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Pablo Saturday Night

Mi hijo Pablo tiene 15 años. Me dice ayer sábado. “Mamá ¿puedo ir a la fiesta del amigo de un amigo?” Se me electrizó la piel. No puedo dar razones claras y profundas, solamente que eso que vaya a casa del amigo del amigo, no me hizo mucha gracia. “OK” le dije “puedes ir, pero, si tomas una gota de alcohol o fumas, te quedas encerrado en tu casa los próximos seis meses. Y prohibido comer halls, mentas, certz ni nada similar”

Me pasó la ubicación de la casa del amigo del amigo y estaba en una colonia, que no voy a decir cuál, pero que no es precisamente muy segura, desde mi punto de vista. “Pablo, ¿ya viste donde vive este muchacho?” “¡¡Ay mamá a ti solo te interesa que sean personas de dinero!!” “Hijo, muchas gracias por considerarme una wannabe, pero no es eso, sino que hay colonias más seguras que otras y esta no es muy segura que digamos”

Total que llevé al niño a su fiesta. Lo dejé y me fui a una fiesta sorpresa en casa de una amiga, esta sí, en una colonia fifí. Apenas acababa de saludar a las señoras que estaban en la reunión, también fifís, me llama mi hijo Pablo.

  • -¿Qué paso? -le dije
  • -Mamá, acaban de traer alcohol y cigarros, me quiero ir, vente a buscarme.
  • -Voy para allá.

En ese instante comencé a despedirme de las señoras, quienes me dijeron varios insultotes, (nada fífís) por irme tan pronto; en eso me habla de nuevo mi hijo. “Mamá, vino el papá de Patricio a buscarlo y nos dice que si nos deja en City Center un rato”. La verdad no me gusta que vaya al City Center, del que me han contado muchas historias del terror, pero ciertamente estaba buenísimo el chisme y también me daba pena que su sábado se haya arruinado, además que me había dado una buena prueba de madurez, así que lo dejé ir.

Un par de horas después lo fui a buscar a City Center… estaban él y su amigo sentados en una banca; me pareció un bebé, tan lindo, tan inocente, ay no sé, me dio mucha ternura.

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Al subirse al coche me contó. Cuando los papás del niño salieron a comprar las pizzas, unos muchachos “grandes” llevaron unas botellas de alcohol, las cuales solamente dejaron y se fueron. El amigo del amigo escondió las botellas. Otro de los muchachitos fue a comprar cigarros. Cuando vio que pasaba eso, fue que me habló mi hijo, para que lo vaya a buscar.

Lo felicité por su madurez. Me dijo Pablo;  “¡mamá, tú y papá son demasiado sobreprotectores!”. No sé porqué, pero lo tomé como un halago, un cumplido que me gustó mucho.

Ojo con nuestros hijos: la baja autoestima se aprende (y se enseña).

La baja autoestima se aprende –esto es, la información inexacta que eres de alguna manera insuficiente,  no tienes importancia, tus sentimientos son equivocados, o no mereces respeto.  

Es posible que no te hayan dicho estas cosas directamente, sino que las deduces a partir del comportamiento y las actitudes de amigos y familiares. A menudo estas ideas se transmiten por generaciones. Cambiarlos no es fácil; ya que es complicado ver a los demás, y mucho menos a uno mismo, a través de una lente diferente de la que fabriqué durante  mi crecimiento.

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El neurólogo del siglo 19 Jean-Martin Charcot, el padre de la hipnosis, escribió que si hubiera un conflicto entre la voluntad y el inconsciente, el inconsciente siempre prevalecería. Esto explica lo que impulsa su comportamiento y por qué a menudo se puede dejar de llevar a cabo sus mejores intenciones y actuar sobre lo que sabes que es correcto.

La gente tiene muchos miedos y ansiedades. Por ejemplo, muchos piensan que cometer un error es inaceptable y vergonzoso. Se vuelven ansiosos por correr riesgos, intentar algo nuevo, o expresar su opinión, porque tienen miedo al fracaso o el ridículo. La mayoría no se dan cuenta de que inconscientemente creen que son difíciles de amar, desagradables, defectuosos. Incluso si son conscientes de estas falsas creencias, están convencidos de su verdad. Como resultado, sienten ansiedad por revelar quiénes son, y sienten la necesidad de complacer, controlar o impresionar a los demás con el fin de que los amen y no los rechacen.

La falsa creencia acerca de “ser indignos de…” o “incapaces de…”  socava la autoestima y la seguridad y tiene graves consecuencias en la vida. Falta la confianza en uno mismo, vive en la inseguridad, y continuamente duda de sí mismo. Muchas personas no se sienten dignos de estar en una posición de autoridad o de tener éxito, o incluso de conseguir o vivir la felicidad. Los que están convencidos de que son malos pueden terminar en relaciones con personas que son emocionalmente o físicamente abusivos, lo que refuerza y empeora su baja autoestima. En un nivel consciente, pueden estar indignados y piensan que se merecen algo mejor, pero aún así persisten en su conducta y tratar de conseguir a toda costa que el abusador los apruebe. Algunos se quedan porque creen que el abusador  los “ama” ellos, lo que les ayuda a superar su creencia de que son incapaces de ser amados o de que nadie más lo hará.

