catársis. Es una maravilla poder echar para afuera todo eso que te está comiendo por dentro. Las personas que te escuchan, no pueden o no deben decirte nada. No deben darte consejos ni ofrecerte ayuda. Si necesitas ayuda, más personal, para eso existe la figura del “padrino” a quien uno se acerca en privado y le pide que lo ayude.

Con frecuencia yo hablo de mis hijos en la tribuna. Y toda vez que es un instrumento de catársis, pues ni modo, he de admitir que hablo de mis hijos en tanto cuanto me generan dolores de cabeza. Ese es el chiste, compartir de viva voz las preocupaciones – los corajes –  los dolores – las penas – los nervios y la ansiedad.

Así lo hice hace algunos días y al bajarme de la tribuna, acto seguido hizo uso de ella una compañera joven, guapa y muy inteligente, para decir que ella no quería tener hijos nunca en su vida never ever in her life. Y la verdad me sentí muy mal. Me imaginé que ella, por escucharme, había decidido librarse o privarse de una de las más maravillosas bendiciones de Dios, y para mi, la más maravillosa de las bendiciones, que es, tener hijos.

Me hago la nota mental de compartir en la próxima tribuna…

  • La emoción que me dio el martes por la noche de ver a Pablo tocando su guitarra en el coro de la escuela
  • La tranquilidad que sentí cuando Andrés me hizo una descripción detallada de las fechas importantes de su escuela: día de ingreso, día de pago, pendientes, etc.
  • Lo fantástico que es cuando ambos se acercan y nada más porque sí, me dan un besito y un abracito
  • La felicidad que siento cuando se ríen de mis chistes, que me esfuerzo mucho en que sean muy chistosos, solamente para ver que se ríen de mis chistes
  • Lo orgullosa que me siento cada vez que los veo entrar por la puerta, o yo entro por la puerta y los veo. En 17 años, qué serían, ¿unas 50 mil veces?
  • Lo emocionante que es cuando les compro algo, que sé que les va a gustar, y sé que voy a disfrutar, yo más que ellos, ver la expectativa y el agradecimiento en sus caras
  • Lo agradecida que estoy con Dios de su salud, su personalidad, sus pensamientos, sus inclinaciones, sus parecidos, sus pequeñas ambiciones.

No tiene nada de facil. Solamente tiene todo de espectacular. Tener hijos es lo mejor del mundo.

El detalle de “Roma”

“Roma” es la película de Alfonso Cuarón producida por Netflix. Cinépolis y Cinemex se negaron a distribuirla pues solicitaron y no obtuvieron un período de exclusividad más largo. Algunos cines no comerciales la están “pasando”; ojalá la mayor cantidad posible de gente la pueda ver en cine. Yo la vi en la sala auditorio del Museo del Mundo Maya.

“Roma” está maravillosa. Bueno, ganó el “León de Oro” del festival de cine de Venecia, ganó 3er lugar en el festival de cine de Toronto, fue designada la mejor película del año por Time Magazine, y una lista enorme de premios y distinciones, que se puede ver aquí.

No voy a contar la trama pues este viernes 14 sale en Netflix. Es maravillosa, pero en varios niveles. A continuación me explico:

Ese día en la sala auditorio del museo del mundo maya estábamos mi marido, mi jefe y yo. Mi marido creció en la ciudad de México, mi jefe y yo aquí en Mérida. Mi jefe es unos diez años mayor que yo. Todos somos setenteros, vivimos nuestra infancia en los años setenta.

Mi marido estaba extasiado con lo que veía en la pantalla, pues le trajo al presente cualquier cantidad de recuerdos de su infancia. Mi jefe también, le trajo muchos recuerdos, porque muchas modas y costumbres que había en la ciudad de México o DF en los años setentas, también las habían aquí en Mérida. Lo mismo me pasó a mi, pero siendo mi jefe mayor que yo, sus recuerdos eran más vívidos; y siendo mi esposo del DF sus recuerdos eran más en cantidad.

La disfruté muchísimo, salí feliz del cine. Obviamente, así la disfrutaron también las personas de Venecia, Toronto, del Time Magazine, que no son de México ni vivieron aquí  en los setentas y con todo, no cesan de alabarla.

