Archivo de la etiqueta: Hijos

La lista

“Mamá” me dice mi hijo Pablo. “¡Tengo una fiesta de quince años!”

-Way hijo -le dije- ¿cuándo te vaya a buscar ya vas a tener 30? Te vamos a extrañar…

Una vez hechas las debidas aclaraciones, acerca de que la fiesta era el cumpleaños número 15 de su amiga, me dijo que necesitaba traje, es decir saco y corbata. “A ver la invitación” le dije. “No hay” me dijo. “Bueno,  a ver el intransmisible” (palabra 100% yucateca que nadie más entiende en todo México) “No tengo” me dice.

-A la niña de  la fiesta se le acabaron los intransmisibles y me dijo que estoy en “la lista” que con decir mi nombre puedo pasar.

Mi mente voló a los años 80 y 90. La primera vez que fui a una “disco” (no se les llamaba “antros” se les llamaba “disco” “discoteque” o decíamos que íbamos “a bailar”) era una que se llamaba Zac Nah que estaba por el cine Colón. A esa solamente fui una sola vez. A las que sí fui bastante más veces fue a “Tequila Rock” “Bimbombao” y “Kalia” en la puerta de las cuales había un ser humano de apellido Ferraez y una cadena.

pablo de traje

La gente se paraba afuera para esperar que los dejaran pasar. No había en Mérida esa costumbre de otros lugares como México o Cancún que decían el número de personas. “Somos dos” o “Somos cuatro” eso aquí no pasaba.

Me imaginé a mi hijo Pablo, de 15 años de edad, con su traje, su saco y su corbata, esperando en la puerta de la fiesta, que alguien abriera la cadena y lo dejara pasar. Esperando… 10 minutos, 15 minutos… viendo como los demás, con sus intransmisibles, entraban nomás llegaban.

-Noooooooo -le dije a Pablo– nada de “la lista” si no tienes intransmisible no puedes ir.

Al día siguiente Pablo me pidió que le hable a la mamá de la niña cumpleañera. La señora muy amable me garantizó que Pablo entraría sin problemas y que cualquier cosa pida que la llamen. Que se le habían acabado los instransmisibles pero que no habría ningún problema.

El doctor Solís, su pediatra, hace varios años me ofreció una medicina para que no crecieran más. Para que se quedaran así, chiquitos, nenés. Lo hubiera aceptado.

La tribuna

En los programas de 12 pasos, como el que yo practico, existe una herramienta que se llama la “tribuna”. Es un mueble “podium” detrás del cual te paras y tienes 15 minutos para hacer catársis. Es una maravilla poder echar para afuera todo eso que te está comiendo por dentro. Las personas que te escuchan, no pueden o no deben decirte nada. No deben darte consejos ni ofrecerte ayuda. Si necesitas ayuda, más personal, para eso existe la figura del “padrino” a quien uno se acerca en privado y le pide que lo ayude.

Con frecuencia yo hablo de mis hijos en la tribuna. Y toda vez que es un instrumento de catársis, pues ni modo, he de admitir que hablo de mis hijos en tanto cuanto me generan dolores de cabeza. Ese es el chiste, compartir de viva voz las preocupaciones – los corajes –  los dolores – las penas – los nervios y la ansiedad.

Así lo hice hace algunos días y al bajarme de la tribuna, acto seguido hizo uso de ella una compañera joven, guapa y muy inteligente, para decir que ella no quería tener hijos nunca en su vida never ever in her life. Y la verdad me sentí muy mal. Me imaginé que ella, por escucharme, había decidido librarse o privarse de una de las más maravillosas bendiciones de Dios, y para mi, la más maravillosa de las bendiciones, que es, tener hijos.

