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Lucía niña y Lucía adolescente

Una persona que respeto mucho, (mujer como yo), ella muy profesional, inteligente, muy capaz. Me sorprendió grandemente hace algunas semanas cuando me dijo que había escrito la siguiente frase y colocado en su escritorio donde la podía ver y leer con frecuencia: “los demás no me quieren hacer daño”

Me sorprendió porque nunca hubiera pensado que ella, con su profesionalismo, capacidad, experiencia, siente lo mismo que siento yo. Y no es la primera vez que sé, de personas que tienen esa leve sospecha, de que los “demás” quieren lastimarnos.

Este convencimiento, de que la gente quiere molestarnos, lastimarnos, jorobarnos, viene de la imagen que tengo yo, de mi misma, que de-sa-for-tu-na-da-men-te puede ser muy pobre. Sucede que yo no puedo meterme en la cabeza de las otras personas ni ver son sus ojos. Cuando alguien me conoce o me trata, yo pienso que me evalúan igual que yo me evalúo a mi misma; me califican igual que yo me califico a mi misma, con muy bajos números.

Por eso cuando pienso “Fulano no confía en mi” es porque yo no confío en mi; si pienso “Fulano me quiere hacer daño” es porque yo pienso que merezco que me hagan daño; si pienso “Fulano me quiere lastimar” es porque yo soy muy capaz, también, de lastimarme a mi misma.

Esa imagen que de repente puedo uno tener de sí mismo, como muy baja, no tiene nada que ver con logros ni éxitos, tiene que ver con otras situaciones, muy largas de contar. Sin embargo, es una realidad. Que perjudica mucho en la vida en general, tanto para sí mismo como para los demás.

De repente encontré en mi casa un libro muy bueno que tiene algunos años ya de haberse publicado y que no había leído anteriormente. Se llama “Los seis pilares de la autoestima” del Dr. Nathaniel Branden. El libro es algo denso, no es de muy fácil lectura. No es “Condorito” pero tampoco es Schopenhauer. Me lo eché todo y al final viene una sección de frases para completar. (ejemplos aquí)

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Esas frases se completan rápidamente con lo primero que viene a la cabeza de uno y sirven mucho, al menos a mi me sirvieron para cambiar ciertas creencias o actitudes. Son más de treinta semanas de frases, y aún después hay una segunda etapa con otras treinta y tantas semanas más. Más o menos a la mitad de la primera tanda, vienen frases como estas:

  • If the child in me could speak, he/she would say… Si la niña en mi pudiera hablar, ella diría…
  • If the teenager I once was still exists inside of me… Si la adolescente que alguna vez fui, todavía existe en mi interior…
  • If my teenage self could speak, he/she would say… Si mi adolescente interior pudiera hablar, ella diría…
  • At the thought of reaching back to help my child self… Cuando pienso en ayudar a mi niña interior….
  • Etc.

Durante varias semanas, las frases tienen que ver con la niña que una vez fui y la adolescente que alguna vez fui. Medio intrigada por la naturaleza de las frases busqué en internet algo de literatura al respecto y encontré que efectivamente es muy importante lograr una buena relación conmigo misma, del presente, y conmigo misma, de antaño. Ni idea tenía que mi yo de niña/adolescente necesita que yo adulta esté pendiente de ella.

Aquí considero pertinente aclarar que yo no soy psicóloga ni coach de vida ni nada, solamente me gusta el tema y por eso escribo acerca de éste.

Total que me puse a escribir las frases y es muy importante que el mensaje que yo le entregue a mi yo adolescente y a mi yo infantil sea positivo porque aquí se trata de mejorar no de empeorar. Después de semanas de escribir las frases, pude observar que como por arte de magia, mejoró muy baste enorme mucho mi apreciación de mi misma, y por lo tanto la apreciación o la imagen de mi que yo pienso que tienen los demás. Por lo tanto, luego entonces, ya no ando pensando que todo el mundo me quiere joder y ya no ando viendo moros con trinchetes en cada esquina.

Y por lo tanto, mi nivel de ansiedad ha bajado muchísimo. La vida, que ya era muy disfrutable y agradable, ahora es más disfrutable y más agradable.

