First man — and I feel alright

La película “First man” del director Damien Chazelle, (quien tiene alrededor de 15 años de edad), tiene cosas buenas y cosas mejorables.

El relato de ocho años de esfuerzos para llegar a la luna, por razones de geopolítica internacional más que nada, está muy bien representado. Las naves que usaban estos valientes hombres para salir más allá de la atmósfera, comparado con lo que tenemos a nuestra disposición hoy por hoy en términos de materiales y tecnología, parecen latas de sopa Campbells son sus respectivas manivelas. Esa fue la primera idea que se me presentó en el cerebro con la película: “Yizuz. ¡Cómo ha cambiado la tecnología”

Miento.

La primera idea que se me presentó en la cabeza fue: “Yizuz. Qué guapo está Ryan Gosling” Mi marido, menos proclive y menos alabatorio ante la belleza masculina, comentó que la película tuvo demasiados “primeros planos” al rostro de Mr. Gosling. Yo lo celebro, que haya sido así.

La pobre Claire Foy, más conocida por su papel de Queen of England, Queen of UK and Queen of GB, no tiene realmente mucha relevancia en la trama. Logra muy bien su papel, no se le percibe ningún acento británico, y la pequeña intervención que exige sus dotes como actriz, la logra dignamente. Sin embargo desde mi punto de vista, sale sobrando un poco en la historia.

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Ryan Gosling está sensacional como Neil Armstrong, dándole al astronauta una personalidad tipo ingenieril que no le gusta hablar, no le gusta la gente, no le gusta la socialité, no le interesa más que su trabajo y que se aisla aún más en sí mismo cuando muere su pequeña hija de cáncer. A diferencia de Buzz Aldrin quien sí se adapta mejor al papel de “héroe” “famoso” “ídolo” y quien incluso, de repente, debería cerrar la bocota. Otra buena actuación la de este muchacho que hizo de Buzz Aldrin, Corey Stoll, quien también ganó una nominación al  Globo de Oro por “House of Cards”

A mi personalmente todas las películas que se desarrollan en los sesentas y setentas me encantan. De hecho, leí en el internet que no es raro que las personas buscamos historias que nos traen al presente nuestra niñez. Por eso me gusta también tanto, “That 70s Show” me recuerda muchísimo a mi etapa infantil.

Las escenas cuando están ellos adentro de los módulos lunares o naves especiales -están adentro de algo- me confundían un poco. Me hubiera gustado una toma más abierta de lo que sucedía también afuera de ellas para situarnos un poquito más. Mentalmente, me apoyé en la introducción a “Mi bella Genio” para darme una idea de lo que pasaba  por fuera.

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Lo mejor de la película (volvemos a “First Man”) son las escenas en la Luna. Se siente el vacío, el silencio, el miedo. De verdad está gente tenía valor, consciente o inconsciente, pero de que había huevos, habían muchos. Siendo ellos tres los únicos en la Luna, uno puede participar de esa gigantesca sensación de soledad; a Dios le doy gracias que no había ningún bebé lloroso o ninguna señora parlanchina en la sala de cine, y pude disfrutar de los momentos de silencio, en silencio.

“First Man” está un poco larga. Aún así, vale la pena verla; pues, ¿cómo cuentas algo así, brevemente?

Bohemian Rhapsody

Un día, de 1982, yo tenía 12 años, y era un día que no había clases por vacaciones o era sábado. Lo recuerdo perfectamente, nítido en mi mente. Andaba por mi casa, y por ahí me encuentro con este disco:

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Quién sabe de quién era o cómo llegó a mi casa. Un acetato, de vinyl, de los que se escuchaban por ambos lados, en un aparato que se llamaba “tocadiscos” o “tornamesa” que contenía una “aguja” la cual se posaba sobre el vinyl y sonaba la maravillosa música.

Lo puse en la tornamesa y esa fue mi introducción a la música rock. Ese fue el primer disco de rock que yo escuché y escuché, memoricé canciones, le di la vuelta miles de veces y observé la portada y contraportada hasta des-hacerla con la mirada.

