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Más que el divorcio, el encierro

Mis hijos han reaccionado con bastante tranquilidad a esto del divorico, a Dios gracias. Todo el suceso fue algo completamente inesperado. Mi ex esposo (que raro llamarlo así) trabaja en el área administrativa de un Hospital muy grandote. Con esto del Corona, decidió rentar un airbnb para aislarse, durante el mes de abril agarró sus chivas y se fue. Cuando terminó el mes del aislamiento, volvió a la casa, nos dijo a todos que ya no quería vivir aquí, y se volvió a ir, ahora sí for good. Se fue el 15 de mayo y para mediados de julio firmamos el divorcio.

Si me preguntan acerca de razones o motivos más pronfundos, al día de hoy no tengo ni idea, pero si quieren pueden llamarle a él, por inbox o por whattsapp les doy su número. Y de paso me cuentan el chisme por favor porque yo misma no sé muy bien qué mosca le picó.

Dicen que muy pronto podrás divorciarte en el Oxxo. Así de sencillo es el trámite. También es verdad que mis hijos, uno es mayor de edad y el otro ya casi, así que no había mucho campo para discutir, temas como “qué días te toca a ti, que días a mi, vacaciones, navidades” todo eso ni vale la pena discutirlo porque a esa edad los hijos hacen pretty much lo que les da la gana.

Ellos hablan mucho con su papá, quién es un EXCELENTE papá, y lo visitan los domingos. Los he notado tranquilos y de acuerdo con la decisión de su papá. Lo que más bien creo que les está afectando, es el encierro.

Yo y todos los seres humanos que no viven en Corea del Norte, a esa edad 17, 18 años, estás en todos lados menos en tu casa. Por ejemplo yo, esa edad llegó a mi vida en 1987, 88. ¿Qué hacíamos? Nos achócabamos en casa de alguna amiga, y llamábamos por teléfono al niño que nos gustaba sin decirle quién éramos, por supuesto. Me acuerdo que mi amiga y yo le hablábamos al niño que me gustaba a mi y le decíamos que yo era “Marissa” y ella era “Andrea” como en el programa ese de “Ensalada de locos”. Era cuando en las casas había más de un aparato teléfonico y al levantar la bocina se escuchaba lo que decían por la otra línea. Qué anticuado suena todo esto.

Ya están un poco mayores que en la foto

Otra cosa que hacíamos era treparnos al coche y dar roles por las casas de los niños que nos gustaban, pasando frente a su casa con la lejana esperanza de verlo entrar o salir. También íbamos al cine, íbamos a Sanjuanistas los domingos, íbamos al Club Campestre (coladas, porque no éramos socias), íbamos al boliche que está cerca del Roger’s, veíamos películas. Es decir, nunca estábamos en nuestras casas.

Ambos fueron a terapia una sola vez, y no han querido regresar. Dicen que no quieren regresar con el terapista. Lo mejor que podría pasar, es que llegue la famosa vacuna y se acabe esta pesadilla. Para que toda la economía comience a recuperarse, para que la gente se deje de morir, y para que mis hijos puedan tener vida normal de adolescentes.

La lista

“Mamá” me dice mi hijo Pablo. “¡Tengo una fiesta de quince años!”

-Way hijo -le dije- ¿cuándo te vaya a buscar ya vas a tener 30? Te vamos a extrañar…

Una vez hechas las debidas aclaraciones, acerca de que la fiesta era el cumpleaños número 15 de su amiga, me dijo que necesitaba traje, es decir saco y corbata. “A ver la invitación” le dije. “No hay” me dijo. “Bueno,  a ver el intransmisible” (palabra 100% yucateca que nadie más entiende en todo México) “No tengo” me dice.

-A la niña de  la fiesta se le acabaron los intransmisibles y me dijo que estoy en “la lista” que con decir mi nombre puedo pasar.

Mi mente voló a los años 80 y 90. La primera vez que fui a una “disco” (no se les llamaba “antros” se les llamaba “disco” “discoteque” o decíamos que íbamos “a bailar”) era una que se llamaba Zac Nah que estaba por el cine Colón. A esa solamente fui una sola vez. A las que sí fui bastante más veces fue a “Tequila Rock” “Bimbombao” y “Kalia” en la puerta de las cuales había un ser humano de apellido Ferraez y una cadena.

pablo de traje

La gente se paraba afuera para esperar que los dejaran pasar. No había en Mérida esa costumbre de otros lugares como México o Cancún que decían el número de personas. “Somos dos” o “Somos cuatro” eso aquí no pasaba.

Me imaginé a mi hijo Pablo, de 15 años de edad, con su traje, su saco y su corbata, esperando en la puerta de la fiesta, que alguien abriera la cadena y lo dejara pasar. Esperando… 10 minutos, 15 minutos… viendo como los demás, con sus intransmisibles, entraban nomás llegaban.

-Noooooooo -le dije a Pablo– nada de “la lista” si no tienes intransmisible no puedes ir.

Al día siguiente Pablo me pidió que le hable a la mamá de la niña cumpleañera. La señora muy amable me garantizó que Pablo entraría sin problemas y que cualquier cosa pida que la llamen. Que se le habían acabado los instransmisibles pero que no habría ningún problema.