Me hago la nota mental de compartir en la próxima tribuna…

  • La emoción que me dio el martes por la noche de ver a Pablo tocando su guitarra en el coro de la escuela
  • La tranquilidad que sentí cuando Andrés me hizo una descripción detallada de las fechas importantes de su escuela: día de ingreso, día de pago, pendientes, etc.
  • Lo fantástico que es cuando ambos se acercan y nada más porque sí, me dan un besito y un abracito
  • La felicidad que siento cuando se ríen de mis chistes, que me esfuerzo mucho en que sean muy chistosos, solamente para ver que se ríen de mis chistes
  • Lo orgullosa que me siento cada vez que los veo entrar por la puerta, o yo entro por la puerta y los veo. En 17 años, qué serían, ¿unas 50 mil veces?
  • Lo emocionante que es cuando les compro algo, que sé que les va a gustar, y sé que voy a disfrutar, yo más que ellos, ver la expectativa y el agradecimiento en sus caras
  • Lo agradecida que estoy con Dios de su salud, su personalidad, sus pensamientos, sus inclinaciones, sus parecidos, sus pequeñas ambiciones.

No tiene nada de facil. Solamente tiene todo de espectacular. Tener hijos es lo mejor del mundo.

Mamá que trabaja

En mi lugar de trabajo, Fundación Bepensa, la estructura es como sigue: hasta arriba el Presidente del Consejo, luego el Consejo, luego el Gerente y luego dos jefes de proyectos, uno de los cuales soy yo. Hace algunos días, regresando de Tizimín, el Gerente le dijo al Presidente: “Fernando, ¿cuándo quieres que nos reunamos para revisar pendientes?” Fernando le contesta, medio serio medio en broma, “¡Cuándo Lucía quiera! ¡qué decida Lucía!”

Todavía medio sin entender, le dije “Fernando, a tus órdenes” Su respuesta fue: “las últimas dos juntas te saliste a la mitad. Así que tú eres la más ocupada. Así que ¡tu pon la fecha!”

Roja como un tomate, o como el logo de Coca Cola, tuve que reconocer la absoluta verdad del comentario. La junta anterior tuve que salir antes de tiempo porque era la obra de Teatro de mi hijo Andrés. Y la junta anterior a ésta, igual me tuve que retirar antes de que termine por que era el festival de fin de curso, también de mi hijo Andrés.

Roja como el logo de Coca Cola, y muy muy apenada, le dije bajito:  “…es que junio es un mes muy complicado…”

Cuando se es una mamá de trabaja, yo no puedo hablar por las demás mamás, pero puedo hablar por mi. Yo como mamá que trabaja me queda muy claro que mi prioridad es ser mamá. Mis jefes lo saben y también mis patrones y creo que se lo he dicho a toda la empresa. Primero mis hijos. Fin de la discusión.

Eso no quiere decir que yo soy la mejor mamá del mundo, lejos de eso, ni que me vayan a dar un premio por mis extraordinarias dotes como madre y esposa, para nada. Solamente quiere decir que en la vida hay prioridades y para mi me queda claro cuales son las mías. Tampoco quiere decir que yo dejo tirado el trabajo, que no cumplo mis objetivos, que no repongo el tiempo de trabajo que me conceden para ver cosas de mis hijos;  y que lo hecho todo, de la mejor manera posible, haciendo mi mejor esfuerzo.

Image result for work mom

Soy una mamá que trabaja feliz porque me encanta lo que hago, y en Bepensa nunca de los nuncas me han negado un permiso para atender situaciones que tienen que ver con mis hijos. Mi esposo también está muy pendiente y ahí la vamos llevando. Y mis hijos han tenido que aprender que hay cosas que no se pueden hacer porque su mamá trabaja.

Quedamos en que la próxima vez que nos veríamos sería el tres de julio y … no voy a poder ir por un trámite de mi hijo Andrés que a fuerza tienen que ir ambos papás. Parece chiste. Muerta de la verguenza le pedí muchas disculpas a Fernando, y él, de lo más amable y comprensivo, supo entender.

Así es esto, en la vida hay prioridades.