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“Roma” tiene un poco para todos. La trama es sencilla y hermosa. La fotografía está de “sin aliento” “breathtaking” como dicen en EUA. El detalle que logra Alfonso Cuarón no tiene comparación, es increíble lo mucho y perfecto que logra reproducir la vida en México en los setentas. La película te invita a eso, a fijarte en el detalle. Cuando la vean fíjense en lo que ocurre en el primer plano, en el segundo plano, en las esquinas de la pantalla, en todas partes. Por eso “Roma” es para todos, aunque cuenta una historia muy mexicana, porque estás en medio de la historia y descubres los detalles, y te llena de emoción como un detective que descubre la clave del misterio.

Está nominada al Globo de Oro como mejor película extranjera. Pienso ver la ceremonia con unos cuantos tomates listos para lanzarlos a la pantalla de la tele si no le dan el Globo de Oro a Alfonso Cuarón. Desafortunadamente no estaré en Los Angeles para tirárselos personalmente a los miembros de la Asociación de Periodistas Extranjeros de Hollywood, pero con las ganas no me voy a quedar, no señor.

No se pierdan Roma, por favor.

Lucía Filosofía

¡No puedo creer que he estado estudiando filosofía desde agosto y no lo había compartido en ninguna red social ni tampoco en facebook! Parece imperdonable.

Desde que salí de la carrera en el 95, he querido estudiar un posgrado. De hecho comencé a estudiar Administración Pública. Éramos en el aula, un grupo de abogados y yo. ¡No entendía nada! ¿Han escuchado hablar a un grupo de abogados entre ellos? Hablan castellano y sin embargo, no se les entiende nada.

Cuando comenzamos a ver derecho fiscal financiero, entendí que de plano esto no era para mi. Esto fue en 1996. Estudié dos trimestres de la maestría y la dejé, y me pasé los siguientes años explicando a mucha gente, porqué no había terminado lo que empecé.

Después me casé, tuve hijos, entré a trabajar… por una u otra razón, que puede ser falta de tiempo, falta de dinero, falta de que la maestría que yo quería estudiar (mercadotecnia) no se abría por falta de quorum… así van pasando las razones y con ellas los días y los meses.

Hasta que en esta primavera del 2018 me voy enterando que la Universidad Marista abre la convocatoria para estudiar una maestría en filosofía y ética. (Se llama: maestría en pensamiento filosófico y ético). Pensé: “esta es la mía”. Conseguí, gracias al rector Miguel Baquedano, una beca, y me inscribí feliz de la vida.

La primera sesión me moría de miedo. Mi conocimiento en filosofía se había reducido a lo que había aprendido en prepa, hace muchos años. Pensé que me iba a pasar igual que con aquella otra maestría para abogados, pensé que no iba a entender nada.

Mis temores fueron totalmente infundados. Está maravillosa. Estudiamos las diversas corrientes filosóficas cuyo objetivo es “el buen vivir” del ser humano; pensamiento de los seres humanos más brillantes de muchas centurias. Realmente fascinante poder ver como las mismas problemáticas de hoy, se aplicaban y existían desde el siglo VI antes de Cristo.

filosofía

Aprendemos a pensar de manera rigurosa, es una parte importante de la maestría. Esta habilidad ya la estoy poniendo en práctica tanto así que mi jefe me ha dicho un par de veces: ¡no puedo rebatir tus argumentos! — y yo pensando: ¡Claro que no! ¡porque son sólidos y están bien elaborados!

Hemos leído muchísimos textos. Nunca creí ni pensé que sería capaz de leer y entender a Sócrates, Leibniz, Hegel, Kant, Derrridá, Deleuze o Dussel. Ahora que he empezado, no puedo parar. Me parece interensantísimo lo que plantean y me ha abierto los horizontes en mi cerebro, en mi cabezota, de forma amplia y profunda.

Gracias a Dios que me aventé al ruedo, a la aventura de estudiar filosofía. Lo recomiendo muchísimo, muchísimo. Muchísisisiisisisimo.