El doctor Solís, su pediatra, hace varios años me ofreció una medicina para que no crecieran más. Para que se quedaran así, chiquitos, nenés. Lo hubiera aceptado.

La tribuna

En los programas de 12 pasos, como el que yo practico, existe una herramienta que se llama la “tribuna”. Es un mueble “podium” detrás del cual te paras y tienes 15 minutos para hacer catársis. Es una maravilla poder echar para afuera todo eso que te está comiendo por dentro. Las personas que te escuchan, no pueden o no deben decirte nada. No deben darte consejos ni ofrecerte ayuda. Si necesitas ayuda, más personal, para eso existe la figura del “padrino” a quien uno se acerca en privado y le pide que lo ayude.

Con frecuencia yo hablo de mis hijos en la tribuna. Y toda vez que es un instrumento de catársis, pues ni modo, he de admitir que hablo de mis hijos en tanto cuanto me generan dolores de cabeza. Ese es el chiste, compartir de viva voz las preocupaciones – los corajes –  los dolores – las penas – los nervios y la ansiedad.

Así lo hice hace algunos días y al bajarme de la tribuna, acto seguido hizo uso de ella una compañera joven, guapa y muy inteligente, para decir que ella no quería tener hijos nunca en su vida never ever in her life. Y la verdad me sentí muy mal. Me imaginé que ella, por escucharme, había decidido librarse o privarse de una de las más maravillosas bendiciones de Dios, y para mi, la más maravillosa de las bendiciones, que es, tener hijos.

Me hago la nota mental de compartir en la próxima tribuna…

  • La emoción que me dio el martes por la noche de ver a Pablo tocando su guitarra en el coro de la escuela
  • La tranquilidad que sentí cuando Andrés me hizo una descripción detallada de las fechas importantes de su escuela: día de ingreso, día de pago, pendientes, etc.
  • Lo fantástico que es cuando ambos se acercan y nada más porque sí, me dan un besito y un abracito
  • La felicidad que siento cuando se ríen de mis chistes, que me esfuerzo mucho en que sean muy chistosos, solamente para ver que se ríen de mis chistes
  • Lo orgullosa que me siento cada vez que los veo entrar por la puerta, o yo entro por la puerta y los veo. En 17 años, qué serían, ¿unas 50 mil veces?
  • Lo emocionante que es cuando les compro algo, que sé que les va a gustar, y sé que voy a disfrutar, yo más que ellos, ver la expectativa y el agradecimiento en sus caras
  • Lo agradecida que estoy con Dios de su salud, su personalidad, sus pensamientos, sus inclinaciones, sus parecidos, sus pequeñas ambiciones.

No tiene nada de facil. Solamente tiene todo de espectacular. Tener hijos es lo mejor del mundo.

Mamá que trabaja

En mi lugar de trabajo, Fundación Bepensa, la estructura es como sigue: hasta arriba el Presidente del Consejo, luego el Consejo, luego el Gerente y luego dos jefes de proyectos, uno de los cuales soy yo. Hace algunos días, regresando de Tizimín, el Gerente le dijo al Presidente: “Fernando, ¿cuándo quieres que nos reunamos para revisar pendientes?” Fernando le contesta, medio serio medio en broma, “¡Cuándo Lucía quiera! ¡qué decida Lucía!”

Todavía medio sin entender, le dije “Fernando, a tus órdenes” Su respuesta fue: “las últimas dos juntas te saliste a la mitad. Así que tú eres la más ocupada. Así que ¡tu pon la fecha!”

Roja como un tomate, o como el logo de Coca Cola, tuve que reconocer la absoluta verdad del comentario. La junta anterior tuve que salir antes de tiempo porque era la obra de Teatro de mi hijo Andrés. Y la junta anterior a ésta, igual me tuve que retirar antes de que termine por que era el festival de fin de curso, también de mi hijo Andrés.

Roja como el logo de Coca Cola, y muy muy apenada, le dije bajito:  “…es que junio es un mes muy complicado…”

Cuando se es una mamá de trabaja, yo no puedo hablar por las demás mamás, pero puedo hablar por mi. Yo como mamá que trabaja me queda muy claro que mi prioridad es ser mamá. Mis jefes lo saben y también mis patrones y creo que se lo he dicho a toda la empresa. Primero mis hijos. Fin de la discusión.

Eso no quiere decir que yo soy la mejor mamá del mundo, lejos de eso, ni que me vayan a dar un premio por mis extraordinarias dotes como madre y esposa, para nada. Solamente quiere decir que en la vida hay prioridades y para mi me queda claro cuales son las mías. Tampoco quiere decir que yo dejo tirado el trabajo, que no cumplo mis objetivos, que no repongo el tiempo de trabajo que me conceden para ver cosas de mis hijos;  y que lo hecho todo, de la mejor manera posible, haciendo mi mejor esfuerzo.

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Soy una mamá que trabaja feliz porque me encanta lo que hago, y en Bepensa nunca de los nuncas me han negado un permiso para atender situaciones que tienen que ver con mis hijos. Mi esposo también está muy pendiente y ahí la vamos llevando. Y mis hijos han tenido que aprender que hay cosas que no se pueden hacer porque su mamá trabaja.