Pablo y el in vitro

Pablo mi hijo de 14 años me acompañó al súper. De regreso platicábamos acerca su maestra de matemáticas, quien vive ahí cerca. Se llama Paty. Le pregunté si ya se había casado. Pablo me dijo que no, que es soltera, pero que es joven aún. “¿joven?… (le dije)… ¿cómo cuántos años tendrá? Pablo opina que tendrá como 30. “Pues ya no está tan joven… (le dije) … ya debería estar pensando en casarse. Sobre todo si quiere formar una familia. Es muy riesgoso tener el primer hijo después de los 35 años”

probeta-graduada-cristal-500-mlPablo me dijo: “Pero… y Fulanita? Fulanita tenía 40 cuando nació Little Fulanita (su hija)” Pues sí, es cierto. En primera, fue un milagro, en segunda, Fulanita siempre ha tenido un estilo de vida muy saludable, come sano, hace ejercicio, y en tercera, Little Fulanita fue fertilización in vitro. A lo  mejor eso tiene algo qué ver con el hecho de que haya nacido  muy sana aunque su mamá era cuarentona.

¿QUEÉEEEEEE? ¿Little Fulanita es QUEEEEEEE?????

La fertilización in vitro (FIV) es un proceso de fertilización en el que un huevo se combina con esperma fuera del cuerpo, in vitro (“en vidrio”). El proceso involucra monitorear y estimular el proceso ovulatorio de una mujer, remover un óvulo u óvulo (huevo o huevos) de los ovarios de la mujer y dejar que los espermatozoides los fertilicen en un líquido en un laboratorio. El óvulo fecundado (cigoto) se somete al cultivo de embriones durante 2-6 días, y luego se transfiere al mismo u otro útero de la mujer, con la intención de establecer un embarazo exitoso. (Tomado de Wikipedia)

Pablo estaba muy impresionado. Una cosa es que lo oigas por ahí, el término “in vitro”, en la escuela como parte de las asignaturas de ciencias naturales o biología o educación sexual. Y otra muy diferente conocer y tratar con una persona que vino a este mundo mediante esta técnica de reproducción asistida.

Dije “Creo que Little Fulanita no sabe que ella vino al mundo mediante el in vitro. Mejor no se lo digas” “No mamá, claro que no. No se lo voy a decir”.

Nos quedamos callados unos minutos. Como una ola en el mar que ves que va a venir pero esperas que no venga pero sabes que ahí viene ahí viene ahí viene … Después de unos minutos de silencio, Pablo me dice: “Y yo, mamá? ¿Cómo llegué yo al mundo?”

“Pablo, hijo, tu papá y yo usamos los métodos tradicionales. Una noche del mes de septiembre, escribimos una carta a París, Francia. Nueve meses después llegó una cigüeña, que te dejó en el jardín de nuestra casa. Los primeros meses hablabas francés únicamente, poco a poco aprendiste el castellano”

cigue

Pablo y yo nos reímos de buena gana. Qué lindos momentos vivimos con los hijos, sobre todo cuando ya olvidaron el francés y pueden hablar correcto español.

Mamás con doble certificado de primaria

Creo que han sido decenas de mamás las que me han comentado que ellas “ayudan” (así, entre comillas) a hacer la tarea a su hijo/a de primaria. Esa “ayuda”, entre comillas, va desde recordarle al niño que tiene que hacer su tarea, hasta de plano, resolverle la tarea por completo, pasando por apoyos tales como tomarle la lección, sentarse junto a él/ella en la mesa de la cocina para ver que la haga, pedir que manden fotos de la agenda o cuaderno de tareas a las otras mamás, investigar en Google o en dónde se pueda acerca del tema, etc etc etc etc.