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Cuando el crecimiento se acompaña con el mensaje de que tú no debes sentirte de cierta manera,  lo crees. Algunos ejemplos son cuando se le dice a los niños que no se emocionen demasiado, que “se tranquilicen”, los castigan cuando se enojan o cuando se ignora su angustia o tristeza. Algunos padres dicen a sus hijos: “deja de llorar o te voy a dar un motivo para que llores de verdad” Como adulto, nos volvemos estrictos con nuestros propios sentimientos y los descalificamos. Incluso nos avergonzamos de ellos.  En algunos casos comienza el comportamiento “pasivo – agresivo”, los síntomas de depresión o incluso enfermedades sicosomáticas, todo como resultado del coraje reprimido por años.

Con una baja autoestima también puedes llegar a creer que no tienes derechos o que tus necesidades no importan, sobre todo las necesidades emocionales. Puedes poner las necesidades de los demás por delante de las tuyas propias, y no atreverte a decir “no” porque tienes miedo de criticar a otros o que te abandonen, lo que refuerza la creencia escondida en ser inadecuados e indignos de amor.

El cambio comienza con la conciencia. ¡Tú puedes ser consciente de tus creencias! ¿cómo? prestando atención a la forma en que hablas a ti mismo:

  • Anota todas las cosas negativas que te dices a tí mismo. Esa vocecita interior que te dice que no puedes o no debes o que eso es malo o incorrecto. Es la voz que controla tus estados de ánimo y tus acciones.
  • Tenga en cuenta la diferencia entre sus intenciones y acciones. Mi intención es tal, debe corresponder una acción igual o similar.
  • Escribe un diario sobre esta discrepancia y sus interacciones con los demás.
  • Analizar las creencias  o causas que motivan tu conducta.

Lo más importante es creer que se puede cambiar.

Tomado de: Low Self Esteem is Learned. Para leer el original, click aquí.

Saber hacer las cosas te da seguridad

Saber hacer lo que haces te da seguridad. Por ejemplo. Tienes un examen. Estudias bien. Llegas a la prueba con la seguridad de que sabes lo que tienes que saber. Contestas las preguntas con facilidad. Sacas buena calificación. Eso te motiva para repetir la misma conducta. La cereza del pastel, es que los demás te admiran, secreta o públicamente, por lo que has logrado.
Otro ejemplo. Un deporte. Al principio no sabes muy bien cómo hacerlo. Qué movimientos, qué tácticas. Perserveras en tu entrenamiento. Vas aprendiendo, vas haciéndolo mejor. El círculo virtuoso se repite una y otra vez. Logras triunfos. La gente te aplaude, ganas dinero.
El chiste de las carreras universitarias es aprender las herramientas, contar con los conocimientos, poder practicar lo suficiente para que tengas la seguridad en ti mismo y en lo que sabes necesaria y suficiente, en este caso ambos, para ser razonablemente exitoso en lo que haces. El conocimiento te da seguridad.
Viene el conflicto en mi vida. La labor más importante que tengo que hacer, realmente la razón por la que estoy en este mundo, no sé como se hace. Y ese desconocimiento me provoca inmensa seguridad y hasta un poco de rechazo.
Esto de lo que hablo, es la maternidad. Mis hijos están cerca en edad. No tengo un hijo mayor con el que puedo practicar y adquirir conocimiento, para aplicarlo con los más chicos. Mis dos hijos crecen juntos y viven las mismas experiencias al mismo tiempo. Mi desconocimiento del tema no termina nunca, porque las nuevas experiencias se van dando y yo, simplemente, no sé qué hacer.
Libros he leído, conferencias he escuchado, consejos me han dado y no me ha servido de mucho. La realidad se presenta de formas diferentes y novedosas.
La inseguridad con la que desarrollo mi labor maternal, me está acabando los nervios. Está bien, es el precio que me toca pagar para sacar adelante a mis hijos. No me quejo. De verdad que no, Le echo muchísimas ganas. Hago todo lo posible. Creo que está funcionando. Veo a mis hijos sanos, contentos, jugando y llendo a la escuela. Uno está un poquito pasado de peso, pero es solucionable, nada de vida o muerte.
Eso no quita que cada paso que doy, lo hago con una profunda inseguridad. Preguntándome veinte veces si estoy bien o si la estoy regando.
in god we trust
Ponerlo en manos de Dios, esa es la única respuesta. Ya que yo no tengo las respuestas. Dios dirá. Hasta los billetes lo dicen: "In God we Trust"