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I hate videogames

Yo amo los video juegos. Cuando llegaron a mi vida, yo tenía unos 14 años y una amiga era la afortunada poseedora de un Atari. Se podían jugar Pac Man y ese de las navecitas espaciales que se iba matando hasta que alcanzaban una velocidad tal que lo mataban invariablemente a uno.

El contro remoto era negro y solamente tenía una palanca y un botón rojo. That was it.

Luego, a los 18 años, a mi sobrino le compraron el primer Nintendo con el primero juego de Mario Bros. Que estaban todos pixeleados y caminaban de lado. Brincaban para pegarle con la cabeza a unos cuadros con signos de interrogación de los que salían unas moneditas.

La gratificación instantánea era precisamente eso; gratificación instantánea. Durante meses no salí ni a la esquina con tal de ir a casa de mi hermana a jugar el dichoso juego hasta que ¡por fin! una noche, la cual recuerdo perfectamente a pesar de que han pasado casi 30 años, rescaté a la famosa princesa para que se casara con Mario.goomba

Dicen que Dios los cría y ellos se juntan y de acuerdo a esa lógica, mi marido también era bastante aficionado a los video juegos cuando lo conocí. De hecho una de las primeras cosas que compramos ya sabiendo que nos ibamos a casar fue un Nintendo 64 y muchos fines de semana en lugar de salir a socializar como la gente normal, a disfrutar una exposición o un restaurante, nos queamos encerrados jugando Mortal Kombat o Mario 64.

¿Qué podemos esperar de nuestros hijos? El olmo no da peras y mis hijos son auténticos devotos de los video juegos. Que se han convertido, ahora sí, en mis peores enemigos. (los videojuegos, no mis hijos).

Los videjuegos representan una industria de billones de dólares y mucho de ese dinero se destina en hacer de ellos un elemento adictivo ya que la adicción significa más ganancia. La gratificación instantánea es la clave de todo esto. Cada vez que mi hijo gana puntos o logra una meta o un objetivo del video juego, su cerebrito hace “click” y su única ambición en esta vida es conseguir más de esa sensación de victoria. El hecho de que sean violentos para mi es lo de menos. Mis hijos no son más agresivos debido a los juegos. Considero que mis hijos no son agresivos, punto. La preocupación, repito, para mi, es que ellos no deben entender la vida como una serie de pequeños premios obtenidos con pequeños esfuerzos porque, afortunadamente, no es así como funciona.

Mario-Bos-1_1780147iAquí viene otra situación a la que me he enfrentado desde que mis hijos asisten a la escuela. La de los otros niños que ya tienen el aparato. Mis hijos en todos los casos han sido los últimos en obtener la consola o el video juego de moda. Me he resistido lo más que he podido. Cuando ya todos o casi todos los otros niños del salón de clases ya tienen la porquería esa, me siento arrinconada y cedo.

Mis hijos solamente tienen una consola, cuando sé perfectamente que varios niños tienen dos o tres (por ejemplo, tienen Xbox y Playstation) y solamente es una para ambos, no una para cada quien.

Con todo y todo, me cae mal el haber cedido, batallo muchisimo con el tema, me la paso midiendo el tiempo que juegan la madre esa, al primer pretexto se los prohibo, juegan solamente con determinadas condiciones cumplidas, y todo eso no logra evitar que ambos estén completamente esclavizados por los malditos videojuegos.

Creo que mientras más sean mis enemigos, más los estoy haciendo ganar la batalla.

Mi hijo Pablo está lleno de puntos

El primer día de clase fue lunes 31 de agosto, y para el miércoles 2 de septiembre a las 9 de la mañana recibí la primera llamada del colegio. “¿Ya tan pronto?”, pensé.

-¿Bueno?

-¿Sra. Cervera? Le hablo del Colegio Peninsular

-Si, ¿qué pasa? -como el águila de Banca Serfín, hice la pregunta, muy preocupada.

-¡¡¡Su hijo Pablo está lleno de puntos!!!!

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El papá fue por Pablo y me llamó para informarme. “En efecto, está lleno de puntos. ¿Qué hacemos?” “No hacemos nada” le dije. “Vamos a vigilarlo a ver cómo evoluciona”. Lo llevaron a la casa a que se aburra todo el día y toda la tarde.