Yo tengo 46 años, por lo tanto, pertenezco a la generación “X” que nacimos entre 1900 no sé cuantos a 1900 no se qué. A todos los de la X generation que sean tan amables de leer estas líneas; que levante la mano el  que su mamá haya realizado cualquiera de las labores o acciones arriba mencionadas, por lo menos UNA VEZ.

Mi mamá, QEPD, nunca nunca nunca nunca ni una vez nunca jamás, never ever ever ever not once not a single time se preocupó, se inquietó, le dio curiosidad, tuvo la duda, se interesó, jamás jamás jamás, por mi tarea, mis trabajos, mis parciales, mis sumas mis restas ni mis multiplicaciones. Tampoco las divisiones. Ni mis sujetos o predicados. En fin, la idea está clara.

Nos trasladamos al actual año de 2016. Que levante su mano la mamá/papá, cuyo hijo: recibe asesoría o regularización, clases particulares, acude a algún tipo de terapia de aprendizaje, de lenguaje, de coordinación, o de plano toma medicamentos psiquiátricos; que alce la mano el que su hijo o hija necesita del apoyo de la misma mamá o papá o tutor, tío, tía abuelo, abuela, para realizar la tarea.

Resultado de imagen para homeworkNo entiendo, no me da la cabeza, tal vez la que necesita tutoría soy yo. No entiendo, qué caso sirve cursar una primaria o secundaria, cuyas calificaciones pertenecen a otra persona, al adulto que haya apoyado al niño.

Si el niño no puede solo, y si son el 80% de los niños los que no pueden solos, tal vez, tal vez, sea necesario que la escuela considere, replantearse, qué le está pidiendo a sus alumnos. Me pregunto. ¿Será que no lo sepan? ¿Será que estas escuelas que marcan mucha tarea no saben que quien se está ganando su certificado de primaria y secundaria por segunda vez, es la mamá?

Tendremos una generación de mamás con doctorado en Cristobal Colón y niños sin la capacidad de hacerse responsables de sus propias obligaciones ni conocimientos para lo que viene después.

So, be it…

Maternidad

motherhoodEs muy lindo tener hijos. Es muy cansado, y estresante, y costosísimo. Todo eso no importa porque el valor de tenerlos -desde mi punto de vista- sobre pasa por mucho el valor de no tenerlos.

En nuestra cultura “posmoderna” hay personas que han decidido no tener hijos. Está bien, no me conciernen sus decisiones ni tienen que pedirme permiso. Siento que me dan pena porque se están perdiendo de una experiencia que es como un “roller coaster” de emociones y momentos padrísimos que no termina nunca mientras Dios conceda vida. Es la mejor escuela para aprender a dar amor. Y sabemos que dando amor es como se siente amor.

Amor a los hijos es sentirse completos solamente porque existan, desear que ellos estén bien aunque tú no estés bien, desear que sean felices aunque no te quieran (por eso los educamos), dar y dar y dar sin esperar nada a cambio. Como Dios nos ama a nosotros. Sin esperar nada a cambio.

Ser mamá quiere decir:

Que cuantas veces pones la mirada encima de tus hijos, te vuelves a maravillar de lo sensacionales fabulosos extraordinarios y maravillosos que son. Todas y cada una de las veces que los miras. Cientos de miles de veces.

Que cada vez que los miras o escuchas hablar o los ves mientras duermes, te preguntas a ti misma: ¿yo fui capaz de hacer esto tan lindo y precioso? No creo. Entonces entiendes una vez más, que venimos de Dios. Porque no hay una mamá que está segura de que no es lo suficientemente genial para crear algo tan genial como sus hijos.

