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Bloquée y fui bloqueada

Hago una comparación con el inmortal poema de Amado Nervo que se titula “En paz” cuyas últimas estrofas dicen más o menos así:

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz. 
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

Ahora yo digo: “bloquée y fui bloqueada. ¡Whattsapp nada me debes. Whattsapp estamos en paz!”

Últimamente he escuchado y leído una discusión que se alarga desde los comienzos de la historia. ¿Qué es mejor: intentar solucionar las cosas o cortar por lo sano? Me refiero a cuando hay conflicto entre dos seres humanos.

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El conflicto es inevitable. No creo que haya una sola persona que haya vivido enteramente sin conflictos. Incluso seres espirituales de gran estatura como Juan Pablo II o la Madre Teresa, tenían detractores y enemigos. Qué más podemos esperar de nosotros los “normales”.

Lo maduro es intentar resolver el conflicto. Intentar el diálogo o la negociación, gestionar de una manera adulta mediante la palabra, sin hostilidades sin insultos sin agresiones; llegar a comprender qué es lo que pasa y como se puede resolver de la mejor manera.

Sin embargo, aunque esto es perfectamente lograble en muchos muchísimos casos, es imposible en algunos otros. En algunos casos, lo más sano es la “fuga geográfica” así le llaman a esa acción de “cortar por lo sano”.

En estos tiempos modernos, la “fuga geográfica” se traduce (en parte) a “bloquear” a esa persona por whattsapp, por facebook y otras redes sociales. Es una estrategia a mi gusto, perfectamente válida y razonable. Me hace pensar en la cantina para el alcohólico. La cantina no tiene nada de malo. Es un negocio donde venden bebidas alcohólicas a donde van personas a conocer gente, platicar, divertirse, etc. Muchísima gente visita la cantina y pasa un rato ameno y agradable sin mayores consecuencias.

Sin embargo hay algunas personas para quienes visitar la cantina es un problemón. No pueden controlar el alcohol que toman; el alcohol es su peor enemigo ya que los orilla a endeudarse, a pelearse y ser agresivos; o a deprimirse y llorar; y aún después de haber salido de la cantina, sigue la cruda económica moral y física. Todo un desmadre por haber ido a la cantina una horas.

La cantina es lo mismo en el caso de algunas personas para otras personas. La persona A es la cantina y la persona B es el alcohólico. La persona A es perfectamente amable y encantadora para la mayoría de la gente. Pero no para la persona B, quien no debe ni acercarse a la persona A porque sufrirá las consecuencias. Algo así me imagino.

Yo soy la cantina para quienes me han bloqueado y yo tengo mis propias cantinas a las que a mi vez, he bloqueado también. No tiene remedio, así es. La solución del alcohólico de NUNCA VOLVER A PISAR UNA CANTINA parece drástica pero es la mejor. La determinación que tomaron quienes me bloquearon puede parecer exagerada, pero no lo es. No lo es. Es la mejor decisión, como se puede corroborar con la paz que se siente al no tener que lidiar al enfrentarse con la cantina “Lucía”.

Como dicen en Missisipi: A-mén to that.