Quedamos en que la próxima vez que nos veríamos sería el tres de julio y … no voy a poder ir por un trámite de mi hijo Andrés que a fuerza tienen que ir ambos papás. Parece chiste. Muerta de la verguenza le pedí muchas disculpas a Fernando, y él, de lo más amable y comprensivo, supo entender.

Así es esto, en la vida hay prioridades.

Pablo y el in vitro

Pablo mi hijo de 14 años me acompañó al súper. De regreso platicábamos acerca su maestra de matemáticas, quien vive ahí cerca. Se llama Paty. Le pregunté si ya se había casado. Pablo me dijo que no, que es soltera, pero que es joven aún. “¿joven?… (le dije)… ¿cómo cuántos años tendrá? Pablo opina que tendrá como 30. “Pues ya no está tan joven… (le dije) … ya debería estar pensando en casarse. Sobre todo si quiere formar una familia. Es muy riesgoso tener el primer hijo después de los 35 años”

probeta-graduada-cristal-500-mlPablo me dijo: “Pero… y Fulanita? Fulanita tenía 40 cuando nació Little Fulanita (su hija)” Pues sí, es cierto. En primera, fue un milagro, en segunda, Fulanita siempre ha tenido un estilo de vida muy saludable, come sano, hace ejercicio, y en tercera, Little Fulanita fue fertilización in vitro. A lo  mejor eso tiene algo qué ver con el hecho de que haya nacido  muy sana aunque su mamá era cuarentona.

¿QUEÉEEEEEE? ¿Little Fulanita es QUEEEEEEE?????

La fertilización in vitro (FIV) es un proceso de fertilización en el que un huevo se combina con esperma fuera del cuerpo, in vitro (“en vidrio”). El proceso involucra monitorear y estimular el proceso ovulatorio de una mujer, remover un óvulo u óvulo (huevo o huevos) de los ovarios de la mujer y dejar que los espermatozoides los fertilicen en un líquido en un laboratorio. El óvulo fecundado (cigoto) se somete al cultivo de embriones durante 2-6 días, y luego se transfiere al mismo u otro útero de la mujer, con la intención de establecer un embarazo exitoso. (Tomado de Wikipedia)

Pablo estaba muy impresionado. Una cosa es que lo oigas por ahí, el término “in vitro”, en la escuela como parte de las asignaturas de ciencias naturales o biología o educación sexual. Y otra muy diferente conocer y tratar con una persona que vino a este mundo mediante esta técnica de reproducción asistida.

Dije “Creo que Little Fulanita no sabe que ella vino al mundo mediante el in vitro. Mejor no se lo digas” “No mamá, claro que no. No se lo voy a decir”.

Nos quedamos callados unos minutos. Como una ola en el mar que ves que va a venir pero esperas que no venga pero sabes que ahí viene ahí viene ahí viene … Después de unos minutos de silencio, Pablo me dice: “Y yo, mamá? ¿Cómo llegué yo al mundo?”

“Pablo, hijo, tu papá y yo usamos los métodos tradicionales. Una noche del mes de septiembre, escribimos una carta a París, Francia. Nueve meses después llegó una cigüeña, que te dejó en el jardín de nuestra casa. Los primeros meses hablabas francés únicamente, poco a poco aprendiste el castellano”

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Pablo y yo nos reímos de buena gana. Qué lindos momentos vivimos con los hijos, sobre todo cuando ya olvidaron el francés y pueden hablar correcto español.

Mamás con doble certificado de primaria

Creo que han sido decenas de mamás las que me han comentado que ellas “ayudan” (así, entre comillas) a hacer la tarea a su hijo/a de primaria. Esa “ayuda”, entre comillas, va desde recordarle al niño que tiene que hacer su tarea, hasta de plano, resolverle la tarea por completo, pasando por apoyos tales como tomarle la lección, sentarse junto a él/ella en la mesa de la cocina para ver que la haga, pedir que manden fotos de la agenda o cuaderno de tareas a las otras mamás, investigar en Google o en dónde se pueda acerca del tema, etc etc etc etc.

Yo tengo 46 años, por lo tanto, pertenezco a la generación “X” que nacimos entre 1900 no sé cuantos a 1900 no se qué. A todos los de la X generation que sean tan amables de leer estas líneas; que levante la mano el  que su mamá haya realizado cualquiera de las labores o acciones arriba mencionadas, por lo menos UNA VEZ.

Mi mamá, QEPD, nunca nunca nunca nunca ni una vez nunca jamás, never ever ever ever not once not a single time se preocupó, se inquietó, le dio curiosidad, tuvo la duda, se interesó, jamás jamás jamás, por mi tarea, mis trabajos, mis parciales, mis sumas mis restas ni mis multiplicaciones. Tampoco las divisiones. Ni mis sujetos o predicados. En fin, la idea está clara.

Nos trasladamos al actual año de 2016. Que levante su mano la mamá/papá, cuyo hijo: recibe asesoría o regularización, clases particulares, acude a algún tipo de terapia de aprendizaje, de lenguaje, de coordinación, o de plano toma medicamentos psiquiátricos; que alce la mano el que su hijo o hija necesita del apoyo de la misma mamá o papá o tutor, tío, tía abuelo, abuela, para realizar la tarea.