El disco más vendido en la historia de la música en Gran Bretaña, no es Sgt Pepper o ninguno de los Beatles, no es Led Zeppelin o Rolling Stones, no es Oasis o Deff Leppard: es este disco de éxitos de Queen.

Queen es maravilloso. La película también lo es. Es muy inglesa, entretenida, con sus chistes y su forma lenta de narrar la historia, imperfectamente, con detalles que nunca se verían en una película hollywoodense (como la sesión de grabación de Bohemian Rhapsody); un poco una “novela rosa”, con su “bueno” su “malo” su “final feliz”. Su “suspense” (como la parte que llegan al millón de libras cuando ellos salen a cantar en Live Aid) .

La actuación de este chamaco, como Freddy Mercury, no tiene comparación. Lo digo firmemente, yo he visto toneladas de películas y buenas actuaciones y declaro: este muchacho le echó ganas, trabajó mucho y el resultado es impecable, impecable. Si no le dan algo, por lo menos una nominación, mandaré una carta muy firme a la Academia y aprovecharé reclamar otras injusticias, como cuando “Shakespeare in love” no le dieron “mejor película” o cuando a Edward Norton no le dieron “mejor actor secundario” por “Primal Fear”.

Las escenas de “Live Aid”, están maravillosas. Quisieron hacer el mismo efecto del estadio de fútbol en la película argentina “el secreto de tus ojos” y no lo lograron tan bien; pero tampoco estuvo mal, de hecho nada mal. Las escenas finales me emocionaron enormemente; no tanto a la que se sentó junto a mi en el cine que todo el tiempo me estuvo haciendo “sshhhh”

Qué linda, maravillosa película “Bohemian Rhapsody”. Es cuando disfrutas ir al cine, un rato agradable, buenas actuaciones, linda historia, buena música. Qué más puede uno pedir.

Se murió alguien que me caía mal

Es la primera vez que me pasa. Las personas que “se me murieron” antes, eran o parientes, personas mayores que yo, por ejemplo, papás, abuelos, tíos; o personas de mi edad más o menos mi generación, pero que me caían bien o no tenía el gusto de conocerlos.

Hasta que, esta semana, se murió una persona que me caía mal.

Yo también le caía mal. Se notaba clarito que él no me soportaba.  Y yo no sé si pude disimular mi desagrado, que sentí hacia él;  pero creo que no. Hay una idea en psicología que dice: “el otro sentirá hacia ti lo mismo que tu sientes hacia él”. Como sea, estoy segura de que yo le caía muy mal. Cuando hablaba, yo, él inmediatamente veia su teléfono con mucha atención como si estuviera viendo la Piedra Rosetta o el final de la serie de Luis Miguel. Incluso algunas veces, de plano, se salió cuando yo entré. Varias veces, lo caché subiendo los ojos al cielo cuando yo hice algún comentario.

Cuando me lo dijeron, “se murió Fulano” lo primero que pensé fue “chispas que mal me caía” pero, en cambio, dije: “¡pobre!”

Y sí, sinceramente me da pena, porque él no quería morirse, igual que nadie o la enorme mayoría no queremos morirnos.

Luego me dijeron: “¿vas a la misa”? y yo pensé: claro que no, si me caía re mal.  Sin embargo, realmente uno puede rezar por el alma de cualquiera aunque no me cayera bien. Incluso se entiende  que el valor espiritual es mayor si estás rezando por alguien que no es tu persona favorita en el mundo.

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Otra idea que he leído es que cuando alguien no nos cae bien, en realidad son defectos o problemas de UNO MISMO que le estás adjudicando al otro. Es decir, quien no me caigo bien es, yo misma, y le cobro la factura al otro que ni culpa se tiene. En efecto, él era muy parecido a mi, en muchos aspectos.

