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Más que el divorcio, el encierro

Mis hijos han reaccionado con bastante tranquilidad a esto del divorico, a Dios gracias. Todo el suceso fue algo completamente inesperado. Mi ex esposo (que raro llamarlo así) trabaja en el área administrativa de un Hospital muy grandote. Con esto del Corona, decidió rentar un airbnb para aislarse, durante el mes de abril agarró sus chivas y se fue. Cuando terminó el mes del aislamiento, volvió a la casa, nos dijo a todos que ya no quería vivir aquí, y se volvió a ir, ahora sí for good. Se fue el 15 de mayo y para mediados de julio firmamos el divorcio.

Si me preguntan acerca de razones o motivos más pronfundos, al día de hoy no tengo ni idea, pero si quieren pueden llamarle a él, por inbox o por whattsapp les doy su número. Y de paso me cuentan el chisme por favor porque yo misma no sé muy bien qué mosca le picó.

Dicen que muy pronto podrás divorciarte en el Oxxo. Así de sencillo es el trámite. También es verdad que mis hijos, uno es mayor de edad y el otro ya casi, así que no había mucho campo para discutir, temas como “qué días te toca a ti, que días a mi, vacaciones, navidades” todo eso ni vale la pena discutirlo porque a esa edad los hijos hacen pretty much lo que les da la gana.

Ellos hablan mucho con su papá, quién es un EXCELENTE papá, y lo visitan los domingos. Los he notado tranquilos y de acuerdo con la decisión de su papá. Lo que más bien creo que les está afectando, es el encierro.

Yo y todos los seres humanos que no viven en Corea del Norte, a esa edad 17, 18 años, estás en todos lados menos en tu casa. Por ejemplo yo, esa edad llegó a mi vida en 1987, 88. ¿Qué hacíamos? Nos achócabamos en casa de alguna amiga, y llamábamos por teléfono al niño que nos gustaba sin decirle quién éramos, por supuesto. Me acuerdo que mi amiga y yo le hablábamos al niño que me gustaba a mi y le decíamos que yo era “Marissa” y ella era “Andrea” como en el programa ese de “Ensalada de locos”. Era cuando en las casas había más de un aparato teléfonico y al levantar la bocina se escuchaba lo que decían por la otra línea. Qué anticuado suena todo esto.

Ya están un poco mayores que en la foto

Otra cosa que hacíamos era treparnos al coche y dar roles por las casas de los niños que nos gustaban, pasando frente a su casa con la lejana esperanza de verlo entrar o salir. También íbamos al cine, íbamos a Sanjuanistas los domingos, íbamos al Club Campestre (coladas, porque no éramos socias), íbamos al boliche que está cerca del Roger’s, veíamos películas. Es decir, nunca estábamos en nuestras casas.

Ambos fueron a terapia una sola vez, y no han querido regresar. Dicen que no quieren regresar con el terapista. Lo mejor que podría pasar, es que llegue la famosa vacuna y se acabe esta pesadilla. Para que toda la economía comience a recuperarse, para que la gente se deje de morir, y para que mis hijos puedan tener vida normal de adolescentes.

La chica especial de mi hijo Pablo

Mi hijo Pablo tiene 12, casi 13 años. El 8 de mayo será su cumpleaños, DM. Hace algunas semanas, tres o cuatro, me dijo su hermano, que se llama Andrés y tiene 14: “Pablo tiene una chica especial en la escuela”

Imaginarias navajas de rasurar Gillette comienzan a cortar simbólicamente mis órganos internos. Saco fuerzas de quien sabe donde para no caer al suelo y pongo mi mejor versión de “poker face”.

“¿Ah, sí?” les dije “¿Y cómo se llama?”

Pablo, sorprendentemente tranquilo, me dijo: “no te lo voy a decir”. También para mi sorpresa, no cedió a la presión, los chantajes, las amenazas, todo lo que hice para que me dijera el nombre de la susodicha.

“¿Paola?” “No” “¿Marta?” “No” “¿Rebeca?” “No” “¿Andrea?” “No” “¿Laura?” “No” “¿Lorena?” “No” “¿Amanda?” “No” “¿La niña que viene de Finlandia?” “No” “¿La hija de tía Vero?” “No” “¿Ana?” “No” “¿Cristina?” “No” “¿Gaby?” “No”

“Nunca lo vas a adivinar” me aseguró.

Al día de hoy, no ha habido forma de que me diga quién es. Lo único que sí me dijo, es que no va en su salón. Es una niña del “A” o del “C”, toda vez que mi hijo es del 6 “B”.

clip art kidsTotal que hoy, estábamos comiendo, y yo por milésima vez, así como si nada, discreta y disimuladamente, toqué el tema.

“¿Me vas a decir quien es la chica especial?” Su respuesta fue la siguiente: “No”

Su papá le preguntó: “Y esta chica, ¿te hace caso?” “¿Qué es eso?” preguntó Pablo. El papá le explicó que “hacer caso”, quiere decir que la niña siente lo mismo por él. “¡Ah!” dice mi hijo. “sí”.

Supe, en ese momento, que de coma diabético no me voy a morir. Sentí que se me salía el alma del cuerpo. Sentí que se me vaciaba todo el interior y dentro de mi no quedaba nada. Todo se había derrumbado dentro de mi. Disimulando lo más que pude, con la voz temblorosa, le pregunté si ya se habían besado… y su respuesta fue un tajante, apabullante, rotundo “¡¡¡NO!!! ¡¡QUE ASCO!!!”

Este, damas y caballeros, fue un caso de la vida real titulado “la mente (cochambrosa) de una mujer de 46 años, no se parece en nada a la de un niño inocente de 12-13 años”

¡Gracias a Dios!