Resultado de imagen para homeworkNo entiendo, no me da la cabeza, tal vez la que necesita tutoría soy yo. No entiendo, qué caso sirve cursar una primaria o secundaria, cuyas calificaciones pertenecen a otra persona, al adulto que haya apoyado al niño.

Si el niño no puede solo, y si son el 80% de los niños los que no pueden solos, tal vez, tal vez, sea necesario que la escuela considere, replantearse, qué le está pidiendo a sus alumnos. Me pregunto. ¿Será que no lo sepan? ¿Será que estas escuelas que marcan mucha tarea no saben que quien se está ganando su certificado de primaria y secundaria por segunda vez, es la mamá?

Tendremos una generación de mamás con doctorado en Cristobal Colón y niños sin la capacidad de hacerse responsables de sus propias obligaciones ni conocimientos para lo que viene después.

So, be it…

Maternidad

motherhoodEs muy lindo tener hijos. Es muy cansado, y estresante, y costosísimo. Todo eso no importa porque el valor de tenerlos -desde mi punto de vista- sobre pasa por mucho el valor de no tenerlos.

En nuestra cultura “posmoderna” hay personas que han decidido no tener hijos. Está bien, no me conciernen sus decisiones ni tienen que pedirme permiso. Siento que me dan pena porque se están perdiendo de una experiencia que es como un “roller coaster” de emociones y momentos padrísimos que no termina nunca mientras Dios conceda vida. Es la mejor escuela para aprender a dar amor. Y sabemos que dando amor es como se siente amor.

Amor a los hijos es sentirse completos solamente porque existan, desear que ellos estén bien aunque tú no estés bien, desear que sean felices aunque no te quieran (por eso los educamos), dar y dar y dar sin esperar nada a cambio. Como Dios nos ama a nosotros. Sin esperar nada a cambio.

Ser mamá quiere decir:

Que cuantas veces pones la mirada encima de tus hijos, te vuelves a maravillar de lo sensacionales fabulosos extraordinarios y maravillosos que son. Todas y cada una de las veces que los miras. Cientos de miles de veces.

Que cada vez que los miras o escuchas hablar o los ves mientras duermes, te preguntas a ti misma: ¿yo fui capaz de hacer esto tan lindo y precioso? No creo. Entonces entiendes una vez más, que venimos de Dios. Porque no hay una mamá que está segura de que no es lo suficientemente genial para crear algo tan genial como sus hijos.

He leído varias veces las justificaciones de las personas que no tienen hijos voluntariamente … “sí tengo hijos ya no podré viajar, ir al cine, ponerme borracheras, tener coche / casa / ropa / relojes de lujo, disfrutar mi libro con tranquilidad…” ¡pobres! no saben lo que se pierden. Efectivamente toda esa libertad se pierde un poco o se pierde toda, pero lo que se gana… es un premio mucho mucho mucho mucho mejor.motherhood (1)

El premio consiste en ser una especie de puente entre tus experiencias y Dios y tus hijos. La mayor parte de las veces no sabes lo que haces. Lo intentas, pidiéndole a Dios no regarla mucho. Un día a la vez, ahí va saliendo. Más o menos. Mientras tengan la capacidad de amar, ya con eso, con que tengan fe, ya con eso, los hijos son el premio mayor.

I hate videogames

Yo amo los video juegos. Cuando llegaron a mi vida, yo tenía unos 14 años y una amiga era la afortunada poseedora de un Atari. Se podían jugar Pac Man y ese de las navecitas espaciales que se iba matando hasta que alcanzaban una velocidad tal que lo mataban invariablemente a uno.

El contro remoto era negro y solamente tenía una palanca y un botón rojo. That was it.

Luego, a los 18 años, a mi sobrino le compraron el primer Nintendo con el primero juego de Mario Bros. Que estaban todos pixeleados y caminaban de lado. Brincaban para pegarle con la cabeza a unos cuadros con signos de interrogación de los que salían unas moneditas.

La gratificación instantánea era precisamente eso; gratificación instantánea. Durante meses no salí ni a la esquina con tal de ir a casa de mi hermana a jugar el dichoso juego hasta que ¡por fin! una noche, la cual recuerdo perfectamente a pesar de que han pasado casi 30 años, rescaté a la famosa princesa para que se casara con Mario.goomba

Dicen que Dios los cría y ellos se juntan y de acuerdo a esa lógica, mi marido también era bastante aficionado a los video juegos cuando lo conocí. De hecho una de las primeras cosas que compramos ya sabiendo que nos ibamos a casar fue un Nintendo 64 y muchos fines de semana en lugar de salir a socializar como la gente normal, a disfrutar una exposición o un restaurante, nos queamos encerrados jugando Mortal Kombat o Mario 64.

¿Qué podemos esperar de nuestros hijos? El olmo no da peras y mis hijos son auténticos devotos de los video juegos. Que se han convertido, ahora sí, en mis peores enemigos. (los videojuegos, no mis hijos).

Los videjuegos representan una industria de billones de dólares y mucho de ese dinero se destina en hacer de ellos un elemento adictivo ya que la adicción significa más ganancia. La gratificación instantánea es la clave de todo esto. Cada vez que mi hijo gana puntos o logra una meta o un objetivo del video juego, su cerebrito hace “click” y su única ambición en esta vida es conseguir más de esa sensación de victoria. El hecho de que sean violentos para mi es lo de menos. Mis hijos no son más agresivos debido a los juegos. Considero que mis hijos no son agresivos, punto. La preocupación, repito, para mi, es que ellos no deben entender la vida como una serie de pequeños premios obtenidos con pequeños esfuerzos porque, afortunadamente, no es así como funciona.