Una persona me dijo que cuando el que conoces es el que murió no tiene mucho caso ir ni al velorio  ni a la misa. Luego vas y no conoces a nadie y al único que conocías no está precisamente en la posición de saludarte ni platicar contigo. Esa persona me dijo “así que, si al único que conocía era el muertito, ¡pues no voy!”

Siguiendo esta lógica no fui, pues no conozco a sus deudos, a sus parientes, y al pobre, yo le caía bien gorda. Capaz se levantaba para decir que “saquen a Lucía de mi velorio, ¡cómo se atreve! ¡la desfachatez!”

Hubiera sido algo digno de contarse.

Blackkklansman, película de Spike Lee

Ayer vi esta película…

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Protagonizada por John David Washington, cuyo papá es Denzel, muchacho que heredó la galanura de su padre y creo que también las dotes de buen actor. La película se trata del primer policía de color del estado de Colorado, en EUA, que como parte de una investigación acaba formando parte del Ku Klux Klan, con su credencial y todo.

Es una buena película, dirigida por Spike Lee, protagonizada por Adam Driver (Kylo Ren), Topher Grace (Eric Foreman de That 70s Show), y también aparecen Alec Baldwin y Harry Belafonte.

Las escenas finales de la película, son grabaciones reales de lo sucedido hace un año en Charlottesville. Donde un grupo de neonazis y supremacistas blancos hicieron una manifestación con terribles consecuencias. Las imágenes son muy fuertes en esta parte final. El resto de la película, en cambio, es una comedia, con sus tintes serios. El racismo es algo muy serio después de todo.

Nunca entenderé como podían justificar el racismo en EUA hace tan poco tiempo como 50 años. Una explicación que leí en internet es que, los estados del sur de EUA tenían esclavos, para cosechar el algodón y para muchas labores. Cuando el ejército del sur de ese país pierde la guerra de “secesión”, la esclavitud es abolida en todo el país. Los dueños de los ahora libre esclavos, tenían un miedo atroz de que éstos cobraran venganza. Los esclavistas pensaban: después de estar dándole de latigazos y abusando de su familia, obligándolo a trabajar de sol a sol y maltratándolo, ahora que de la noche a la mañana es un ciudadano igual que yo, seguramente no se quedará tan tranquilo y buscará venganza.

Pero para su sorpresa, de los esclavistas, no fue así. Los que antes eran esclavos no buscaban venganza, buscaban ser libres. Como sea, con todo y su supuesta libertad, la situación en esos estados sureños era de verdad muy dura para ellos, así que comenzaron a migrar, al norte, al oeste, y así vemos hoy colonias importantes de afroamericanos en esos estados, y también en el llamado “deep south” donde los siguen tratando con la punta del pie, sobre todo Florida, Georgia, Alabama, entre otros.

Ahora como está la cosa de difícil con Trump que es un supremacista blanco de closet, alcanza hasta este lado de la frontera, con la forma en como se ha dirigido a nosotros los mexicanos a los que sinceramente menosprecia y considera que somos seres humanos de segunda catego.

Yo cuando he ido a EUA y me han preguntado mi raza, que te la preguntan por todo, no sé porqué, yo pongo “hispánica” pues eso soy, latinoamericana. Durante el tiempo que estoy ahí, me aguanto las majaderías  y malcriadeces de los estadounidenses (no les quiero decir gringos); lo más chistoso es que los más pesados son los que tienen apellidos Gomez, Perez o Gonzalez, así, sin acentos.

Mejor me sentí en Canadá donde todos los que vi son migrantes y todos son muy  pero muy amables. Si hay WASP 0white anglo saxon protestant) en Canadá no los vi y ni quiero verlos. En cambio vi personas que se portaron amabilísimas con nosotros. Qué necesidad de ir a EUA a que te “perreen”, cuando puedes ir un poquito más al norte y sentirte bien recibido y a gusto.

Bueno, volviendo a la película, vale la pena verla. La vi en internet, antes que me pregunten, si quieren les paso la liga, y si esperamos a que llegue al cine, pues mucho mejor. En estos meses ya comienzan las películas buenas, las que compiten por los oscares y los globos de oro, ¡buenísimo!