Como dijo Robert Kennedy: “Es a partir de innumerables actos diversos de coraje y valor que la historia de la humanidad se forma cada vez que un hombre defiende un ideal o actúa para mejorar la suerte de los demás o se opone a la injusticia. Envía una pequeña onda de esperanza, y cruzándose entre sí desde un millón de centros diferentes de energía y audacia, esas ondas crean una corriente que puede barrer la pared más poderosa de la opresión y la resistencia

 

El magnífico arte de derrotarse

Hay una oración muy bellísima que dice:

Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar,

fortaleza para cambiar lo que soy capaz de cambiar

y sabiduría para entender la diferencia.

Esta es la oración que se reza en las sesiones de todos los programas de 12 pasos: AA, NA, Comedores compulsivos anónimos, Jugadores Anónimos, etc etc.

Los programas de 12 pasos buscan lograr que el adicto o la persona que está sufriendo, se “desenchufe” de su adicción, cualquiera que ésta sea, y se “enchufe” al único que nunca te va a dejar mal, nunca te va a fallar, nunca se va a equivocar: Dios. O un Poder Superior como cada quien lo concibe.

El paso # 1 es el paso de la “derrota”, en el que admitimos que no podemos con el problema que nos llevó al programa de 12 pasos. No puedo con el alcohol o drogas que consumo, no puedo con la comida que me como, no puedo controlar mi necesidad de jugar o de apostar, no puedo con ello, ya no puedo más.

Yo hace muchos años que voy a NA y gracias a eso he podido aplicar los doce pasos a otras situaciones de mi vida con muy buen resultado. Este paso particularmente, el de la derrota, me sirve para rendirme ante otras preocupaciones. Situaciones que tienen que ver con mis hijos, mi trabajo, la economía familiar, mi salud y la de los míos.

Comienza la “loca de la casa” a moverse como se mueve el ratón en la rueda del laboratorio, se mueve sin parar pero sin dirigirse a ningún lado y sin lograr nada. La “loca de la casa” es mi ego, cuyo único objetivo en esta vida es hacerme la vida de cuadros.

Entonces yo, me derroto. Le digo a Dios: “Dios. No puedo con este problema. Me rindo. No se me ocurre nada. No sé qué hacer. Ayúdame te lo pido por favor” Algo que hago mucho es escribirlo, tengo toneladas de libretas en las que escribo esos y otros pensamientos.

Si soy sincera en mi derrota, lo que sucede es que los veintes empiezan a caer. Con esto de los veintes no quiero decir que billetes azules con la cara de Juárez llueven hacia uno; me refiero a esa sensación de cuando se capta la solución al problema o se ve la luz al final del túnel; una especie de entendimiento que uno de repente, así como sorpresa, tiene acerca de la situación.

Las nuevas generaciones no conocen los teléfonos públicos de “veintes” lo cual es una pena porque para explicar esta sensación de “entender” o de “saber” o “descubrir la respuesta” no hay mejor frase que “me cayó el veinte”.

A veces ese veinte cae y no nos gusta mucho lo que dice, porque tal vez implica renunciar a algo que no queremos dejar que se vaya pero que es precisamente lo que nos está haciendo más daño. En mi larga vida me he dado cuenta que cuando renuncio a algo, con toda seguridad otra cosa llega, mejor, más bonito y que me hace mucho bien.

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He comprendido que a Dios le gusta que renunciemos, no entiendo porqué, ni me toca entenderlo, solamente puedo decir que en mi experiencia, así ha sucedido no una, varias veces.

Los programas de 12 pasos son maravillosos, al menos en mi experiencia, si de algo le doy gracias a Dios es que me haya mandado a los Neuróticos Anónimos. El nombrecito “neuróticos anónimos” esta algo feo, tal vez por eso no va mucha gente. Y también hay gente que le da pena, pero como a mi realmente no me importa lo que digan de mi porque en mi vida he aprendido que van hablar, aunque yo haga lo que haga, van hablar, así que mejor elijo hacer lo que quiero y que sigan hablando.

Feliz domingo a todos.

El adulto bebechón

Desde hace varios años que asisto a los Neuróticos Anónimos. Conmigo eso del anonimato ya valió gorro, si lo estoy publicando en mi blog con tanta desfachatez. Sin embargo, yo tengo derecho a decirlo acerca de mi misma, más no debo decir los nombres de las personas que me encuentro en las reuniones. Si quieren esa información, son $50 pesos.