He leído varias veces las justificaciones de las personas que no tienen hijos voluntariamente … “sí tengo hijos ya no podré viajar, ir al cine, ponerme borracheras, tener coche / casa / ropa / relojes de lujo, disfrutar mi libro con tranquilidad…” ¡pobres! no saben lo que se pierden. Efectivamente toda esa libertad se pierde un poco o se pierde toda, pero lo que se gana… es un premio mucho mucho mucho mucho mejor.motherhood (1)

El premio consiste en ser una especie de puente entre tus experiencias y Dios y tus hijos. La mayor parte de las veces no sabes lo que haces. Lo intentas, pidiéndole a Dios no regarla mucho. Un día a la vez, ahí va saliendo. Más o menos. Mientras tengan la capacidad de amar, ya con eso, con que tengan fe, ya con eso, los hijos son el premio mayor.

I hate videogames

Yo amo los video juegos. Cuando llegaron a mi vida, yo tenía unos 14 años y una amiga era la afortunada poseedora de un Atari. Se podían jugar Pac Man y ese de las navecitas espaciales que se iba matando hasta que alcanzaban una velocidad tal que lo mataban invariablemente a uno.

El contro remoto era negro y solamente tenía una palanca y un botón rojo. That was it.

Luego, a los 18 años, a mi sobrino le compraron el primer Nintendo con el primero juego de Mario Bros. Que estaban todos pixeleados y caminaban de lado. Brincaban para pegarle con la cabeza a unos cuadros con signos de interrogación de los que salían unas moneditas.

La gratificación instantánea era precisamente eso; gratificación instantánea. Durante meses no salí ni a la esquina con tal de ir a casa de mi hermana a jugar el dichoso juego hasta que ¡por fin! una noche, la cual recuerdo perfectamente a pesar de que han pasado casi 30 años, rescaté a la famosa princesa para que se casara con Mario.goomba

Dicen que Dios los cría y ellos se juntan y de acuerdo a esa lógica, mi marido también era bastante aficionado a los video juegos cuando lo conocí. De hecho una de las primeras cosas que compramos ya sabiendo que nos ibamos a casar fue un Nintendo 64 y muchos fines de semana en lugar de salir a socializar como la gente normal, a disfrutar una exposición o un restaurante, nos queamos encerrados jugando Mortal Kombat o Mario 64.

¿Qué podemos esperar de nuestros hijos? El olmo no da peras y mis hijos son auténticos devotos de los video juegos. Que se han convertido, ahora sí, en mis peores enemigos. (los videojuegos, no mis hijos).

Los videjuegos representan una industria de billones de dólares y mucho de ese dinero se destina en hacer de ellos un elemento adictivo ya que la adicción significa más ganancia. La gratificación instantánea es la clave de todo esto. Cada vez que mi hijo gana puntos o logra una meta o un objetivo del video juego, su cerebrito hace “click” y su única ambición en esta vida es conseguir más de esa sensación de victoria. El hecho de que sean violentos para mi es lo de menos. Mis hijos no son más agresivos debido a los juegos. Considero que mis hijos no son agresivos, punto. La preocupación, repito, para mi, es que ellos no deben entender la vida como una serie de pequeños premios obtenidos con pequeños esfuerzos porque, afortunadamente, no es así como funciona.

Mario-Bos-1_1780147iAquí viene otra situación a la que me he enfrentado desde que mis hijos asisten a la escuela. La de los otros niños que ya tienen el aparato. Mis hijos en todos los casos han sido los últimos en obtener la consola o el video juego de moda. Me he resistido lo más que he podido. Cuando ya todos o casi todos los otros niños del salón de clases ya tienen la porquería esa, me siento arrinconada y cedo.

Mis hijos solamente tienen una consola, cuando sé perfectamente que varios niños tienen dos o tres (por ejemplo, tienen Xbox y Playstation) y solamente es una para ambos, no una para cada quien.

Con todo y todo, me cae mal el haber cedido, batallo muchisimo con el tema, me la paso midiendo el tiempo que juegan la madre esa, al primer pretexto se los prohibo, juegan solamente con determinadas condiciones cumplidas, y todo eso no logra evitar que ambos estén completamente esclavizados por los malditos videojuegos.

Creo que mientras más sean mis enemigos, más los estoy haciendo ganar la batalla.