Archivo de la etiqueta: Comunismo

Dios no quiere que me vaya de Mérida

Mérida es el mejor lugar para vivir del mundo, según dicen los entendidos y yo también lo digo. Es un lugar bonito, seguro y relativamente libre de contaminación. El calor de 40 grados solamente está en  nuestras mentes, no está en la realidad. Así que, Mérida es perfecto.

Cuando yo era niña en los años 70, en México había un presidente decididamente de izquierda. Se llamaba (se llama, el hombre tiene 95 años y no se ha muerto) Luis Echeverría Alvarez.  Tal vez por el ejemplo de la Cuba castrista y otros países, lo cierto es que LEA era decididamente de izquierda. Lo primero que hizo nomás llegar a la presidencia fue nacionalizar el azúcar. Su discurso era populista al extremo. Su esposa se vestía de china poblana a la menor provocación.

Image result for luis echeverria

La cosa es que en mi casa, mi papá, #pájaro, estaba seguro de México se convertiría en otra Cuba más pronto que tarde. Así que procedió a tramitar mi pasaporte y  mi visa para que pudiéramos irnos sin problemas a vivir a los Estados Unidos de América, ya que en este México comunista no nos íbamos a quedar.

Hasta aquí todo muy bien, solamente qué, quiso el destino que mis tres hermanos y  mis dos papás tuvieran residencia en ese país vecino del norte. Ignoro el nombre correcto: “green card” “social security number” lo que sea, ellos podían entrar y salir libremente de Estados Unidos, quedarse el tiempo que quisieran… y yo no.

Fluida y Eléctrica, my sisters, me lo recordaban cada 5 minutos: “nosotros nos vamos a ir a Estados Unidos…  ¡y tú te vas a quedar aquí! ¡Sola!!” Recuerdo claramente a mi misma imaginándome en la casa sola para mi. Esto fue en 1975 ó 76, así que yo tendría 5 ó 6 años. La idea de vivir yo sola en mi casa de Itzimná no me parecía tan mala idea. Desde entonces hasta ahora, valoro significativamente mi soledad.

Total, que nunca hubo revolución comunista, no nos fuimos a ningún lado, Fluida y Eléctrica se casaron y lo más lejos que llegaron fue a sus respectivas casas, una en la misma colonia Itzimná y la otra en Villas la Hacienda.

Pasan los años, y voy y me caso con un chileno. Su país de donde es él se llama “República de Chile”. Es un país con muy poca corrupción, con alto nivel educativo, pujante economía y por si fuera poco, muy bello. Así que, de repente hemos acariciado la idea de pasar algunos años por allá, en la República de Chile.

Mi esposo tiene “residencia” aquí en México, se llama FM algo, no recuerdo si FM2 ó FM3. Puede hacer prácticamente de todo menos ser mesero ni trabajar en un restaurante. ¿porqué será? ¿será porque los meseros pueden pasar oscuros secretos de estado a los parroquianos? Ni idea.

Total, que cada cierto tiempo mi esposo tiene que ir a Cancún a renovar su residencia. En Cancún hay un consulado de la República de Chile y la señora que realiza el trámite es muy amable y al parecer ha hecho buenas migas con Ricardo.

Uno de esos viajes, Ricardo le dice: “tengo dos hijos, ellos, ¿podrían ser chilenos?” “¡Claro! ¡Sin problema!” le dice la señora del consulado. “Traígame sus actas de nacimiento y en cuanto cumplan sus 18 años de edad, el trámite es casi automático. Por ser hijos de chileno, son chilenos también” Mi marido encantando ante la facilidad del asunto. ¡”Qué bien!”, le dice, “¿y mi esposa?” “NO — responde la cónsul– su esposa NO”.

Image result for no

“¿QUÉEE? ¿porqué no? ¡¡hace más de diez años que nos casamos!!” La sra del consulado fue enfática: “No es tan sencillo tratándose del cónyuge. Tiene que vivir dos años en la República de Chile, presentar un examen y si lo aprueba, se evalúa su caso”

Así qué, esto ha sido mi vida… rodeada de gente que puede vivir en otro país, sin poder yo vivir en ese otro país. Por eso digo: Dios no quiere que me vaya de Mérida. 

Primero de Mayo. Día del Trabajo.

Era el año de 1886 en Chicago, Illinois, y decenas de miles de trabajadores ganaban salarios pobrísimos, de $1.50 al día. Sobre todo trabajadores inmigrantes, alemanes y bohemos. A los intentos de huelga buscando mejores condiciones laborales, los patrones respondían con actos de represión frecuentemente violentos.
Los trabajadores se organizaron en sindicatos con fuerte inspiración socialista. Determinaron que el día 1 de mayo de 1886 sería el día que marcaría el inicio de la jornada laboral de ocho horas.
Ese día, miles de trabajadores en todo Estados Unidos de América se lanzaron a las calles a protestar y exigir mejores condiciones. Se calculan 300,000 personas en distintas ciudades de ese país.
Paralelamente, en Chicago, un grupo importante de trabajadores se situaron afuera de la fábrica McCormick de segadoras y otras máquinas para cosecha. Estaban bien organizados y sus manifestaciones lograban mantenerse en paz. Sin embargo, el día 3 de mayo un grupo de los trabajadores suplentes se enfrentaron a los trabajadores en huelga. Se escucharon disparos provenientes de la policía y murieron en el enfrentamiento 2 empleados.
Los huelguistas rápidamente imprimieron y distribuyeron volantes invitando a una manifestación – marcha, en la plaza de Haymarket, al día siguiente, 4 de mayo de 1886. El evento iba en paz, con discursos pronunciados por August Spies y otros; y casi al finalizarse,  cayó una bomba dirigida hacia el cuerpo de policía, matando instatáneamente a uno e hiriendo gravemente a otros seis. Comenzaron los disturbios y los disparos. Muchos policías se mataban unos a otros porque no veían en la oscuridad ni tenían dirección ni órdenes.
Sin embargo, se determinó que el grupo de anarquistas que habían estado organizando a los trabajadores y dirigiendo las huelgas y las marchas, eran los culpables.  Se hizo un juicio y se condenó a 8 anarquistas, a los que conocemos como los “mártires de Chicago”. Cinco de ellos murieron en la horca y 3 cumplieron años en la cárcel. Este juicio fue considerado una farsa por muchos intelectuales de la época, por ejemplo Oscar Wilde, George B. Shaw y José Martín, amén de toda la comunidad internacional.
En la imagen están los cinco que murieron ahorcados y los dos que cumplieron cadena perpetua. Falta uno, que cumpló una condena de 15 años de cárcel.
Muchos países rememoran el 1 de mayo como el Día Internacional del Trabajo, en atención a estos eventos ocurridos en Chicago. Curiosamente, en Estados Unidos de América no se celebra en esa fecha, sino el primer lunes de septiembre, que se llama “Labour Day”, lo mismo puede decirse de todos los países de la Commonwealth Británica.
El Papa Pío XII dio su aprobación -y la de la Iglesia Católica- a este movimiento declarando que este día recordaremos a San José Obrero.