Pablo Saturday Night

Mi hijo Pablo tiene 15 años. Me dice ayer sábado. “Mamá ¿puedo ir a la fiesta del amigo de un amigo?” Se me electrizó la piel. No puedo dar razones claras y profundas, solamente que eso que vaya a casa del amigo del amigo, no me hizo mucha gracia. “OK” le dije “puedes ir, pero, si tomas una gota de alcohol o fumas, te quedas encerrado en tu casa los próximos seis meses. Y prohibido comer halls, mentas, certz ni nada similar”

Me pasó la ubicación de la casa del amigo del amigo y estaba en una colonia, que no voy a decir cuál, pero que no es precisamente muy segura, desde mi punto de vista. “Pablo, ¿ya viste donde vive este muchacho?” “¡¡Ay mamá a ti solo te interesa que sean personas de dinero!!” “Hijo, muchas gracias por considerarme una wannabe, pero no es eso, sino que hay colonias más seguras que otras y esta no es muy segura que digamos”

Total que llevé al niño a su fiesta. Lo dejé y me fui a una fiesta sorpresa en casa de una amiga, esta sí, en una colonia fifí. Apenas acababa de saludar a las señoras que estaban en la reunión, también fifís, me llama mi hijo Pablo.

  • -¿Qué paso? -le dije
  • -Mamá, acaban de traer alcohol y cigarros, me quiero ir, vente a buscarme.
  • -Voy para allá.

En ese instante comencé a despedirme de las señoras, quienes me dijeron varios insultotes, (nada fífís) por irme tan pronto; en eso me habla de nuevo mi hijo. “Mamá, vino el papá de Patricio a buscarlo y nos dice que si nos deja en City Center un rato”. La verdad no me gusta que vaya al City Center, del que me han contado muchas historias del terror, pero ciertamente estaba buenísimo el chisme y también me daba pena que su sábado se haya arruinado, además que me había dado una buena prueba de madurez, así que lo dejé ir.

Un par de horas después lo fui a buscar a City Center… estaban él y su amigo sentados en una banca; me pareció un bebé, tan lindo, tan inocente, ay no sé, me dio mucha ternura.

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Al subirse al coche me contó. Cuando los papás del niño salieron a comprar las pizzas, unos muchachos “grandes” llevaron unas botellas de alcohol, las cuales solamente dejaron y se fueron. El amigo del amigo escondió las botellas. Otro de los muchachitos fue a comprar cigarros. Cuando vio que pasaba eso, fue que me habló mi hijo, para que lo vaya a buscar.

Lo felicité por su madurez. Me dijo Pablo;  “¡mamá, tú y papá son demasiado sobreprotectores!”. No sé porqué, pero lo tomé como un halago, un cumplido que me gustó mucho.

Lástima Margarito

En un restaurante de la ciudad de Mérida, cuyo nombre no mencionaré, uno puede, si quiere, preguntar por el “especial” de la casa. En caso de haber “especial” disponible, el mesero le trae a uno un delicioso “bistec” de venado. Está delicioso. La carne es suave y el sabor es exquisito.

Los venados son lindos; miedoso, huidizos, asustadizos. No estoy segura pero creo que están en riesgo de acabarse. Y también, son deliciosos.

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Como parte de la maestría en filosofía que estoy cursando desde agosto, hemos estado analizando las posturas de filósofos en temas de medio ambiente y ecología.

Sus argumentos a favor de los derechos de los animales son contundentes. Tienen toda la maldita razón. No hay, de verdad no la hay, con ganas de que haya, no existe, una justificación real, en el reino de la moral, para hacer daño a los animales. No se justifica usarlos para experimentación, no se justifica comérselos, no está bien que los fabriquemos en granjas para su consumo. No está bien.

El desarrollo de los argumentos es un poco largo, y a riesgo de caer en un peligroso simplismo, voy a resumir aquí algunos puntos, que no todos:

La pregunta fundamental se dirige al corazón del tema. ¿Quienes tienen derechos? ¿los animales tienen derechos tal como los individuos humanos?

