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Thank you México

Me doy cuenta que he sido mal agradecida con México. Claro que he gritado como loca cuando juega la selección, he sentido mucha tristeza aquel partido contra Bulgaria, considero que la gimnasta Alexa Moreno es maravillosa, también estoy positivamente segura de que no fue penal, etc, etc. No va por ahí la cosa…
Desde niña siempre escuché como ambos mis papás hablaban maravillas de EUA, lugar donde ambos habían vivido muchos años. Eran los años 70, años en que un grupo de políticos de un partido que se llama PRI hicieron porquería y media con este país. Entiendo que antes de 1970 en el país había estabilidad, habían pobres pero  no tanto y podía una familia vivir más o menos tranquilamente con el sueldo de uno.
Cuando yo era niña todas las mamás de todas nosotras no trabajaban y eramos familias numerosas, en mi casa éramos cuatro hermanos, en otras casas hasta cinco o seis hijos, cuando menos tres hijos. Eran rarísimo encontrarte a alguien que era hijo único o que solamente tenía un hermano.
Sin embargo, las crisis llegaban cada seis años, el dolar subía de precio y la preocupación económica se sentía en el ambiente aunque uno no pudiera hacer nada al respecto. Si tienes 7, 10, 12 años, no puedes hacer nada al respecto.
Además, aquí en Yucatán, había un convencimiento una convicción de que nosotros en realidad no pertenecíamos a México. No somos mexicanos, somos yucatecos. Where are you from? I’m from Yucatán. En los años ochentas habían un chorro de bardas pintadas por todos lados que decían “Fuera Huaches” y luego en los años 90s TODOS los vehículos tenían banderitas de Yucatán y decían 100% yucatecos.
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En mi infancia las voces adultas que yo escuchaba (quienes ya murieron todos ellos) de que había aquí más calidad humana que el resto del país, ¡como nos vamos a comparar con el resto del país, qué mas quisieran ellos!, nosotros, descendemos de los mayas, tuvimos nuestras haciendas, éramos prósperos y ricos, pinche Cárdenas pinche huach que nos quitó las haciendas, mira a los ejidatarios muriéndose de hambre, eramos más felices con Don Porfirio….
En la escuela donde yo estudié NO se hacían honores a la bandera. Ahora se hacen todos los lunes en la misma escuela que es donde van mis hijos. Estudiábamos historia de México muy generalizada: que si Hidalgo nos idependizó de los españoles. Que si Juárez hizo las leyes de reforma y nos liberó de los Habsburgo. Que si Porfirio Díaz era un dictador y Madero lo sacó de la presidencia. Esto creaba confusiones en mi cabeza porque en los libros decía eso y en las casas nos decían que “nada bueno se ha hecho en Mérida desde don Porfirio. Don Porfirio hizo las vías de ferrocarril, el Centenario, el Hospital Psiquiátrico, etc etc y desde eso nada bueno se ha hecho en Mérida y menos en Yucatán” “Juárez era un indio que se creía mucho y él mismo odiaba a los indios” “Hidalgo era un cura que tenía hijos” ¡Dios mio! no se puede ser cura y tener hijos, pensaba mi cabecita a los 8 o 10 años de edad.
Pero lo peor eran las crisis económicas, las de Echeverría, López Portillo y De la Madrid. -Vivimos asfixiados de 1970 a 1988, sentimos un poco de aire hasta que llegó Salinas, un “buen presidente” decían aquellas voces, las mismas voces.
Veo como otras personas de otros países aman a su país, se sienten parte de una identidad nacional y yo, pues no tanto, ya que soy yucateca y el lugar donde nací y donde vivo tiene playa, tiene mar, tiene cenotes, tiene ruinas mayas, tiene una ciudad preciosa que es Mérida, es una ciudad segura, sin contaminación etc etc etc
Yo viví en la ciudad de México 5 años y ahí si pude percibir el amor por el país, la veneración hacia la bandera, la emoción de ser mexicanos, pero lo percibía como cosa de “ellos” como cuando vas al cine a ver una película, eso es algo que sienten ellos no nosotros los yucatecos, no yo, Lucía.
México es un país que nos ha dado tanto, mi pasaporte dice México, la bandera es preciosa es la más bonita del mundo. Tenemos abundancia de recursos vivimos bien y tranquilos, tenemos la posibilidad de seguir generando aspiraciones y metas y objetivos y eso lo estamos logrando aquí en México.
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La gente en México es buena. ¿Cuánta gente he conocido en 47 años que llevo de vida? digamos ¿un par de miles? puedo afirmar que el 95 por ciento de esos dos mil mexicanos que he conocido son gente buena. La poca gente muy negativa que he conocido uno es de Argentina (sorry no se valen las generalizaciones) y los otros no son malos, están confundidos son ignorantes o tiene hambre y los han engañado tantas veces que de “buenos días” ya son agresivos.
Así que, viva México, viva mi país, vivan los héroes que nos dieron patria, viva México, país abundante país lleno de amor y  recursos y gente buena.