Mario-Bos-1_1780147iAquí viene otra situación a la que me he enfrentado desde que mis hijos asisten a la escuela. La de los otros niños que ya tienen el aparato. Mis hijos en todos los casos han sido los últimos en obtener la consola o el video juego de moda. Me he resistido lo más que he podido. Cuando ya todos o casi todos los otros niños del salón de clases ya tienen la porquería esa, me siento arrinconada y cedo.

Mis hijos solamente tienen una consola, cuando sé perfectamente que varios niños tienen dos o tres (por ejemplo, tienen Xbox y Playstation) y solamente es una para ambos, no una para cada quien.

Con todo y todo, me cae mal el haber cedido, batallo muchisimo con el tema, me la paso midiendo el tiempo que juegan la madre esa, al primer pretexto se los prohibo, juegan solamente con determinadas condiciones cumplidas, y todo eso no logra evitar que ambos estén completamente esclavizados por los malditos videojuegos.

Creo que mientras más sean mis enemigos, más los estoy haciendo ganar la batalla.

Mi hijo Pablo está lleno de puntos

El primer día de clase fue lunes 31 de agosto, y para el miércoles 2 de septiembre a las 9 de la mañana recibí la primera llamada del colegio. “¿Ya tan pronto?”, pensé.

-¿Bueno?

-¿Sra. Cervera? Le hablo del Colegio Peninsular

-Si, ¿qué pasa? -como el águila de Banca Serfín, hice la pregunta, muy preocupada.

-¡¡¡Su hijo Pablo está lleno de puntos!!!!

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El papá fue por Pablo y me llamó para informarme. “En efecto, está lleno de puntos. ¿Qué hacemos?” “No hacemos nada” le dije. “Vamos a vigilarlo a ver cómo evoluciona”. Lo llevaron a la casa a que se aburra todo el día y toda la tarde.

Al día siguiente, Pablo todavía con algunos puntos, se fue a la escuela. Estaba desesperado por ir. De ninguna manera quería pasar otro largo día, solo y aburrido, en la casa. Me esperaba a que las maestras me hablaran para devolvérmelo, sin embargo, no fue así. A la salida de la escuela, me llama mi marido y me dice que todavía, persisten, se mantienen, los dichosos puntos.

Pablo pidió hablar conmigo. “¡Mamá!, me dice, “los puntos no se me quitan!! No me quiero quedar así para toda la vida!!” Reconocí en mi hijo la vena dramática de su abuela (la del otro lado) No hijo,le dije, no te vas a quedar así toda la vida.

Un compañero de trabajo me escuchó dialogando con mi hijo y me dijo algo que me alarmó muchísimo: ¿No será el chimichurri? (el chimichurri es un mosquito que provoca fiebres intensas y dolores en los huesos, y que ha estado picando por todas partes, ocasionando muchas bajas por enfermedad)

Sentí que el alma se me cayó al suelo. Chispas, ¿y si es el mosquito?. Pablo ha estado activo, no ha perdido el apetito, no ha tenido fiebre, ha dormido bien, no tiene otros síntomas más que los puntos. Sin embargo, ¿y si es el maldito mosquito?

En un par de horas ya estábamos con la dermatóloga.  “Su hijo tiene alergia. Puede ser al huevo, al chocolate, nueces, camarón o fresas”.

Si Dios lo permite, Pablo pasará una larga y feliz vida, pero… sin comer chocolate.

Animales con sus bebés

En esta página hay 45 fotos de diversos animales con sus bebés. Como se dice actualmente: “awwww”

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¿dónde estarán Andrés y Pablo?

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¡Ven a bañarte!

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No te pareces en nada a mi, hijo

Ojo con nuestros hijos: la baja autoestima se aprende (y se enseña).

La baja autoestima se aprende –esto es, la información inexacta que eres de alguna manera insuficiente,  no tienes importancia, tus sentimientos son equivocados, o no mereces respeto.  

Es posible que no te hayan dicho estas cosas directamente, sino que las deduces a partir del comportamiento y las actitudes de amigos y familiares. A menudo estas ideas se transmiten por generaciones. Cambiarlos no es fácil; ya que es complicado ver a los demás, y mucho menos a uno mismo, a través de una lente diferente de la que fabriqué durante  mi crecimiento.

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El neurólogo del siglo 19 Jean-Martin Charcot, el padre de la hipnosis, escribió que si hubiera un conflicto entre la voluntad y el inconsciente, el inconsciente siempre prevalecería. Esto explica lo que impulsa su comportamiento y por qué a menudo se puede dejar de llevar a cabo sus mejores intenciones y actuar sobre lo que sabes que es correcto.

La gente tiene muchos miedos y ansiedades. Por ejemplo, muchos piensan que cometer un error es inaceptable y vergonzoso. Se vuelven ansiosos por correr riesgos, intentar algo nuevo, o expresar su opinión, porque tienen miedo al fracaso o el ridículo. La mayoría no se dan cuenta de que inconscientemente creen que son difíciles de amar, desagradables, defectuosos. Incluso si son conscientes de estas falsas creencias, están convencidos de su verdad. Como resultado, sienten ansiedad por revelar quiénes son, y sienten la necesidad de complacer, controlar o impresionar a los demás con el fin de que los amen y no los rechacen.