Se dice que los animales no tienen derechos morales porque no tienen responsabilidad moral. Es decir ellos no pueden hacerse responsables de lo que eligieron. Sin embargo, hay seres humanos que tampoco pueden. Bebés, ancianitos, enfermos de esquizofrenia y otras enfermedades como Alzhaimer.

Lo mismo, acerca de la capacidad intelectual, que los humanos tenemos de realizar conceptualizaciones y ejercicios mentales avanzados y los animales tienen, en menor medida. Yo Lucía nunca podré hacer trigonometría más allá de la más básica y eso lo logré con mucho trabajo apenas suficiente para pasar el examen de 1 de prepa con el mínimo aprobatorio. El que yo no pueda hacer matemáticas no quiere decir que otra persona va a venir y llevarse mi pierna y comérsela. O que va a hacer experimentos conmigo para lograr mejores cosméticos. O que me va a meter a una jaula para admirarme.

Un caballo o un perro pueden tener más habilidades intelectuales que un bebé de una semana de vida; o que una persona con discapacidad memtal profunda. La pregunta no es si los animales pueden razonar o hablar, sino si pueden sufrir.

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Hasta hace poco tiempo, no se consideraba precisamente iguales, al menos en los EUA, a los seres humanos con piel oscura y a las mujeres. Ellos no tenían algunos derechos que los hombres de piel clara, sí tenían. ¿no será, que estamos haciendo algo así con los animales? La igualdad de los hombres no se basa en características, estatura, color de piel, sexo. La igualdad de los hombres se basa en un principio moral. ¿No será que esta igualdad abarca también a los animales?

Se dice que los animales no tienen derechos morales porque no tienen un alma; sin embargo, no es comprobable que los seres humanos tengamos un alma. Suponemos que la tenemos, y con todo, si es que es verdad que nosotros tenemos un alma y ellos no, eso debería ser nuestra obligación fundamental protegerlos.

En mi casa seguimos comiendo carne de animal por dos motivos: el primero porque de acuerdo a médicos y biólogos que consulté mis hijos necesitan proteína animal para crecer bien, idea de la que ya no estoy muy convencida; la segunda razón es porque tengo que buscarme el tiempo para aprender y enseñar a la persona que me ayuda con la comida a cocinar alimentos nutritivos sin carne. Mis hijos ya están grandes, creo que ya se la pueden pasar sin carne animal; y lo otro se resolverá de un momento a otro. Así que muy pronto, cuando vaya a ese restaurante donde dan venado, pediré kibis de trigo, otro platillo que les queda muy bueno en ese lugar del cual no diré su nombre.

First man — and I feel alright

La película “First man” del director Damien Chazelle, (quien tiene alrededor de 15 años de edad), tiene cosas buenas y cosas mejorables.

El relato de ocho años de esfuerzos para llegar a la luna, por razones de geopolítica internacional más que nada, está muy bien representado. Las naves que usaban estos valientes hombres para salir más allá de la atmósfera, comparado con lo que tenemos a nuestra disposición hoy por hoy en términos de materiales y tecnología, parecen latas de sopa Campbells son sus respectivas manivelas. Esa fue la primera idea que se me presentó en el cerebro con la película: “Yizuz. ¡Cómo ha cambiado la tecnología”

Miento.

La primera idea que se me presentó en la cabeza fue: “Yizuz. Qué guapo está Ryan Gosling” Mi marido, menos proclive y menos alabatorio ante la belleza masculina, comentó que la película tuvo demasiados “primeros planos” al rostro de Mr. Gosling. Yo lo celebro, que haya sido así.

La pobre Claire Foy, más conocida por su papel de Queen of England, Queen of UK and Queen of GB, no tiene realmente mucha relevancia en la trama. Logra muy bien su papel, no se le percibe ningún acento británico, y la pequeña intervención que exige sus dotes como actriz, la logra dignamente. Sin embargo desde mi punto de vista, sale sobrando un poco en la historia.

