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La tribuna

En los programas de 12 pasos, como el que yo practico, existe una herramienta que se llama la “tribuna”. Es un mueble “podium” detrás del cual te paras y tienes 15 minutos para hacer catársis. Es una maravilla poder echar para afuera todo eso que te está comiendo por dentro. Las personas que te escuchan, no pueden o no deben decirte nada. No deben darte consejos ni ofrecerte ayuda. Si necesitas ayuda, más personal, para eso existe la figura del “padrino” a quien uno se acerca en privado y le pide que lo ayude.

Con frecuencia yo hablo de mis hijos en la tribuna. Y toda vez que es un instrumento de catársis, pues ni modo, he de admitir que hablo de mis hijos en tanto cuanto me generan dolores de cabeza. Ese es el chiste, compartir de viva voz las preocupaciones – los corajes –  los dolores – las penas – los nervios y la ansiedad.

Así lo hice hace algunos días y al bajarme de la tribuna, acto seguido hizo uso de ella una compañera joven, guapa y muy inteligente, para decir que ella no quería tener hijos nunca en su vida never ever in her life. Y la verdad me sentí muy mal. Me imaginé que ella, por escucharme, había decidido librarse o privarse de una de las más maravillosas bendiciones de Dios, y para mi, la más maravillosa de las bendiciones, que es, tener hijos.

Me hago la nota mental de compartir en la próxima tribuna…

  • La emoción que me dio el martes por la noche de ver a Pablo tocando su guitarra en el coro de la escuela
  • La tranquilidad que sentí cuando Andrés me hizo una descripción detallada de las fechas importantes de su escuela: día de ingreso, día de pago, pendientes, etc.
  • Lo fantástico que es cuando ambos se acercan y nada más porque sí, me dan un besito y un abracito
  • La felicidad que siento cuando se ríen de mis chistes, que me esfuerzo mucho en que sean muy chistosos, solamente para ver que se ríen de mis chistes
  • Lo orgullosa que me siento cada vez que los veo entrar por la puerta, o yo entro por la puerta y los veo. En 17 años, qué serían, ¿unas 50 mil veces?
  • Lo emocionante que es cuando les compro algo, que sé que les va a gustar, y sé que voy a disfrutar, yo más que ellos, ver la expectativa y el agradecimiento en sus caras
  • Lo agradecida que estoy con Dios de su salud, su personalidad, sus pensamientos, sus inclinaciones, sus parecidos, sus pequeñas ambiciones.

No tiene nada de facil. Solamente tiene todo de espectacular. Tener hijos es lo mejor del mundo.

El magnífico arte de derrotarse

Hay una oración muy bellísima que dice:

Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar,

fortaleza para cambiar lo que soy capaz de cambiar

y sabiduría para entender la diferencia.

Esta es la oración que se reza en las sesiones de todos los programas de 12 pasos: AA, NA, Comedores compulsivos anónimos, Jugadores Anónimos, etc etc.

Los programas de 12 pasos buscan lograr que el adicto o la persona que está sufriendo, se “desenchufe” de su adicción, cualquiera que ésta sea, y se “enchufe” al único que nunca te va a dejar mal, nunca te va a fallar, nunca se va a equivocar: Dios. O un Poder Superior como cada quien lo concibe.

El paso # 1 es el paso de la “derrota”, en el que admitimos que no podemos con el problema que nos llevó al programa de 12 pasos. No puedo con el alcohol o drogas que consumo, no puedo con la comida que me como, no puedo controlar mi necesidad de jugar o de apostar, no puedo con ello, ya no puedo más.

Yo hace muchos años que voy a NA y gracias a eso he podido aplicar los doce pasos a otras situaciones de mi vida con muy buen resultado. Este paso particularmente, el de la derrota, me sirve para rendirme ante otras preocupaciones. Situaciones que tienen que ver con mis hijos, mi trabajo, la economía familiar, mi salud y la de los míos.

Comienza la “loca de la casa” a moverse como se mueve el ratón en la rueda del laboratorio, se mueve sin parar pero sin dirigirse a ningún lado y sin lograr nada. La “loca de la casa” es mi ego, cuyo único objetivo en esta vida es hacerme la vida de cuadros.

Entonces yo, me derroto. Le digo a Dios: “Dios. No puedo con este problema. Me rindo. No se me ocurre nada. No sé qué hacer. Ayúdame te lo pido por favor” Algo que hago mucho es escribirlo, tengo toneladas de libretas en las que escribo esos y otros pensamientos.

Si soy sincera en mi derrota, lo que sucede es que los veintes empiezan a caer. Con esto de los veintes no quiero decir que billetes azules con la cara de Juárez llueven hacia uno; me refiero a esa sensación de cuando se capta la solución al problema o se ve la luz al final del túnel; una especie de entendimiento que uno de repente, así como sorpresa, tiene acerca de la situación.