La falsa creencia acerca de “ser indignos de…” o “incapaces de…”  socava la autoestima y la seguridad y tiene graves consecuencias en la vida. Falta la confianza en uno mismo, vive en la inseguridad, y continuamente duda de sí mismo. Muchas personas no se sienten dignos de estar en una posición de autoridad o de tener éxito, o incluso de conseguir o vivir la felicidad. Los que están convencidos de que son malos pueden terminar en relaciones con personas que son emocionalmente o físicamente abusivos, lo que refuerza y empeora su baja autoestima. En un nivel consciente, pueden estar indignados y piensan que se merecen algo mejor, pero aún así persisten en su conducta y tratar de conseguir a toda costa que el abusador los apruebe. Algunos se quedan porque creen que el abusador  los “ama” ellos, lo que les ayuda a superar su creencia de que son incapaces de ser amados o de que nadie más lo hará.

calvin and self esteem

Cuando el crecimiento se acompaña con el mensaje de que tú no debes sentirte de cierta manera,  lo crees. Algunos ejemplos son cuando se le dice a los niños que no se emocionen demasiado, que “se tranquilicen”, los castigan cuando se enojan o cuando se ignora su angustia o tristeza. Algunos padres dicen a sus hijos: “deja de llorar o te voy a dar un motivo para que llores de verdad” Como adulto, nos volvemos estrictos con nuestros propios sentimientos y los descalificamos. Incluso nos avergonzamos de ellos.  En algunos casos comienza el comportamiento “pasivo – agresivo”, los síntomas de depresión o incluso enfermedades sicosomáticas, todo como resultado del coraje reprimido por años.

Con una baja autoestima también puedes llegar a creer que no tienes derechos o que tus necesidades no importan, sobre todo las necesidades emocionales. Puedes poner las necesidades de los demás por delante de las tuyas propias, y no atreverte a decir “no” porque tienes miedo de criticar a otros o que te abandonen, lo que refuerza la creencia escondida en ser inadecuados e indignos de amor.

El cambio comienza con la conciencia. ¡Tú puedes ser consciente de tus creencias! ¿cómo? prestando atención a la forma en que hablas a ti mismo:

  • Anota todas las cosas negativas que te dices a tí mismo. Esa vocecita interior que te dice que no puedes o no debes o que eso es malo o incorrecto. Es la voz que controla tus estados de ánimo y tus acciones.
  • Tenga en cuenta la diferencia entre sus intenciones y acciones. Mi intención es tal, debe corresponder una acción igual o similar.
  • Escribe un diario sobre esta discrepancia y sus interacciones con los demás.
  • Analizar las creencias  o causas que motivan tu conducta.

Lo más importante es creer que se puede cambiar.

Tomado de: Low Self Esteem is Learned. Para leer el original, click aquí.

40 consejos para que nuestros hijos sean adultos felices

  1. Enseñarles a respetar a los otros, mostrándoles como nos respetamos a nosotros mismos
  2. Tiene el mismo valor ser amable y bien educado que ser exitoso o sacar buenas calificaciones
  3. Leerles todas las noches y disfrutarlo
  4. Explicarles como las otras personas se sienten con sus acciones = empatía
  5. Enseñarles a ser amables consigo mismos, por ejemplo, diciendo cosas amables de ellos mismos
  6. Es más importante ser bueno que ganar la discusión
  7. Enseñarles la diferencia entre hacer el trabajo y hacerlo bien
  8. Dejarlos hacer lo que pueden hacer ellos solos
  9. Darles opciones a que se entretengan sin que cueste dinero
  10. Dejar que expresen sus opiniones y en caso de corrección que sea benévola
  11. Gritarles y hacer comentarios sarcásticos es tan malo como ser físicamente violenta con ellos
  12. Mientras hagan lo que se les pide, no importa que se quejen …
  13. Nunca hacerlos sentir como que no son bienvenidos o que molestan
  14. Motivar su curiosidad y apoyarlos en sus gustos, aunque sean diferentes de los nuestros
  15. Enseñarles el valor del dinero, a ahorrar y a invertir
  16. Interesarme en sus actividades y en lo que hacen y en lo que les gusta
  17. Ayudarlos a entender que pueden lograr lo que quieran, siempre y cuando estén dispuestos a pagar el precio
  18. Enseñarles a ser agradecidos
  19. Mi labor es enseñarles a ser buenos y amables seres humanos
  20. Está bien sentirse enojado o triste, pero no está bien descargarse en otros
  21. Mostrarles formas de tranquilizarse cuando se alteran… platicando con un amigo, darse un baño…
  22. Gritando parecemos locos y nuestros hijos entienden que no pueden confiar en nosotros en situaciones estresantes.
  23. Enseñarles a ser leales
  24. Aunque es importante que duerman sus horas completas, no pasa nada si de repente se quedan despiertos hasta tarde.
  25. Ponerles límites.
  26. Nunca nunca dejar pasar un día sin decirles que los queremos mucho
  27. Enseñarles la práctica de una religión y de tradiciones locales.
  28. Entender que nosotros somos sus ídolos así que no queda más que portarnos como quisiéramos que se porten ellos
  29. Enseñarles la diferencia entre querer y necesitar
  30. Escucharlos como nos gusta que nos escuchen. Es decir, realmente, poniendo atención
  31. Comer juntos si se puede por lo menos una vez al día
  32. Nunca permitir que le echen la culpa a otros de lo que ellos hacen
  33. Ayudarlos con sus tareas de buen modo
  34. Ayudarlos a explicar el motivo por el cual están molestos o tristes o enojados. Conocer sus propias emociones es muy importante para la vida.
  35. Asegurarnos de que realicen alguna actividad física o deporte
  36. La regla es: por cada vez que los corregimos, cuatro veces los motivamos o elogiamos
  37. Viajar con ellos aunque sea cerca aunque sea poco tiempo
  38. Enseñarles el lugar donde trabajamos y explicarles que hacemos
  39. Darles algo para que cuiden: una mascota, una planta
  40. No tratar de resolver en ellos nuestras propias carencias cuando niños