Al día siguiente, Pablo todavía con algunos puntos, se fue a la escuela. Estaba desesperado por ir. De ninguna manera quería pasar otro largo día, solo y aburrido, en la casa. Me esperaba a que las maestras me hablaran para devolvérmelo, sin embargo, no fue así. A la salida de la escuela, me llama mi marido y me dice que todavía, persisten, se mantienen, los dichosos puntos.

Pablo pidió hablar conmigo. “¡Mamá!, me dice, “los puntos no se me quitan!! No me quiero quedar así para toda la vida!!” Reconocí en mi hijo la vena dramática de su abuela (la del otro lado) No hijo,le dije, no te vas a quedar así toda la vida.

Un compañero de trabajo me escuchó dialogando con mi hijo y me dijo algo que me alarmó muchísimo: ¿No será el chimichurri? (el chimichurri es un mosquito que provoca fiebres intensas y dolores en los huesos, y que ha estado picando por todas partes, ocasionando muchas bajas por enfermedad)

Sentí que el alma se me cayó al suelo. Chispas, ¿y si es el mosquito?. Pablo ha estado activo, no ha perdido el apetito, no ha tenido fiebre, ha dormido bien, no tiene otros síntomas más que los puntos. Sin embargo, ¿y si es el maldito mosquito?

En un par de horas ya estábamos con la dermatóloga.  “Su hijo tiene alergia. Puede ser al huevo, al chocolate, nueces, camarón o fresas”.

Si Dios lo permite, Pablo pasará una larga y feliz vida, pero… sin comer chocolate.

Mi hijo, el celular mojado y el cenote

Decía mi papá #pájaro Cervera que durante su vida él había pagado muy cara su bocota. Mi papá en efecto tenía una boca grande. Con ese comentario, se refería a que cuando hablaba de más, sin falta la vida o el destino o el universo le cobraban la factura de lo que había hablado. Lo decía muchísimo. “¡Otra vez!” decía, “¡pagué mi bocota!”

Asimismo, yo también, estoy pagando mi bocota. Dije y dije y requetedije que no le iba a comprar un teléfono a mi hijo. ¿Y qué es lo primero que hice? Pues ir a comprarle un teléfono. Y ayer viernes 19 de junio del 2015, pagué mi bocota.

El teléfono se lo compré para su cumpleaños el 8 de mayo. Un poco por cansancio, ya que me lo había pedido e insistido uuuffff pertinazmente. Un poco porque era el único niño del salón sin teléfono y esto pudo con mi egote. (egote – ego grande) Otro poco, porque había una oferta en Telcel que el teléfono estaba a muy buen precio y además a meses sin intereses. Total, que cedí.

El papá de Pablo nunca estuvo de acuerdo. Me dijo veinte veces que era demasiado para un niño de doce años. No le hice ningún caso.

Ayer, Pablo fue a una fiesta de fin de curso, baño de piscina. Y feliz de la vida, se echó de cabeza al agua, con su uniforme puesto… y el teléfono en el bolsillo del pantalón.

Segundos después, se da cuenta de lo que hace, se sale de la piscina como un cohete, pero es demasiado tarde. El aparato está mojado. No reacciona. Es muy delicado. Llega a la casa y se lo confiesa al papá (no a mi) Lo remojan en arroz porque eso es lo que recomienda una página de internet. Eventualmente, me lo cuenta a mi.

La consecuencia que le puse es: cederle el teléfono un mes al hermano, quien no tiene celular, por motivos largos y que no vienen al caso de contar ahora; y no puede ir a ver la película “Dragon Ball Z” que casualmente se estrenó precisamente este fin de semana y está más que desesperado por ir a ver. Ya habían planeado ir los dos hermanos y el papá a ver “Dragon Ball Z” este fin de semana.

El niño no ha parado de llorar desde que le apliqué la consecuencia. Lo único que puede salvarlo es que mañana domingo por la mañana, cuando lo retiren del arroz, si el teléfono funciona, pueden ir al cine. Pero nada lo salva de cedérselo al hermano un mes entero.