Dios no quiere que me vaya de Mérida

Mérida es el mejor lugar para vivir del mundo, según dicen los entendidos y yo también lo digo. Es un lugar bonito, seguro y relativamente libre de contaminación. El calor de 40 grados solamente está en  nuestras mentes, no está en la realidad. Así que, Mérida es perfecto.

Cuando yo era niña en los años 70, en México había un presidente decididamente de izquierda. Se llamaba (se llama, el hombre tiene 95 años y no se ha muerto) Luis Echeverría Alvarez.  Tal vez por el ejemplo de la Cuba castrista y otros países, lo cierto es que LEA era decididamente de izquierda. Lo primero que hizo nomás llegar a la presidencia fue nacionalizar el azúcar. Su discurso era populista al extremo. Su esposa se vestía de china poblana a la menor provocación.

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La cosa es que en mi casa, mi papá, #pájaro, estaba seguro de México se convertiría en otra Cuba más pronto que tarde. Así que procedió a tramitar mi pasaporte y  mi visa para que pudiéramos irnos sin problemas a vivir a los Estados Unidos de América, ya que en este México comunista no nos íbamos a quedar.

Hasta aquí todo muy bien, solamente qué, quiso el destino que mis tres hermanos y  mis dos papás tuvieran residencia en ese país vecino del norte. Ignoro el nombre correcto: “green card” “social security number” lo que sea, ellos podían entrar y salir libremente de Estados Unidos, quedarse el tiempo que quisieran… y yo no.

Fluida y Eléctrica, my sisters, me lo recordaban cada 5 minutos: “nosotros nos vamos a ir a Estados Unidos…  ¡y tú te vas a quedar aquí! ¡Sola!!” Recuerdo claramente a mi misma imaginándome en la casa sola para mi. Esto fue en 1975 ó 76, así que yo tendría 5 ó 6 años. La idea de vivir yo sola en mi casa de Itzimná no me parecía tan mala idea. Desde entonces hasta ahora, valoro significativamente mi soledad.

Total, que nunca hubo revolución comunista, no nos fuimos a ningún lado, Fluida y Eléctrica se casaron y lo más lejos que llegaron fue a sus respectivas casas, una en la misma colonia Itzimná y la otra en Villas la Hacienda.

Pasan los años, y voy y me caso con un chileno. Su país de donde es él se llama “República de Chile”. Es un país con muy poca corrupción, con alto nivel educativo, pujante economía y por si fuera poco, muy bello. Así que, de repente hemos acariciado la idea de pasar algunos años por allá, en la República de Chile.

Mi esposo tiene “residencia” aquí en México, se llama FM algo, no recuerdo si FM2 ó FM3. Puede hacer prácticamente de todo menos ser mesero ni trabajar en un restaurante. ¿porqué será? ¿será porque los meseros pueden pasar oscuros secretos de estado a los parroquianos? Ni idea.

Total, que cada cierto tiempo mi esposo tiene que ir a Cancún a renovar su residencia. En Cancún hay un consulado de la República de Chile y la señora que realiza el trámite es muy amable y al parecer ha hecho buenas migas con Ricardo.

Uno de esos viajes, Ricardo le dice: “tengo dos hijos, ellos, ¿podrían ser chilenos?” “¡Claro! ¡Sin problema!” le dice la señora del consulado. “Traígame sus actas de nacimiento y en cuanto cumplan sus 18 años de edad, el trámite es casi automático. Por ser hijos de chileno, son chilenos también” Mi marido encantando ante la facilidad del asunto. ¡”Qué bien!”, le dice, “¿y mi esposa?” “NO — responde la cónsul– su esposa NO”.

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“¿QUÉEE? ¿porqué no? ¡¡hace más de diez años que nos casamos!!” La sra del consulado fue enfática: “No es tan sencillo tratándose del cónyuge. Tiene que vivir dos años en la República de Chile, presentar un examen y si lo aprueba, se evalúa su caso”

Así qué, esto ha sido mi vida… rodeada de gente que puede vivir en otro país, sin poder yo vivir en ese otro país. Por eso digo: Dios no quiere que me vaya de Mérida.