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Don Porfirio

Hemos crecido adorando a Don Porfirio. Fue un presidente que, para empezar, era muy elegante y era “fina persona”. Educado, culto, con personalidad y porte. No era un “naco” ni “prieto”.
Estas cosas parece que las escribo de broma, sin embargo, no solamente en los abuelitos, aún en las generaciones más jóvenes, continúa este afán por sentirse que somos mejores que otros.
Tanta medalla es ridícula.
Don Porfis hizo las siguientes cosas:
a) abrió el mercado mexicano a empresas extranjeras. Lo cual tiene su parte buena, porque crea empleo y fomenta el crecimiento de la economía mexicana; pero también tiene su parte mala, porque los extranjeros trataban a los mexicanos como basura, carne de trabajo, tratamiento cero por ciento digno.
Well, kind of…
b) permitió que se utilizara el trabajo de miles de mestizos e indigenas prácticamente como esclavos. Es decir: como esclavos. Sorprendentemente, a la gente le gusta estar así. Esto que estoy diciendo es incendiario y posiblemente provocará incendios, pero hay que reconocer que a la mayoría de la gente de todo el mundo no le gusta ser responsable de su vida, no quiere crecer, ni madurar. Quiere que alguien (llámese gobierno o jefe o dueño o patrón) se haga cargo de su vida, igual que cuando eran chicos y mamá o papá resolvían todo.
Por lo tanto, en la época de Don Porfirio, y al remover la brutalidad en el trato porque tampoco es para tanto; los indígenas y mestizos de escasos recursos pedían a gritos que alguien se encargara de ellos para que ellos pudieran cumplir con sus horas de trabajo -tampoco es la idea de que sean tantas, con diez horas suficiente- y seguidamente irse a su casa a hacer lo que quisieran con su tiempo. Algunas bodas, bautizos, misa dominical con el regaño del cura; y listo, que pasen los años hasta morir.
¡Pórtense bien!
c) no permitió un libre ejercicio de la democracia y eso -solamente eso- le costó la presidencia -que no la vida. En México era sumamente apreciado para matarlo. Había gente educada en México que decía: porqué siempre él? yo también quiero mi parte! Habían, hay formas, de ceder un pedazo de pastel… México listo para la democracía… sin ceder el pastel completo.
No todo… solamente un pedazo
Somos un país complicado, lleno de rencores en el incosciente colectivo, pero sobre todo, flojo e inmaduro. No sabemos o no queremos creer que si trabajamos de forma organizada buscando el bien común, no el personal y familiar (todo el mundo quuiere a su mamá y a sus hijos) lograremos tener incluso más tiempo libre y más paz y un mejor nivel de vida, que como estamos ahora.
Madurar, siempre madurar.