Neuróticos Anónimos es una asociación que trabaja con los mismos 12 pasos que los Alcohólicos Anónimos, y los mismos “conceptos” y las mismas “tradiciones”. Los libros son los mismos también, y también hay otros libros que son propios de NA.

Cada grupo tiene sus horarios, en mi grupo se sesiona de lunes a viernes de 8 pm a 9.30 pm. Ayer estudiábamos la “Tercera Tradición”. Que dice que en NA (o cualquier programa de recuperación de 12 pasos) no hay requisitos ni reglas, solamente el deseo de recuperarse.

Al principio cuando surgieron los primeros grupos, había muchísimas reglas, que son producto del miedo. Reglas como por ejemplo “a AA no pueden entrar mujeres; o personas sin empleo; o personas de color” etc. Todas esas reglas son producto del  miedo, y como sabemos el miedo no existe en la realidad sino que es un invento de nuestro ego o de nuestra mente.

Un compañero del grupo (si quieren saber su nombre son $50 pesos) comentó a la sesión que para él, los neuróticos somos un grupo de personas adultas, con cuerpos de adultos, con edades de 30, 40, 50 o más años, quienes por dentro somos “bebechones” esa palabra utilizó. Tenemos compromisos con las autoridades, responsabilidades como mantener a nuestros hijos o cumplir objetivos laborales, etc y al mismo tiempo por dentro somos como niños.

Los bebés cuando tienen un problema lloran o gritan y con eso basta, un adulto se los resuelve. De igual manera, los neuróticos al no poder controlar nuestras emociones, gritamos o nos dejamos llevar por la ira, por el coraje, y exigimos, demandamos que nos resuelvan el problema, quizá otra persona, un familiar, quizá el jefe, quizá el gobernador del  estado, tal vez la pareja, etc.

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Pensamos que si la estrategia sirvió cuando éramos bebés, ¿por qué no nos va a servir ahora que somos adultos? Pues no, no sirve. No es lo mismo tener dos años que cuarenta años. Esperar que otra persona u otra instancia te resuelva el problema, no funciona, nunca. Siempre cobra una factura de infelicidad o sufrimiento. Si no eres tú mismo el que se hace cargo de tu vida, vas a sufrir. Esto es una realidad. Engañarse a sí mismo no va a cambiarla, solamente va a empeorar el sufrimiento.

Ser un adulto responsable es muy difícil y más aún en esta época de 2018. La edad para ser autosuficiente ha ido incrementándose con las décadas. Mi papá #pájaro me contaba que él desde muy jovencito, 16 ó 17 años tuvo que buscarse la forma para ser autosustentable. Nosotros comenzamos esa etapa de adultos responsables al terminar la carrera, quizá 24 ó 25 años. Y ahora, cada vez está más lejano ese día.

Es difícil asumir la responsabilidad y es difícil lograr las condiciones en estos tiempos del 1%.

Es difícil ser adulto cuando se es un “bebechón”. Así lo decía mi compañero del grupo de NA, de quien con gusto les puedo decir su nombre, previo pago de $50 pesos.

La Loca de la Casa

La loca de la casa es un término que utilizaba Santa Teresa para referirse a su imaginación, que se empañaba en interrumpirla cuando ella estaba en profunda oración.

La frase es la mejor descripción que he leído acerca de mis pensamientos. Me han molestado mucho toda mi vida y no me han servido para nada. Ya bien cumplidos los cuarenta años me vino a caer el veinte de que los pensamientos solamente causan ansiedad e inquietud y no nos traen nada bueno.

Me refiero a lo siguiente: digamos por ejemplo que estoy en mi vehículo y estoy manejando del punto A al punto B. En mi mente se producen una serie de pensamientos: “…mis hijos …mi trabajo…  mi familia (las tres: de origen, nuclear y política)… los precios… mis actividades… mi salud… la salud de los otros…” y muchísimos temas más, muchísimos pensamientos más, todos inútiles.

