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Ni la más inteligente ni la más tonta

Yo no me considero ni la más inteligente ni la más tonta. La más tonta, tal vez podría ser aquella del chiste que estaban tres mujeres en el desierto y llevan muchos días perdidas, están cansadas y con hambre, sed, adoloridas, en fin la situación no es buena. De pronto como siempre pasa en estos chistes encuentran una lámpara mágica, la frotan y aparece, claro que sí, un genio, que les dice que cada una tiene un deseo.

  • La primera pide irse a su casa con su familia y zaz concedido
  • La segunda pide irse a su casa con su familia y zaz concedido
  • La tercera dice “me siento sola, me gustaría ver a mis amigas…” y zaz concedido también.

Tal vez no soy tan tonta como la del chiste también creo que no soy tan inteligente como Madame Curie, Golda Meir, Indira Gandhi o como Luisa May Alcott o Jane Austen, Kate Middleton o Letizia Ortiz. O tan abusada como la Gaviota que al parecer es más lista que todas las antes mencionadas juntas.

Dicho esto, quiero aceptar, admitir, que no entiendo el problema del aborto.

Para mi está más que claro que el aborto es matar a otro individuo y que la diferencia entre matarlo antes de nacer o después de nacer es únicamente de tiempo o de edad. No entiendo porque la mujer que practica el aborto es “víctima” si ha tenido a su alcance cualquier cantidad de métodos anticonceptivos siendo uno de los más bonitos y baratos el que se conoce como cerrar las piernas.

Mi hijo mayor Andrés nació un 20 de octubre; el 7 de septiembre siguiente yo estaba en casa de una de mis mejores amigas porque era su cumple. Por eso no se me olvida la fecha. Era el cumple de mi amiga. Nos sentamos a echar el chisme y me dice ella “¿una cervecita?”; sabiendo que mi respuesta era invariablemente afirmativa, ya estaba destapando la bien helada cuando para su sorpresa le dije “no caray, no puedo. Creo que estoy embarazada”

Mi hijo Pablo estaba ya bien colocado en su lugar de gestación; nació el 8 de mayo, a las 38 semanas de gestación por lo tanto, cuando rechacé esa deliciosa cervecita, Pablo tenía 3 semanas de VIDA y más o menos este tamaño:

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De una de estas semillas, en tamaño real, aprox 0.4 cms. NO cuatro centímetros, sino el 40% de UN centímetro. Y de ese pequeño tamaño, Pablo estaba firmemente colocado y VIVO en su lugar. A mi no me lo cuentan. Se siente clarito cuando estás embarazada, se siente que una PERSONA está ahí, bien instalado/a.

Esta persona (pequeñita) no se tiene la culpa ni es su responsabilidad la forma en la que llegó a instalarse ahí, al vientre de la señora que lo está cargando. Si la señora no tenía planes de tener hijos, si es producto de una violación, si su pareja es un borracho pegador y mujeriego, si la señora utilizó métodos anticonceptivos que fallaron, la PERSONA ahi instalada adentro de ella no se tiene la culpa ni le vale un cacahuate, así como tampoco le importa al que trabaja en el Oxxo o al presidente de la república o al tío pancho de la misma señora.

El nuevo bebé, el presidente de la república, el empleado del Oxxo y el tío pancho, todos tienen en común que son personas independientes, ajenas a la señora, y que matarlos es un delito, está mal en el 100% de los casos.

Por eso me cuestiono mi inteligencia, porque por más que le doy vueltas al asunto, no entiendo, como puede estar bien matar a la semillita de sandía, (o dicho de otra forma: como puede ser un “derecho” el aborto), y en cambio no está bien matar al presidente, al del oxxo ni al tío pancho. Nunca lo entenderé.

La chica Embarazada

Un chiste para este domingo.

Una chica de 17 años le dice, llorosa, a su mamá: “mamá. Tengo malas noticias. Hace dos meses que no me viene el período” La mamá se da el susto de su vida y corre a la farmacia a comprar una prueba de embarazo. En efecto, la prueba sale positiva, la chica está indudablemente embarazada.

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Llega el papá, y al enterarse de la noticia, grita, llora, se desespera. “¿Quién te hizo esto? ¡Quiero saber quién le hizo esto a mi hijita!!

La chica toma el teléfono, hace una llamada, y unos 20 minutos después un Ferrari se estaciona en la puerta. De el se baja un hombre en sus cuarentas, atractivo, vestido impecablemente, con gran porte y finos modales.

Se sientan todos en la sala, y el hombre dice lo siguiente: “Reconozco lo que hice. Debido a mi situación familiar, no me será posible casarme con su hija. Sin embargo, me hago reponsable. Para comenzar, pagaré los gastos y la manutención de su hija durante el resto de su vida. Acerca de la creatura, si es niña, le pondré a su nombre un departamento, una casa en la playa y una cuenta de banco de $2 millones de dólares. Si es varón, le otorgaré un par de mis fábricas y una cuenta de 4 millones de dólares. Solo tengo una duda… ¿qué hacemos si durante el embarazo, pierde al bebé?”

Hay un silencio por un minuto. El papá se inclina hacia el hombre, y le dice: “En ese caso, te la coges otra vez”