El salón de belleza

Por alguna razón yo soy muy canosa desde muy joven.

Para mi primer embarazo tuve dos doctores. El primer doctor que me atendió durante los primeros meses era un doctor español, muy tradicional, muy a la antigua. Me dijo que durante los nueve meses no podría pintarme el pelo. Eso fue hace más de 17 años y fue la última vez que vi mi pelo como es realmente, sin tinte. Está completamente blanco, sobre todo las capas exteriores que son las que importan porque las interiores nadie puede verlas.

Nada envejece más que el pelo blanco, dijo Kate Winslet alguna vez, antes de que se hunda el barco. Yo le doy la razón, para seguir la moda del pelo platinado o blanco más te vale que tengas 25 años o de lo contrario te estás echando encima unos cuantos kilos de vejez. (o litros, si quieres que la vejez sea líquida en vez de sólida)

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Desde muy joven me pinto el pelo para cubrir las canas, digamos desde que tengo 24, 25 años. Una vez saqué la cuenta de todo el tiempo que he estado en el salón de belleza, si cada sesión es de dos a tres horas, durante más de 30 años continuos (excepto los nueve meses de mi primer embarazo) más o menos he estado metida en algún salón de belleza durante todo un año. Así que este 21 de octubre del 2018 podemos decir que cumplí un año menos de  mi edad cronológica; ya que 12 meses enteros no los viví, solamente estuve en el salón belleza sentada frente a un espejo con una persona aplicándome color en la cabeza.

Se recomienda tener el pelo lo más sucio posible, porque de lo contrario arde muchísimo la aplicación en el cuero cabelludo. Con una brochita te ponen el tinte número 4.3 en la raíz del cabello; se deja reposar unos 45 minutos; se extiende al resto del pelo; se lava; y finalmente, se seca con secadora.

Estando allá, aprovecha uno para hacerse manicure, pedicure, tal vez un corte, depilarse las cejas y el bigote, en fin. El negocio del salón de belleza puede ser un negociazo porque nadie aguanta la tentación de “aprovechar que estoy aquí”. Luego el mismo que te aplica el tinte te ofrece productos para evitar la caída del cabello, para que no se decolore o para que quede hermoso, brilloso y sedoso.

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Mi cana es sumamente plateada y muy dura; no es fácil que se cubra. Además, el pelo me crece rapidísimo. Resultado: ya estaba visitando el salón cada 14 días, 17 días. A punto de empobrecer por culpa de mis canas, el caballero que se encarga de mi pelo, me dijo: “vamos hacer una extracción de color y después aplicamos un siete”. Dicho y hecho me decoloró el pelo, de tal forma que quedé como un pollito de esos de granja; después aplicó un siete. Mi pelo se ve como castaño claro rubio cenizo dorado yaba-daba-do.

Estuve seis horas en el salón, y qué bueno que valió la pena porque pasaron 23 días para que yo regresara a que me aplicaran tinte en las canas.

Son gajes del oficio, de tener más de 25 años.

Lucía niña y Lucía adolescente

Una persona que respeto mucho, (mujer como yo), ella muy profesional, inteligente, muy capaz. Me sorprendió grandemente hace algunas semanas cuando me dijo que había escrito la siguiente frase y colocado en su escritorio donde la podía ver y leer con frecuencia: “los demás no me quieren hacer daño”

Me sorprendió porque nunca hubiera pensado que ella, con su profesionalismo, capacidad, experiencia, siente lo mismo que siento yo. Y no es la primera vez que sé, de personas que tienen esa leve sospecha, de que los “demás” quieren lastimarnos.

Este convencimiento, de que la gente quiere molestarnos, lastimarnos, jorobarnos, viene de la imagen que tengo yo, de mi misma, que de-sa-for-tu-na-da-men-te puede ser muy pobre. Sucede que yo no puedo meterme en la cabeza de las otras personas ni ver son sus ojos. Cuando alguien me conoce o me trata, yo pienso que me evalúan igual que yo me evalúo a mi misma; me califican igual que yo me califico a mi misma, con muy bajos números.