Gracias a Dios, descubrí que esos pensamientos no sirven para nada. Yo antes pensaba que me ayudaban a resolver algún problema o situación que me estuviera preocupando. Luego también caí en la cuenta que la misma acción de preocuparse no sirve para puta madre. (perdón por la palabrota)

Ahora lo que hago es intentar mantener en silencio mi mente el mayor tiempo posible. Es sumamente difícil. Lograr que la mente se mantenga en silencio es … pues eso, muy díficil de lograr.

Cuando busco la solución a algún problema de los que siempre hay, mejor mantengo mi mente callada. Así, de repente, como de la nada, aparecen las soluciones. (las manda Dios) Para que podamos escuchar a Dios, tenemos que tener una mente silenciosa. Los pensamientos son generados por el ego, que como siempre, solamente busca hacernos sufrir.

Es cuando mi mente ha estado callada que me he sentido mejor, no solamente en términos de tranquilidad y paz interior, sino también de salud, aprovechamiento del tiempo, solución de problemas, respuesta a dudas y a la acción que debo tomar o dejar de tomar con respecto a lo que me está tocando vivir en ese momento. Al contrario, el desfile incesante de pensamientos discurriendo por mi cabeza, no solamente no sirve de nada sino que además, me quita muchísima energía. Genera toda la ansiedad del mundo. Generan incluso, otros problemas, inventados y que solamente existen en mi mente, no en la realidad.

He podido identificar, más o menos, los momentos en los que mi mente comienza con sus cosas. Son: cuando voy en mi coche manejando, sobre todo en carretera; y cuando salgo a caminar, los primeros kilómetros, la “loca de la casa” me ataca sin piedad. Para los episodios en coche, gracias a Dios, caí en la cuenta que si me pongo a pedir por las demás personas, la loca se calla. Entonces si pasas junto a mi mientras estoy manejando, seguramente estoy hablando “sola”, no es que esté hablando sola, estoy pidiendo a Dios por los problemas de las personas que conozco y las que no conozco.

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Escuchar música con atención, fijarme con mucho detenimiento en lo que me rodea, escribir, también me ayudan a mantener a la loca en silencio. La mujer está decidida a molestarme a que yo le haga caso a que me sienta con miedo y preocupaciones. Con el favor de Dios yo no debo de permitir que se sienta viva (la loca de la casa) pues cada vez que ella se siente así, yo me siento dolida, o preocupada, o temerosa, o cansada, y nada de eso es Voluntad de Dios.

Santa Teresa decía de su imaginación “El postrer remedio que he hallado, a cabo de haberme fatigado hartos años…, es que no se haga caso de ella más que de un loco, sino dejarla con su tema”

Santa Teresa tenía toda la razón.

LA SOLEDAD

Ayer me encontraba con un grupo de personas, y una de ellas preguntó, ¿cómo podía combatir la soledad?

Los que escuchamos, coincidimos en que nos encanta estar solos y palabras más palabras menos todos comentamos que “de eso pedimos nuestra limosna”. La persona que hizo la pregunta se veía desconsolado. ¿Como porqué me están presumiendo que todo el tiempo están rodeados de gente?

Aunque ciertamente yo soy de las personas que disfruta mucho, tal vez más de la cuenta, estar sola, también intenté ponerme en lugar de la persona que pidió consejos acerca su sentimiento. Me lo imaginé como llega a su casa, que está vacía, y tal vez come sus alimentos sin nadie a su alrededor, y se echa a ver la tele o el netflix estando solo, hasta dormirse y al día siguiente empezar otra vez.

La persona que hizo la pregunta está lo bastante grandecito para que sus hijos ya sean mayores y hayan hecho sus propias vidas, para que sus papás hayan fallecido, y para que sus experiencias de vida le hagan sentir que la gente no es fácil de tratar. Hay -habemos- personas así, para las que el trato con la gente no es precisamente un “día de campo”.

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Alguien le dijo: inscríbete a algún curso, diplomado, de alguna materia que te guste, como literatura o psicología, tanatología o apreciación de cine. Eso me pareció una buena idea. En ese curso puede conocer personas y aprender nuevas e interesantes temas.

El pobre está desesperado por conseguir pareja. Lo ha dicho varias veces. Él mismo sabe que es difícil que lo logre. Ya no tiene veinte años y tampoco tiene muchos lugares ni tampoco oportunidades para conocer personas. Así que, tal vez lo mejor que puede hacer es aprender a disfrutar su soledad.