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Ryan Gosling está sensacional como Neil Armstrong, dándole al astronauta una personalidad tipo ingenieril que no le gusta hablar, no le gusta la gente, no le gusta la socialité, no le interesa más que su trabajo y que se aisla aún más en sí mismo cuando muere su pequeña hija de cáncer. A diferencia de Buzz Aldrin quien sí se adapta mejor al papel de “héroe” “famoso” “ídolo” y quien incluso, de repente, debería cerrar la bocota. Otra buena actuación la de este muchacho que hizo de Buzz Aldrin, Corey Stoll, quien también ganó una nominación al  Globo de Oro por “House of Cards”

A mi personalmente todas las películas que se desarrollan en los sesentas y setentas me encantan. De hecho, leí en el internet que no es raro que las personas buscamos historias que nos traen al presente nuestra niñez. Por eso me gusta también tanto, “That 70s Show” me recuerda muchísimo a mi etapa infantil.

Las escenas cuando están ellos adentro de los módulos lunares o naves especiales -están adentro de algo- me confundían un poco. Me hubiera gustado una toma más abierta de lo que sucedía también afuera de ellas para situarnos un poquito más. Mentalmente, me apoyé en la introducción a “Mi bella Genio” para darme una idea de lo que pasaba  por fuera.

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Lo mejor de la película (volvemos a “First Man”) son las escenas en la Luna. Se siente el vacío, el silencio, el miedo. De verdad está gente tenía valor, consciente o inconsciente, pero de que había huevos, habían muchos. Siendo ellos tres los únicos en la Luna, uno puede participar de esa gigantesca sensación de soledad; a Dios le doy gracias que no había ningún bebé lloroso o ninguna señora parlanchina en la sala de cine, y pude disfrutar de los momentos de silencio, en silencio.

“First Man” está un poco larga. Aún así, vale la pena verla; pues, ¿cómo cuentas algo así, brevemente?

Se murió alguien que me caía mal

Es la primera vez que me pasa. Las personas que “se me murieron” antes, eran o parientes, personas mayores que yo, por ejemplo, papás, abuelos, tíos; o personas de mi edad más o menos mi generación, pero que me caían bien o no tenía el gusto de conocerlos.

Hasta que, esta semana, se murió una persona que me caía mal.

Yo también le caía mal. Se notaba clarito que él no me soportaba.  Y yo no sé si pude disimular mi desagrado, que sentí hacia él;  pero creo que no. Hay una idea en psicología que dice: “el otro sentirá hacia ti lo mismo que tu sientes hacia él”. Como sea, estoy segura de que yo le caía muy mal. Cuando hablaba, yo, él inmediatamente veia su teléfono con mucha atención como si estuviera viendo la Piedra Rosetta o el final de la serie de Luis Miguel. Incluso algunas veces, de plano, se salió cuando yo entré. Varias veces, lo caché subiendo los ojos al cielo cuando yo hice algún comentario.

Cuando me lo dijeron, “se murió Fulano” lo primero que pensé fue “chispas que mal me caía” pero, en cambio, dije: “¡pobre!”

Y sí, sinceramente me da pena, porque él no quería morirse, igual que nadie o la enorme mayoría no queremos morirnos.

Luego me dijeron: “¿vas a la misa”? y yo pensé: claro que no, si me caía re mal.  Sin embargo, realmente uno puede rezar por el alma de cualquiera aunque no me cayera bien. Incluso se entiende  que el valor espiritual es mayor si estás rezando por alguien que no es tu persona favorita en el mundo.

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Otra idea que he leído es que cuando alguien no nos cae bien, en realidad son defectos o problemas de UNO MISMO que le estás adjudicando al otro. Es decir, quien no me caigo bien es, yo misma, y le cobro la factura al otro que ni culpa se tiene. En efecto, él era muy parecido a mi, en muchos aspectos.

Una persona me dijo que cuando el que conoces es el que murió no tiene mucho caso ir ni al velorio  ni a la misa. Luego vas y no conoces a nadie y al único que conocías no está precisamente en la posición de saludarte ni platicar contigo. Esa persona me dijo “así que, si al único que conocía era el muertito, ¡pues no voy!”

Siguiendo esta lógica no fui, pues no conozco a sus deudos, a sus parientes, y al pobre, yo le caía bien gorda. Capaz se levantaba para decir que “saquen a Lucía de mi velorio, ¡cómo se atreve! ¡la desfachatez!”

Hubiera sido algo digno de contarse.