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El salón de belleza

Por alguna razón yo soy muy canosa desde muy joven.

Para mi primer embarazo tuve dos doctores. El primer doctor que me atendió durante los primeros meses era un doctor español, muy tradicional, muy a la antigua. Me dijo que durante los nueve meses no podría pintarme el pelo. Eso fue hace más de 17 años y fue la última vez que vi mi pelo como es realmente, sin tinte. Está completamente blanco, sobre todo las capas exteriores que son las que importan porque las interiores nadie puede verlas.

Nada envejece más que el pelo blanco, dijo Kate Winslet alguna vez, antes de que se hunda el barco. Yo le doy la razón, para seguir la moda del pelo platinado o blanco más te vale que tengas 25 años o de lo contrario te estás echando encima unos cuantos kilos de vejez. (o litros, si quieres que la vejez sea líquida en vez de sólida)

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Desde muy joven me pinto el pelo para cubrir las canas, digamos desde que tengo 24, 25 años. Una vez saqué la cuenta de todo el tiempo que he estado en el salón de belleza, si cada sesión es de dos a tres horas, durante más de 30 años continuos (excepto los nueve meses de mi primer embarazo) más o menos he estado metida en algún salón de belleza durante todo un año. Así que este 21 de octubre del 2018 podemos decir que cumplí un año menos de  mi edad cronológica; ya que 12 meses enteros no los viví, solamente estuve en el salón belleza sentada frente a un espejo con una persona aplicándome color en la cabeza.

Se recomienda tener el pelo lo más sucio posible, porque de lo contrario arde muchísimo la aplicación en el cuero cabelludo. Con una brochita te ponen el tinte número 4.3 en la raíz del cabello; se deja reposar unos 45 minutos; se extiende al resto del pelo; se lava; y finalmente, se seca con secadora.

Estando allá, aprovecha uno para hacerse manicure, pedicure, tal vez un corte, depilarse las cejas y el bigote, en fin. El negocio del salón de belleza puede ser un negociazo porque nadie aguanta la tentación de “aprovechar que estoy aquí”. Luego el mismo que te aplica el tinte te ofrece productos para evitar la caída del cabello, para que no se decolore o para que quede hermoso, brilloso y sedoso.

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Mi cana es sumamente plateada y muy dura; no es fácil que se cubra. Además, el pelo me crece rapidísimo. Resultado: ya estaba visitando el salón cada 14 días, 17 días. A punto de empobrecer por culpa de mis canas, el caballero que se encarga de mi pelo, me dijo: “vamos hacer una extracción de color y después aplicamos un siete”. Dicho y hecho me decoloró el pelo, de tal forma que quedé como un pollito de esos de granja; después aplicó un siete. Mi pelo se ve como castaño claro rubio cenizo dorado yaba-daba-do.

Estuve seis horas en el salón, y qué bueno que valió la pena porque pasaron 23 días para que yo regresara a que me aplicaran tinte en las canas.

Son gajes del oficio, de tener más de 25 años.

El terror al que te corta el pelo

hair-cutLe tengo terror a la persona que me corta el pelo, quien es propietario del salón donde me ponen el tinte. Es una lástima, porque trabaja bien, sin embargo, es tanto mi miedo, que como dijo Pedro Infante: no volveré.

Hace muchísimos pero muchísimos años que me pinto el pelo para cubrirme las canas. Comencé a tener canas muy joven, antes de los veinte años. Necesito cubrírmelas una vez cada tres semanas cuanto más tarde, ya que el cabello me crece rapidísimo.

Había encontrado un salón que me agrada mucho. Su propietario se llama F y el salón está en Circuito Colonias. Cumple con mis condiciones, las cuales son: puedo llegar sin cita y me atienden. No es muy caro. Eso es todo lo que pido. No soy exigente.

He asistido al salón de F por lo menos dos o tres años. Tiene un detalle, que solamente acepta efectivo. Por falta de liquidez, hace cosa de un mes me vi “obligada” a ir a otro salón, que acepta tarjeta, y está en la colonia México. Es un salón mucho más caro, en el cual nunca hay nadie, y en cambio hay muchísimas personas esperando a que llegue alguien para atenderlo.

cortecorteLa señorita que me atendió me trató como reina y aprovechó para hablar pestes del salón de F. Que si usan tintes baratos, que si mi pelo está de veinte colores distintos -todos dentro de la familia del café cucaracha- que si no saben aplicar el tinte, que si el manicure está mal hecho, en fin. Le habrán zumbado los oídos al pobre de F y sus empleadas.

Amén de eso, en este salón me sentí muy contenta y volví una segunda vez. Es más caro, definitivamente, por eso es un salón más grande con más personas y mejor servicio.

Pero… llegó el momento en el que extrañé a F, y ese día fue hoy. Quería ir al salón a un asuntito rápido, y no quería pagar las cantidades del salón más caro. Pero. Moría de miedo de ir con F. Saben, una nunca debe traicionar al que le corta el pelo. Suelen ser vengativos y rencorosos. Una traición, no la olvidan tan fácil.

tijerasPensé en mentir. El se iba a dar cuenta de que alguien más me había pintado el pelo. Toda una puñalada por la espalda. Pensé “voy a mentir, voy a decir que en Cancún me pintaron el pelo” Pero no pude. No me gusta mentir y soy malísima, de tal forma que se nota muchísimo.

No me arriesgué. Me fui a otro, tercer salón, al cual acostumbraba ir pero dejé de hacerlo porque siempre estaban ocupadas y si llegaba sin avisar, no me atendían. Las mandé a la goma y encontré a F. Y ahora, no podía volver con F. Le tengo miedo. Lo traicioné y eso se paga caro…