Borges escribió:

He cometido el peor de los pecados 
que un hombre puede cometer. No he sido 
feliz. Que los glaciares del olvido 
me arrastren y me pierdan, despiadados. 

Mis padres me engendraron para el juego 
arriesgado y hermoso de la vida, 
para la tierra, el agua, el aire, el fuego. 
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida 

no fue su joven voluntad. Mi mente 
se aplicó a las simétricas porfías 
del arte, que entreteje naderías. 

Me legaron valor. No fui valiente. 
No me abandona. Siempre está a mi lado 
La sombra de haber sido un desdichado

Si ya sé el “secreto”… para qué me hago “bolas”

En 1993 eran tiempos turbulentos en nuestro México… el 1 de enero, nos despertamos medio crudos o bien crudos con la noticia de que en Chiapas unos hombres con “calcetines en la cabeza” como después diría Jefe Diego, habíanse sublevado en contra del gobierno del Lic. Carlos Salinas de Gortari.

camacho_salinas_colosio.jpgSalinas había designado como candidato del PRI a la presidencia al Lic. Luis Colosio Murrieta. Lástima que Manuel Camacho Solís, Secretario de Relaciones Exteriores, no estaba de acuerdo y no había manifestado su apoyo a Colosio. Aunado a esto, Camacho Solís es enviado a Chiapas como “comisionado para la paz” sin goce de sueldo, movida que le generó un enorme capital político, al mismo tiempo que la campaña de Colosio parecía no levantarse nunca. Había confusión en el panorama de esos días… ¿quién es el bueno? ¿Colosio? ¿Camacho? ¿A quien debemos besar su mano y cantarle loas? (decían los que acostumbraban a besar manos y cantar alabanzas)

NO SE HAGAN BOLAS dijo Salinas… Colosio es “el bueno”.

No fue “bueno” mucho tiempo más, ya que en marzo moriría asesinado por un muchacho de apellido Aburto que, como sabemos, actúo completamente solo.

Traigo ese hecho pasado, al presente, a los primeros días de enero de 2018, porque observo que hay mucha gente a mi alrededor haciéndose “bolas” con su vida. En cambio es tan sencillo entender lo siguiente:

  1. Aquí estamos, en esta vida, para hacer la Voluntad de Dios
  2. Para seguir la Voluntad de Dios debemos crecer espiritualmente, ponernos en una situación / posición tal, que Dios nos permita que sigamos su Voluntad
  3. Para lograr ese estado de madurez espiritual, se debe hacer lo siguiente: dar amor, dar servicio, al prójimo, y combatir nuestro ego o defectos de carácter.

De cada uno de esos tres puntitos se han escrito toneladas de material, y yo misma podría extenderme horas de horas en este mi blog. Lo haré, ciertamente, en un futuro. Mientras tanto, ahora comentaré acerca de lo siguiente: la Voluntad de Dios se hará querramos o no.

Hay personas –muchas, yo también– que en un cierto punto de nuestras vidas queremos algo en particular: quiero casarme. quiero tener hijos. quiero tener mucho dinero. quiero viajar. quiero que fulanita o fulanito se vayan a chingar a su madre. quiero que ganen los pumas. quiero que gane el PRI o el PAN. quiero que esa chica guapa me haga caso. quiero que ella sea mi amiga. quiero ser el jefe. En fin. You get the idea.

En todas esos “quiero que…” en alguno de ellos, ¿nos paramos pensar, por un minuto, si esa es la Voluntad de Dios? Si eres como yo, seguramente que no, no piensas si Dios quiere eso que tú quieres. Si eres como yo, pensarás: “yo me he portado muy bien, he sido buena persona, cumplo con mis obligaciones, pago impuestos, ¡¡merezco obtener esto que quiero!!” O también podrías pensar algo como “no le hago daño a nadie con esto que quiero” o algo como: “todo el mundo tiene esto que quiero, ¿porqué yo iba a ser la excepción?” Again, you get the idea.