Por eso cuando pienso “Fulano no confía en mi” es porque yo no confío en mi; si pienso “Fulano me quiere hacer daño” es porque yo pienso que merezco que me hagan daño; si pienso “Fulano me quiere lastimar” es porque yo soy muy capaz, también, de lastimarme a mi misma.

Esa imagen que de repente puedo uno tener de sí mismo, como muy baja, no tiene nada que ver con logros ni éxitos, tiene que ver con otras situaciones, muy largas de contar. Sin embargo, es una realidad. Que perjudica mucho en la vida en general, tanto para sí mismo como para los demás.

De repente encontré en mi casa un libro muy bueno que tiene algunos años ya de haberse publicado y que no había leído anteriormente. Se llama “Los seis pilares de la autoestima” del Dr. Nathaniel Branden. El libro es algo denso, no es de muy fácil lectura. No es “Condorito” pero tampoco es Schopenhauer. Me lo eché todo y al final viene una sección de frases para completar. (ejemplos aquí)

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Esas frases se completan rápidamente con lo primero que viene a la cabeza de uno y sirven mucho, al menos a mi me sirvieron para cambiar ciertas creencias o actitudes. Son más de treinta semanas de frases, y aún después hay una segunda etapa con otras treinta y tantas semanas más. Más o menos a la mitad de la primera tanda, vienen frases como estas:

  • If the child in me could speak, he/she would say… Si la niña en mi pudiera hablar, ella diría…
  • If the teenager I once was still exists inside of me… Si la adolescente que alguna vez fui, todavía existe en mi interior…
  • If my teenage self could speak, he/she would say… Si mi adolescente interior pudiera hablar, ella diría…
  • At the thought of reaching back to help my child self… Cuando pienso en ayudar a mi niña interior….
  • Etc.

Durante varias semanas, las frases tienen que ver con la niña que una vez fui y la adolescente que alguna vez fui. Medio intrigada por la naturaleza de las frases busqué en internet algo de literatura al respecto y encontré que efectivamente es muy importante lograr una buena relación conmigo misma, del presente, y conmigo misma, de antaño. Ni idea tenía que mi yo de niña/adolescente necesita que yo adulta esté pendiente de ella.

Aquí considero pertinente aclarar que yo no soy psicóloga ni coach de vida ni nada, solamente me gusta el tema y por eso escribo acerca de éste.

Total que me puse a escribir las frases y es muy importante que el mensaje que yo le entregue a mi yo adolescente y a mi yo infantil sea positivo porque aquí se trata de mejorar no de empeorar. Después de semanas de escribir las frases, pude observar que como por arte de magia, mejoró muy baste enorme mucho mi apreciación de mi misma, y por lo tanto la apreciación o la imagen de mi que yo pienso que tienen los demás. Por lo tanto, luego entonces, ya no ando pensando que todo el mundo me quiere joder y ya no ando viendo moros con trinchetes en cada esquina.

Y por lo tanto, mi nivel de ansiedad ha bajado muchísimo. La vida, que ya era muy disfrutable y agradable, ahora es más disfrutable y más agradable.

Como dijo Robert Kennedy: “Es a partir de innumerables actos diversos de coraje y valor que la historia de la humanidad se forma cada vez que un hombre defiende un ideal o actúa para mejorar la suerte de los demás o se opone a la injusticia. Envía una pequeña onda de esperanza, y cruzándose entre sí desde un millón de centros diferentes de energía y audacia, esas ondas crean una corriente que puede barrer la pared más poderosa de la opresión y la resistencia

 

El mundo sin problemas

No existe el mundo sin problemas. Con esta frase puedo terminar mi escrito y seguir lo que estaba haciendo (leyendo un entretenido libro sobre los Kennedy que se llama “Gracia y Poder”), más sin embargo me siento en la necesidad de elaborar mi punto.