Y uno más:

41. Interesarnos más en ellos que en nuestros amigos o en nosotros mismos

happy kids

La vida sin hijos por elección

La Revista “Time” ha publicado un reportaje acerca de la vida sin hijos. Dice la portada: “When having it all means not having children”

childfree life

Yo amo a mis hijos, pero al mismo tiempo, no saben ustedes cuántas veces en mi vida , en momentos de cansancio, desesperación, me pregunté, “¿Esto es? ¿De esto se trata? ¿Esto es tener hijos?”

Otras veces, mi pensamiento es más del estilo del asesinato: “¡los quiero matar! ¡ya me tienen harta!” Y en muchas otras ocasiones, cuento las horas que faltan para que se vayan: De hoy, agosto 18 del 2013, hasta el día que se vayan a la universidad, faltan 2540 días”

A todos nos pasa. No solamente a mi. Todos sabemos lo cansado que es, lo agotador estresante fuerte difícil angustioso que es cuidar y criar hijos.  Y también para todos está clarísimo que a pesar de esto, cuando los vemos, nos asombra lo perfectos que son y lo bonitos que están y lo simpáticos que resultaron, amén de que vistos pieza por pieza (su boquita, sus orejitas, sus piecesitos, etc.) nos parece aún más impresionante el sublime trabajo, la excelsa manifestación de la naturaleza en todos y cada uno de nuestros adorados polluelos.

Yo respeto mucho a todos los que decidieron no tener hijos. Conozco a dos o tres parejas que así lo acordaron y me parecen adorables, buenas personas y muy alegres. Por otra parte yo sé que yo, Lucía, sería la peor persona del mundo si Dios no me hubiera mandado hijos. ¿egoísta? claro que sí. ¿inmadura? por supuesto ¿ansiosa, neurótica, aprensiva, explosiva? me canso. Todas esas cosas y más sería yo sin la oportunidad que Dios me da todos los días de tener a mis hijos que son los primeros a quienes amé sin esperar nada a cambio. ¡Los primeros! El tiempo anterior que había vivido, solamente pensaba en Lucía, quería a Lucía y me preocupaba por Lucía. ¡Todavía lo hago! con la diferencia de que ahora, Gracias a Dios, puedo salirme un poquito de mi Lucíismo para perseguir niños, regañarlos, darles su cena, y todo el tiempo pensar en lo bonito que me salieron los condenados.

No creo que la mayoría de los humanos, tengamos la madurez para tomar una decisión tan profunda, como la de no tener hijos. Y menos, como dice la revista Time, si lo que buscan al  no tenerlos, es “having it all”. ¿Cuántas más ipods te vas a comprar, por Dios? ¿Cuántos más viajes vas a dar? ¿Cuántos coches, ropa, relojes, joyas, te puedes comprar antes de que te des cuenta de que no va por ahí?

En fin… lo que tiene que mover a este mundo es el amor, no la economía. He dicho.

 