Las nuevas generaciones no conocen los teléfonos públicos de “veintes” lo cual es una pena porque para explicar esta sensación de “entender” o de “saber” o “descubrir la respuesta” no hay mejor frase que “me cayó el veinte”.

A veces ese veinte cae y no nos gusta mucho lo que dice, porque tal vez implica renunciar a algo que no queremos dejar que se vaya pero que es precisamente lo que nos está haciendo más daño. En mi larga vida me he dado cuenta que cuando renuncio a algo, con toda seguridad otra cosa llega, mejor, más bonito y que me hace mucho bien.

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He comprendido que a Dios le gusta que renunciemos, no entiendo porqué, ni me toca entenderlo, solamente puedo decir que en mi experiencia, así ha sucedido no una, varias veces.

Los programas de 12 pasos son maravillosos, al menos en mi experiencia, si de algo le doy gracias a Dios es que me haya mandado a los Neuróticos Anónimos. El nombrecito “neuróticos anónimos” esta algo feo, tal vez por eso no va mucha gente. Y también hay gente que le da pena, pero como a mi realmente no me importa lo que digan de mi porque en mi vida he aprendido que van hablar, aunque yo haga lo que haga, van hablar, así que mejor elijo hacer lo que quiero y que sigan hablando.

Feliz domingo a todos.

El adulto bebechón

Desde hace varios años que asisto a los Neuróticos Anónimos. Conmigo eso del anonimato ya valió gorro, si lo estoy publicando en mi blog con tanta desfachatez. Sin embargo, yo tengo derecho a decirlo acerca de mi misma, más no debo decir los nombres de las personas que me encuentro en las reuniones. Si quieren esa información, son $50 pesos.

Neuróticos Anónimos es una asociación que trabaja con los mismos 12 pasos que los Alcohólicos Anónimos, y los mismos “conceptos” y las mismas “tradiciones”. Los libros son los mismos también, y también hay otros libros que son propios de NA.

Cada grupo tiene sus horarios, en mi grupo se sesiona de lunes a viernes de 8 pm a 9.30 pm. Ayer estudiábamos la “Tercera Tradición”. Que dice que en NA (o cualquier programa de recuperación de 12 pasos) no hay requisitos ni reglas, solamente el deseo de recuperarse.

Al principio cuando surgieron los primeros grupos, había muchísimas reglas, que son producto del miedo. Reglas como por ejemplo “a AA no pueden entrar mujeres; o personas sin empleo; o personas de color” etc. Todas esas reglas son producto del  miedo, y como sabemos el miedo no existe en la realidad sino que es un invento de nuestro ego o de nuestra mente.

Un compañero del grupo (si quieren saber su nombre son $50 pesos) comentó a la sesión que para él, los neuróticos somos un grupo de personas adultas, con cuerpos de adultos, con edades de 30, 40, 50 o más años, quienes por dentro somos “bebechones” esa palabra utilizó. Tenemos compromisos con las autoridades, responsabilidades como mantener a nuestros hijos o cumplir objetivos laborales, etc y al mismo tiempo por dentro somos como niños.

Los bebés cuando tienen un problema lloran o gritan y con eso basta, un adulto se los resuelve. De igual manera, los neuróticos al no poder controlar nuestras emociones, gritamos o nos dejamos llevar por la ira, por el coraje, y exigimos, demandamos que nos resuelvan el problema, quizá otra persona, un familiar, quizá el jefe, quizá el gobernador del  estado, tal vez la pareja, etc.

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Pensamos que si la estrategia sirvió cuando éramos bebés, ¿por qué no nos va a servir ahora que somos adultos? Pues no, no sirve. No es lo mismo tener dos años que cuarenta años. Esperar que otra persona u otra instancia te resuelva el problema, no funciona, nunca. Siempre cobra una factura de infelicidad o sufrimiento. Si no eres tú mismo el que se hace cargo de tu vida, vas a sufrir. Esto es una realidad. Engañarse a sí mismo no va a cambiarla, solamente va a empeorar el sufrimiento.

Ser un adulto responsable es muy difícil y más aún en esta época de 2018. La edad para ser autosuficiente ha ido incrementándose con las décadas. Mi papá #pájaro me contaba que él desde muy jovencito, 16 ó 17 años tuvo que buscarse la forma para ser autosustentable. Nosotros comenzamos esa etapa de adultos responsables al terminar la carrera, quizá 24 ó 25 años. Y ahora, cada vez está más lejano ese día.

Es difícil asumir la responsabilidad y es difícil lograr las condiciones en estos tiempos del 1%.

Es difícil ser adulto cuando se es un “bebechón”. Así lo decía mi compañero del grupo de NA, de quien con gusto les puedo decir su nombre, previo pago de $50 pesos.