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A todo esto, cuando le estaba informando cuál serían las consecuencias de su irresponsabilidad, pasaron dos cosas.

a) el papá me restregó en la cara: “te lo dije. no se lo hubieras comprado”

b) el niño, Pablo, me dijo;  “pero a tí se te cayó el teléfono al cenote… y no pasó nada”

Con respecto al inciso (a) no me quedó más remedio que apechugar y quedarme callada ante el peso de la evidencia. Con respecto al inciso (b) pues… si pasó algo. Pasó que el dinero que había separado para comprar unas cremas, se utilizó en comprar otro teléfono.  Pero además, de cuándo acá las gallinas de abajo… a las de arriba.

Veremos que sucede mañana domingo cuando retiremos del arroz el teléfono. Mientras tanto, estoy segura de que Pablo ya entendió. Porque el pobre no ha parado de llorar. Crecer duele. ¿Qué si no?

The mayan ruins and the fact that I can’t climb them anymore

Today me and my children, along with my husband, visited Chichen Itza, a place where the Maya, way before the time of Columbus, carried out ceremonies and ball games.

El Castillo
El Castillo

Chichen Itza houses one of the “new seven wonders” (whatever the hell That is) and beside that big and very important one, many other different edifications are there, all built by the aforementioned Maya.

It is a beautiful place; many people travel from distant places around the world, to see something that I have about 45 minutes from my house.

We thoroughly enjoyed the day, however, I was sad that we can not climb the pyramids. When I was young, some 30 years ago, we could get on and off at will of all the ruins. We could get closer to the sacred cenote’s shore. I saw people swimming in the cenote.

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We could walk into the jungle and play explorers. We could penetrate the depths of the castle and see the red jaguar “chaac mool”. And we could do all that, without being nagged all the time by dozens of vendors with their crafts and their mexican curious.

Today my children first visited the city of Chichén Itzá. I was very sad for them. We walked the entire place in less than two hours. I am glad that the remains are taken care of, it seems somewhat logical that people’s upload is prohibited. Upload, only the act of stepping on buildings over 500 years was harmful; addition to this, people urinated, left signs in the walls, ate and left the remains, none of them proving to be holders of a great education.

familia en el castillo

One thing or the other. The ruins are preserved much longer, but I can not, nor my children, climb on them no more.

PIRAMIDE A LO LEJOSPIRAMIDE MEDIANA

FAMILIA CENOTEcaminando de espaldas con guerreros al fondoDIBUJOS MAYAS DE CERCA

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Son ideas que voy recopilando en el internet y que me gustaría, poco a poco, agregar a mi casa.

Pared de fptps
Fotos o imágenes en una pared, ordenados estéticamente. Puede ser en el descanso de la escalera o en otra pared.
porch swing
Columpio. Este es un “porch swing” o columpio para la entrada o recibidor. Yo lo quiero para la terraza que da al jardín de atrás de la casa.
paredes azul
Pintar una de las paredes de otro color. Esta habitación me gusta mucho, excepto por los muebles blancos de los que no soy aficionada. Me gustan las persianas tipo “roma”, el mueble sesentero, los tres cuadros en blanco y negro, y la pared azul.
Flores al rededor de las puertas, o de alguna puerta. No hay forma de que mi marido se deje convencer de esta idea. Piensa que son ideas de abuelita. ¡Lástima! se ve hermoso.
Flores al rededor de las puertas, o de alguna puerta. No hay forma de que mi marido se deje convencer de esta idea. Piensa que son temas de abuelita. ¡Lástima! se ve hermoso.

Me tomé unas vacaciones de mi blog. Desde enero que no escribo nada. Necesitaba inspirarme y buscar cosas nuevas para inscribir.

En el ínter, viajamos a Nueva York. Algunas fotos, con mis comentarios:

El edificio Empire State, que increíble la vista. Ese día había muchísimo frío.
El edificio Empire State, que increíble la vista. Ese día había muchísimo frío.
Un edificio de los muchos muchos que hay en la ciudad.
Un edificio de los muchos muchos que hay en la ciudad.
Es un museo! Enorme! Como todo en Nueva York
Es un museo! Enorme! Como todo en Nueva York