Abrir la nevera y encontrar un ipod

Si hay algo por lo que estoy muy sumamente agradecida, es que cada vez que mis hijos llegan y me dicen “tengo hambre mamá” puedo abrir la nevera y prepararles algo para comer
Vivo en un país y en un mundo en el que muchísimas mamás cuando sus hijos les dicen “tengo hambre mamá” sucede que no tienen nada para darles:
Ayer mi hijo de 10 años se puso muy triste; con llanto y lágrimas y toda la cosa; porque no le compramos a él y su hermano un ipod.
Entraron a la tienda de Apple en Altabrisa y un muchacho joven con ganas de ganar su comisión les dijo a ellos dos y mi marido que con $450.00 mensuales durante un año podrían tener su ipod cada uno.
“No tengo esa cantidad de dinero” le dije a mi hijo: $450 x 2 es igual a $900 pesos mensuales durante doce meses: no los tengo. No es que sï los tenga y los voy a usar para otra cosa; es simplemente que no los tengo.
Mi hijo se puso bien triste y eso me hace pensar que no estoy haciendo bien mi labor como mamá ya que no le expresado de forma clara el mensaje siguiente: “cada vez que tienes hambre, tengo para darte algo de comer”
“Fulanito si tiene ipod” me dice; con su lógica impecable de niños de diez años
Fulanito es un amiguito de su salón de clase que tiene montones de dinero: de verdad consideré mucho antes de dejarlo ir a su casa cuando lo invitaron porque sabia que se iba a deslumbrar con la mansión; los varios elementos de servicio que incluyen choferes, cocineras y personas de seguridad, las toneladas de juguetes que disfruta, etc.
Sin embargo la mama de Fulanito es muy dulce; la conozco desde hace muchos años y además, mi razonamiento fue el de la burbuja. (no lo puedo meter en una burbuja; tiene que enfrentar su realidad)
Ha visitado varias veces su casa. Mi hijo me dice “el papá de fulanito trabaja también muchas horas como (mi) papá; y también trabaja los sábados como papá. ¿porque Fulanito puede comprarse tantas cosas y yo no?”
Lógica marxista la de mi hijo; el tiempo de trabajo necesario es igual al tiempo de trabajo deseable.
Le dije; hijo lo que tenemos que hacer es ponernos felices de que Fulanito tenga tanta cosa y que nosotros también tengamos lo nuestro: sobre todo comida caliente tres veces al día y un techo; medicinas cuando te sientes mal, educación…
PERO: no me he expresado bien. Porque ahí estaba el niño muy triste por su pinche ipod: Steve Jobs se debe estar quemando en las llamas del infierno porque logró convencer a mucha gente que lo mas innecesario, mientras mas caro mejor:
El mensaje que le tengo que dar es: cuando me vuelvas a decir que tienes hambre; ¡cómete tu ipod!

If Children…

If children live with tolerance, they learn patience.
If children live with praise, they learn appreciation.
If children live with acceptance, they learn to love.
If children live with approval, they learn to like themselves.
If children live with recognition, they learn it is good to have a goal.
If children live with sharing, they learn generosity.
If children live with honesty, they learn truthfulness.
If children live with fairness, they learn justice.
If children live with kindness and consideration, they learn respect.
If children live with security, they learn to have faith in themselves and in those about them.
If children live with friendliness, they learn the world is a nice place in which to live.

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Mis hijos y la importancia de las matemáticas

Mis hijos no pueden jugar nada relacionado con pantalla de lunes a viernes. No juegos de video, y para garantizar que se cumpla esta regla, su papá se lleva los cables a su oficina y santo remedio.

Llega el fin de semana y ambos niños están desesperados por jugar sus video juegos, que son bien adictivos. Para su mala suerte, es justo cuando yo no tengo trabajo y puedo estar bien pendiente de lo que hacen.

Por lo que hoy por la mañana, al llegar mi hijo Andrés y me dice: “Mamá, me rentas un juego de video en Blockbuster” Le dije: “Ok, pero tienen que meterse a la piscina cada cierto tiempo. Vamos a ver… 45 minutos de video juegos y 30 minutos de piscina. Luego otra vez, y otra vez” Al mismo tiempo los dos niños contestaron “¡Nooooo!”

“Síiiii”, les dije, “¡o no los llevo a ningún lado!” “¡Bueno!”, dice mi hijo Pablo, “Pero que sean 30 minutos y 30 minutos!!!!”

“¡Está bien!”respondí, y me quedé callada. Treinta segundos después, Andrés le dice a Pablo “¡30 es menos que 45!”

¿Ya ven? Para eso sirven las matemáticas.Image

Qué significa para mi ser mamá

1. Significa que es posible pensar siete días, 24 horas en algo o en este caso, alguien. A veces están en la parte trasera de mi mente, a veces al frente, pero siempre están ahí.

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2. Significa que llevo desde octubre del 2001, fecha del nacimiento del primer hijo, preocupándome de bacterias, agua purificada, nutrimentos, telas de algodón, materiales didácticos, cosas que anteriormente me importaban un pepino.

3. Significa que desde la misma fecha me la he pasado recogiendo cosas del suelo.
4. Significa que honestamente y de corazón pienso que los niños más bellos y hermosos del mundo viven aquí en mi casa.

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5. Significa que más me vale creer en Dios, y en ser humilde ante su Voluntad, que ya me entregó a mi cuidado a los dos niños más lindos y simpáticos del mundo.

El ocho de mayo de 2003 nació mi hijo Pablo Heisinger. Se adelantó un poquito porque saqué alguito de sangre y la ginecóloga prefirió que no esperámos. Su fecha programada era el día 20. Solo fueron unos días.
Después de la césarea me llevaron a mi cuarto y me dieron a mi bebé para que lo conozca. Negro. Negro, negro. “Dios mio, aunque sea negrito, lo voy a querer muchísimo”. Luego pensé: “quién de la familia de mi marido será negro…?” Pablo se tardó 10 segundos en hechizarme. Mismo embrujo que continúa hasta hoy.

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A mother’s prayer

Oh Lord
I need your help today.
I want to care
for those you’ve sent into my life,
to help them develop the special gifts
you’ve given them.

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But I also want to free them
to follow their own paths
and to bring their loving wisdom
to the world.

Help me
to embrace them without clutching,
to support them without suffocating,
to correct them without crushing.

And help me
to live joyfully and playfully, myself,
so they can see your life in me
and find their way to you.
Amen.