Me gustaría saber si hay más personas, que como yo, consideran un ideal y hasta una obligación vivir una vida sin problemas. Esto puede deberse, en mi caso, a que yo pasé muchos años desde que nací hasta más o menos los 15 años, sin problemas. La escuela no me costaba trabajo, y al llegar a mi casa había comida y ropa y techo, había doctores cuando me enfermaba así como medicinas. Los niños no necesitan ni exigen más cosas para estar tranquilos para ser felices. Somos nosotros los adultos quienes les metemos esas ideas en la cabeza. Pero ese, es otro tema.

Después de muchos años sin prácticamente ningún inconveniente, más o menos a los 15 años se me presenta un pequeño problema, este es, que me gustaba un niño y que este niño no me hacía el menor caso. Esta situación se repitió durante muchas ocasiones más con otros muchachos, y siempre era la misma historia, el muchacho “X” me gustaba y él no hacía otra cosa que ignorarme. Esto me hacía sufrir porque no había nada que pudiera yo hacer para remediarlo (o lo que hacía no servía de nada) y este fue mi único problema durante muchos otros años más, digamos hasta que me casé, a los 29 años, con el único que sí me hizo caso y gracias al cual pude formar una familia.

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Comencé a ver de qué lado masca la iguana o a entender lo que es amar a Dios en tierra de indios o cualquier frase hecha similar, cuando nacieron mis hijos, primero Andrés y después Pablo. A partir de ahí (32 años exactamente) y a la fecha, que voy a cumplir 49 en cualquier momento, la vida, mi vida ha sido una serie de problemáticas para solucionar, a veces se incrementan a veces disminuyen pero nunca desaparecen. Tienen que ver con todo lo imaginable desde la generación de dinero hasta gastos que se tienen que hacer, hasta la tristeza de mis hijos por … sus problemas…  pasando por vestimenta, enfermedades (GRACIAS A DIOS NADA GRAVE, lo de “gracias a Dios” subrayado en negritas un millón de veces), saber cuándo dar permisos y cuando negarlos, cosas que se echan a perder en la casa, situaciones que tengo que resolver en el trabajo, fiestas que organiza mi vecino hasta las 3 de la mañana, lluvia que cae encima de la ropa tendida en el patio, personas que ganan la presidencia de la república y se rodean de ratas inmundas y corruptas para combatir la misma corrupción, presidentes de países vecinos que casualmente es el más poderoso del mundo y hacen cambios al tratado comercial más importante del país, aumentos en los precios de la gasolina y de casi todo lo que compra uno, viajes del marido, refrigeradores que se echan a perder, documentos que tiene uno que tramitar, cabello que debe de teñirse para que no se vean las canas, buscar tiempo debajo de las piedras para hacer algo de ejercicio por mandato del ginecólogo y por simple sentido común, y un largo, larguísimo etc.

En resumen lo que quiero decir con estos párrafos es que, desde mi punto de vista, es un error añorar y mirar con deseo a esos años (que fueron bastantes) en los cuales estuve casi sin problemas… me sucedió, cuando llegué a mi casa el viernes para descubrir que los cajones de las verduras del refrigerador se habían roto y que debido a eso la puerta no cierra bien; sentí un fastidio, un cansancio que aunado al de toda la semana, me hizo suspirar para que volvieran esos años en los que mi único problema era que Javier no me hacía caso.

Gracias a Dios puedo entender que eso es una tontería, ni Javier me va hacer ningún caso (lo cual celebro porque entiendo que está bastante neuras el pobre y además porque aprecio mucho a mi propio esposo), ni tampoco se va acabar el mundo por el refrigerador que se echa a perder. Hay tanta gente con problemas de verdad serios y pesados, hay gente que no tiene ni siquiera un poco de seguridad porque vive en países con guerra o porque vive en ciudades conflictivas; personas que no tienen salud aunque tienen dinero; en fin, quien soy yo para añorar un mundo sin problemas.

Bienvenidos los problemas ya que con el favor de Dios todo tiene solución. Por algo los manda el mismo Dios, ¿no es así?