Por alguna razón que no nos toca entender (esto es muy importante: no nos toca entenderla) puede ser que eso que tanto queremos, por más bueno y puro que sea, por más que todo el mundo lo tenga, por más buena/o que yo haya sido, puede ser, simple y sencillamente, que no sea para nosotros. Dios no lo quiere para nosotros. ¿Porqué? Sepa la bola, simplemente así es, y punto.

Image result for egoEntonces viene nuestro EGO, nuestro lindo ego a decirnos: “no te dejes. tu MERECES esto que quieres. Tienes que luchar por recibirlo. Tienes que trabajar duro por eso. ¡No te dejes! Si te dejas, eres un “looser” un perdedor. Mira los demás, ¡¡qué felices son!! ellos tienen eso que tú quieres… no te dejes, insiste, lucha, pelea, ¡¡no te dejes!!

Y ahí vamos nosotros, hacerle caso a nuestro ego, a empezar una batalla que está perdida de inicio, la batalla para que se haga MI voluntad y NO la Voluntad de Dios. Supongamos que lo consigas, supón que efectivamente consigues eso que tango quieres. Por ejemplo casarte o tener hijos. Luchas mucho, pasas por una serie de momentos difíciles y muy dolorosos y lo logras, finalmente, lo logras. Viene entonces el sufrimiento. Viene el fracaso, el dolor, el resultado de haber hecho lo que no es la Voluntad de Dios, sino la propia inmadura e infantil voluntad de uno mismo que no somos nada en este Universo. ¿Qué somos? ¡NADA! solo venimos a hacer la Voluntad de Dios y si no lo hacemos no somos nada.

Sugiero ahorrarnos mucho sufrimiento mucho dolor y mucho trabajo, y desde el minuto que tengamos uso de razón y que ya no seamos unos adolescentes, nos dediquemos exclusiva y únicamente, a seguir la Voluntad de Dios. Tán Tán.

Terapia de Perro

Conozco una persona a la que apodamos “Terapia de perro”. Esta persona es un caballero, amable, culto y servicial, simpático y educado, del cual huimos como la peste cada vez que nos lo topamos por ahí. “Ahí viene Terapia… ¡vámonos!” salimos corriendo lo más rápido posible hacia exactamente el lado opuesto de donde él se encuentra.

Antes no éramos tan abusados y nos quedábamos en nuestro lugar, saludábamos a “Terapia”, ¡con gusto! “¡Hola Terapia! ¡Qué gusto verte! ¿Cómo estás?”

Uf para qué lo dijimos. Por qué fuimos tan inocentes. A nuestra invitación, nuestro deseo de saber cómo está Terapia, venía una descripción detallada, completa, puntual de exactamente eso: la situación de Terapia.

-Mi esposa… ya no la quiero… mi mamá… se enferma todo el tiempo… mi situación laboral… es muy inestable… mi papá… no me repongo de su muerte (su papá había fallecido hace diez años)… el gobierno… el PRI… el PAN… el PRD… el SAT…

La primera y la segunda vez que me sucedió esto, me sentí genuinamente apesadumbrada por lo que pasaba en la vida de Terapia. Y trataba de consolarlo, posándo mi mando en su hombro y diciendole algunas palabras de aliento: “ya, Terapia, ya pasará… un día a la vez… ánimo Terapia ánimo!”

Por eso le apodamos “Terapia de Perro” porque a los perros se les pasa la mano por la cabeza o encima del lomo, cariñosamente.

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A la tercera vez que llegué al parque de la Alemán y vi a lo lejos que por ahí andaba Terapia, cinco minutos después mis hijos y yo nos econtrábamos en el Parque del Chembech.

Terapia y todos los que son como él no buscan resolver sus conflictos, lo que buscan es permanecer en ellos porque eso les da una razón a su ego para vivir. Se representa típicamente como la nube lluviosa que está siempre encima de sus cabezas. Ellos se resignan y apechugan. No porque no tengan otra opción, sino porque les gusta, disfrutan, estar sufriendo y contar sus cuijas y recibir “consuelo” -chico consuelo- de los demás.

Es increíble que habiendo tanta felicidad disponible en el mundo, las personas como Terapia no la puedan aprovechar. Puede que tengas unos días malos, pero con Terapia y los de su clase, no hay forma. Les puede ir de dos formas: mal o peor. ¡Pobres!